Hot girls wanted: papá, quiero ser actriz porno

Por Scott Burton

Bien es sabido que la ambición tanto puede volar como arrastrarse
-Edmund Burke Churchill

No podía imaginarse Paris Hilton allá por 2003 que la filtración de su sex tape junto a Rick Salomon en aquel hotel acabaría cambiando tantas cosas en el futuro. Tampoco creemos que Kim Kardashian pensara lo mismo cuando acabó en la red su completo vídeo junto al cantante de R&B de segunda fila y hermano de Brandy Ray-J, o sí. Las filtraciones de vídeos íntimos junto a sus parejas en el momento -bien siendo supuestamente involuntarias, aunque la de Paris fue justo el día antes del estreno de su reality- dieron a estas dos celebridades fama mundial. Lejos de arruinar el caché que tenían por lucir un bolso de tal marca o hacerse una foto en las redes sociales usando maquillaje de alguna firma el precio que exigían por ello acabó multiplicándose por veinte. Viendo el efecto económico que surtía en sus protagonistas no tardaron en intentar repetir la jugada actores como Dustin Diamond (el olvidado Screech de Salvados por la campana), Katie Price alias Jordan junto a Dane Bowers y un largo etcétera. Pero quizás el caso más sonado por curioso es el de Montana Fishburne, hija de Laurence Fishburne. Ya saben, actor de larguísimo reccorido que ha aparecido en Apocalipse Now, El color púrpura, Matrix o Mystic River. La hija de Fishburne grabó una película pornográfica en toda su extensión (nada de sextape o metraje filtrado) buscando la fama para acabar encontrándose con 13.000 fans en twitter y hacer un par de portadas de revistas de tercera. Para que se hagan una idea, sólo los seguidores de Kim Kardashian (ahora Kim Kardashian West) en esa red social ascienden a 34 millones y los de Paris Hilton a casi 14. Mejor no comparamos con el resto de redes sociales porque la diferencia puede ser abrumadora.

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Sumado al impacto social de los vídeos íntimos en muchos de los casos tenemos el de el fácil acceso a la tecnología y de la expansión de internet en el primero y segundo mundo. Hoy con un móvil puedes hacer más que con una cámara y equipo de hace unos años. Todo esto ha significado una proliferación, aceptación y expansión del mundo del porno y sus protagonistas. A día de hoy estamos a un click de millones y millones de vídeos pornográficos que antes había que alquilar, grabar o esperar a la madrugada para ver, lo cual multiplica también a las actrices y actores que participan en ellas y que si bien son más (y su fama mayor) también hace que el éxito de muchos y muchas de ellas sea efímero y temporal, caso de la moda del porno amateur teen o adolescente. El acceso a dinero fácil y popularidad de algunos de los cosas parece ser un fuerte imán para adolescentes de toda América que se niegan a tener una vida de horas y horas sirviendo café y donuts por el sueldo mínimo.

En Hot girls wanted los directores Jill Bauer y Ronna Gradus nos acercan a varias jóvenes que comienzan su andadura en el mundo de la pornografía de estas características. Las chicas acceden a ese mundo voluntariamente y se instalan en la casa de uno de los reclutadores para comenzar con sesiones de fotos y otras actividades soft mientras ven como sus followers en las redes sociales empiezan a subir como la espuma. Las jóvenes -en su mayoría adolescentes de pueblo deseando salir de casa- comienzan a disfrutar de algún tipo de fama que se basa básicamente en tener seguidores en sus perfiles en twitter o instagram y salir de fiesta. Hablan una y otra vez de los liberadas que se sienten y de que por fin tienen libertad económica pero no parece que en el fondo y sobre todo en el futuro cercano todo vaya a ser así. Las jóvenes se relajan hablando de fama y dinero pero nada que veamos a su alrededor (ni ropa ni estilo de vida) parece ser realmente de ese modo.

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Pronto asistimos a las primeras sesiones de grabación en las que no sólo se les exige que sean teens y que lo parezcan, sino mucho más aunque las chicas acceden bajo su voluntad. La moda en el negocio para este target parece ser una simulación de sexo oral a la fuerza (perdonen mi ignorancia) en la que en algunos casos se acaba vomitando y, para rizar el rizo, la chica tiene que pasar la lengua por dicha sustancia, o al menos simularlo ya que no queda claro. Por desgracia, luego descubrimos que el sueño de fama y dinero de las adolescentes americanas en el porno acaba en la mayoría de casos en una serie de vídeos amateurs para los que pronto ya no valen porque, según las propias reglas del juego, cuando una chica de estas características empieza a ser muy visible ya no tiene sentido como jóven supuestamente aficionada o teen. Al final, el 90% de las jóvenes acaban dejando la industria del porno amateur a los cuatro meses y sin apenas haber ganado mucho dinero -ya que tienen que correr con los gastos de viajes, hoteles, lencería y el mínimo atrezzo- y al ser una industria de segunda (no se trata de las productoras más fuertes) los pagos están lejos de ser apabullantes.

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Al final, Hot girsl wanted acaba siendo un documento terrorífico y eso que rehuye de muchas de las partes más duras. Se centra más en el placer de la efímera fama de las redes sociales y pasa de puntillas por las situaciones más crudas. A lo largo del filme asistimos a los problemas de una de las actrices con su pareja (impresionante la honestidad del novio de una de las chicas) y con su familia, a las lesiones en las partes íntimas de otra por haber practicado demasiado sexo en un espacio limitado de tiempo o al debate entre la eterna diferencia entre porno y prostitución. La mayoría de las chicas acaba con una carga emocional demasiado pesada y con una cuenta bancaria no muy alejada de cualquier otro trabajo y sólo unas pocas acaban viviendo de ello a largo plazo. Hot girls wanted es una metáfora terrorífica del sueño americano, de la fama y el dinero a cualquier precio y de una juventud que prefiere grabarse mientras tiene sexo con un desconocido que ser camarera durante los próximos 25 años. Como documental no es excesivamente valiente y sin embargo muestra una realidad más triste por lo que no enseña que por lo que nos pone delante de la cámara.

CIBASS Puntuación CIBASS Tres puntos y medio


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