Preparando la siguiente gran entrega de Marvel con la Civil War de Mark Millar

Por David Rodríguez, @davidjguru

Este artículo va sobre un cómic pero a la vez no va sobre un cómic: se trata de una guerra civil. Avisados quedáis.
Sería relativamente sencillo repasar Civil War como una historia y analizar bajo los parámetros elementales de un cómic al uso, es decir, tomar esta obra y despiezarla partiendo de sus dos dimensiones fundamentales. De un lado con todo lo concerniente a lo narrativo: la premisa establecida, la introducción, los retratos mostrados, el nudo principal, los desenlaces, la amenaza futura que se plantea en la fase final… y de otro lado todo lo relacionado con lo gráfico: el estilo y su contexto, las escenas, la cinética, las perspectivas, el trazo, el dibujo, el impacto visual, etc. Y así a priori podríamos decir que en casi todos los aspectos la obra obtendría una alta valoración: Es obvio que estamos ante un producto de bastante calidad (las cubiertas de Michael Turner, por ejemplo, son espectaculares) y por supuesto que colma nuestras expectativas (los marvelitas a veces nos conformamos con tan poco que ante ciertas propuestas solo podemos estar muy agradecidos).

CIBASS Civil War CoverPor eso tal vez valga la pena detenerse algo más y recrearnos verdaderamente en esta creación de Mark Millar al guión y Steve Mc Niven al dibujo: así a priori, estamos ante algo grande y complejo que esperamos que como próximo gran lanzamiento del universo cinemático de Marvel (mis disculpas a Ant-Man) tenga una correcta traslación al cine y al menos pueda mantener las bases y las intenciones de la obra original. Hasta ahora, nos sentimos relativamente satisfechos con los grandes lanzamientos de la Marvel en los cines, magníficos blockbusters de aventuras, acción, mallas y capas que por fin nos ponen en pantalla una serie de producciones de calidad técnica y visual. Pero ¿qué tratamiento le darán a Civil War? esta obra no es cualquier cosa. Esto es algo distinto. Veamos.

Desde prácticamente sus inicios y a partir de que alguien como Stan Lee dejase de ser el botones de la empresa y pasase a tener control sobre los procesos creativos, Marvel siempre se esforzó por intentar contentar a todo el mundo. A lo largo de décadas llenas de conflictos civiles, guerras y tensiones sociales, la directriz fundamental del posicionamiento de Marvel quedó clara: para no colisionar con nadie (intencionadamente), para intentar contentar a todos y llegar al máximo número posible de lectores la editorial debía, por decirlo de alguna manera “surfear” sobre las tensiones, es decir, sobrevolarlas sin entrar en ellas y sobretodo sin mostrar una posición explícita sobre ningún aspecto relevante que pudiese tener una situación determinada. Una vez superada la segunda guerra mundial y teniendo a los Nazis como hipérbole de la maldad absoluta e identificable y bajo una visión moralmente validada desde la política estadounidense, con el resto de temas que fuesen surgiendo a posteriori había que tener mucho más cuidado: Stan Lee siempre apostó por el equilibrismo, por estar a bien con Dios y con el Diablo, con no cabrear demasiado a nadie y en definitiva, por no asumir ninguna postura específica sobre un tema dado. Esta es cierta manera la esencia del “nichichanilimonaismo” Marveliano, la estúpida e ineficiente búsqueda “del centro” de las posiciones y la amoral implementación pretendidamente neutra de una realidad sociológica compleja que solo permitía un cierto reflejo leve y alegórico en el desarrollo de los personajes y las series de las casa de las ideas. ¿Qué las tensiones raciales aumentaban y el asunto de la segregación estaba a la orden del día? se podían crear personajes negros para satisfacer a ese tipo de público, pero tampoco entrar a plasmar el conflicto o hacer de ello un argumento para historia alguna. Los dibujantes que se atrevían pagaban ese tipo de presunciones con cómodos desplazamientos bien a series menores o bien directamente fuera de la editorial. una de las claves de la supervivencia de Marvel, no lo olvidemos, ha sido precisamente, no cabrear mucho a nadie con el suficiente poder ni a ningún colectivo con la suficiente influencia. Que las feministas hayan levantado quejas sobre el tratamiento de la mujer en sus historias es otro asunto.
Pero empecemos a interrelacionar cosas: ¿Qué hace Civil War en este contexto? pues prácticamente, y por simplificar, lo hace saltar por los aires: hace que directamente Marvel se moje plasmando en una historia toda una representación simbólica de una de las peores etapas de la historia de Estados Unidos y por su proyección global, del mundo. La guerra civil de Marvel rompe la neutralidad de décadas de la casa de las ideas mirando de soslayo a los sucesivos conflictos y de repente, hace que la editorial (o compañía, o brazo superheróico de esa Weyland-Yutani del entretenimiento que es la Disney, en fin, como la queramos definir) se detenga y ponga la lupa y hasta el microscopio dentro de los procesos sociales e históricos que definen a una época. En este caso no se surfea. Marvel abandona su tabla longboard de ejercicios básicos sobre las olas y de repente se lanza al agua con botellas preparada para una inmersión de profundidad, dispuesta para lanzar un relato específicamente figurativo sobre los protagonistas, las oposiciones, los valores y el deterioro de todo un país que se transforma a nivel colectivo a partir de un shock traumático para dejar paso a lo peor que hay en si mismo. Todo perfectamente orquestado por la inteligente visión de un Mark Millar brillante que lleva a la obra y a nosotros como lectores hasta sus últimas consecuencias y hasta nuestras últimas reflexiones.

Animado por el próximo lanzamiento de la película “Capitán América: Civil War” (queda casi un año, pero con Star Wars VII todo se reduce) acudo al tomo editado por Panini en tapa dura que recopila toda la miniserie ideada por Mark Millar y he aquí que al volver a abrirlo, repasarlo, anotarlo y pensarlo se vuelven a mostrar todas las referencias y metarreferencias presentes en la obra. Atentos que ahí va.

Antecedentes

La idea de realizar un exhaustivo registro de superhumanos no es nueva realmente. Prácticamente desde su creación, el universo Marvel siempre se ha visto en una contradicción constante entre las intenciones positivas de sus héroes y las tensiones desarrolladas como consecuencia de sus actividades: en muchísimos casos ni siquiera la población a la que intentan proteger es capaz de reconocer la valía y la intencionalidad de esos complejos personajes que bien dotados de superpoderes, alteraciones genéticas o de un buen armamento han jurado dedicar sus vidas a salvar a los inocentes de problemas de una cierta dimensión que solo ellos y ellas pueden contrarrestar. Salvando casos como el de Hulk que más bien en la mayoría de sus etapas funciona como una fuerza destructora desatada, el resto de héroes y bajo las decisiones de su propia conciencia, luchan a veces tanto por evitar el castigo legal como para defender la tierra, su país o su ciudad de origen.

Además, como suele ocurrir en la vida real, normalmente las mejores intenciones no tienen porque generar en la práctica los mejores efectos. Acciones grandes acarrean una y mil veces a lo largo de la historia del universo Marvel grandes problemas, destrucciones, caos e incluso víctimas inocentes (lo que en el lenguaje hegemónico estadounidense post-11S vino a llamarse “daños colaterales”). El caso es que la suspicacia y el recelo de los medios de comunicación y los poderes públicos del país siempre han vigilado atentamente la acción de estos superhumanos y según el caso, los han intentado acotar. De nuevo como en la vida real, un error puede tapar completamente toda una vida de servicio. De nada sirve que los cuatro fantásticos hayan defendido la Tierra en varias ocasiones: nada de eso se recordará cuando Ben Grimm provoque un altercado público. El pueblo tiende a olvidar y la mediología se encarga de inducir al olvido.

Dentro de ese campo de vigilancia y desconfianza mutua, ya se iniciaron otras campañas similares como este plan que da origen al desarrollo de la historia de Civil War. El Acta de registro de superhumanos no es la primera ocasión en que se intenta controlar y poner bajo liderazgo político a nuestros héroes: Henry Peter Gyrich aterrizó en los Vengadores precisamente hace más de treinta años para poner al grupo bajo control gubernamental, o el grave problema que vivió la población mutante de Marvel cuando se intentó implementar el Acta de Registro Mutante, que a pesar de terminar siendo anulada por inconstitucional, le dió al homo superior bastante quebraderos de cabeza. Hasta se admitieron grupos gubernamentales de mutantes como los X-Factor liderados por la agente Val Cooper (hermana del agente Cooper de Twin Peaks, por cierto) para experimentar la gestión gubernamental de grupos formados por post-humanos.

De aquel rechazo final a la ley surgió una posible solución: no discriminar por raza (el homo superior es otra raza, no otro grupo étnico) para evitar el recurso de inconstitucionalidad, ampliando el espectro de los posthumanos a registrar: toda la comunidad súperheroica. De aquellas polémicas y de los debates que siguieron se generó el marco en el que llegó la posible solución argumentada en Civil War. Algunos héroes acudieron a declarar frente a una comisión del Congreso de EEUU para explicar su postura. En aquel entonces (hace más de veinte años), el Capitán América expuso las bases de su posición: la libertad individual es la esencia del país y no debe restringirse. Se negó al registro. Pero Tony Stark matizó bastante todo aquello: de acuerdo en proteger las libertades individuales, pero consideró útil para la seguridad nacional la existencia de un cierto control sobre los superhéroes.
Hace más de veinte años de aquello. Y de aquellos polvos estos lodos.

CIBASS Marvel Civil War

Civil War vs. La historia reciente de EEUU

No puede comprenderse bien Civil War sin conocer la historia reciente del “país de la libertad”. Aunque el crossover de Marvel y la serialización de la obra por parte de Mark Millar tuvieron lugar durante los años 2006 y 2007, justo en la fase final del terrible y devastador ciclo de gobierno de George W. Bush, al inicio de la segunda mitad de su segundo y último mandato.

Un momento crítico dentro de un ciclo de gobierno todavía más crítico: en ese momento, Los Estados Unidos de América se encontraban librando dos guerras simultáneas en lejanos países como Afganistán e Irak, desarrollando su extraña teoría del “ataque preventivo” o “guerra preventiva” desde la cual el gobierno argumentaba su capacidad y disposición a realizar cualquier ataque en cualquier país del mundo si se tenían suficientes indicios de la organización de ataques terroristas o contrarios “a los intereses de Estados Unidos”.
Dentro de la abominable política exterior de la época de la administración Bush se incluyeron las renuncias explícitas al tratado de misiles balísticos (ABM) o al protocolo de Kioto.

Y todo tuvo como punto de arranque el ataque a las torres gemelas de Nueva York el once de septiembre. Sin entrar en orígenes, teorías e interpretaciones, lo cierto es que el evento hizo lanzar al gobierno conservador una serie de ideas, propuestas y medidas destinadas aparentemente a evitar que algo así pudiera repetirse, pero la puesta en práctica de esta nueva visión “política” del páis y del mundo trajo en la praxis una escalada de detenciones, alarmas sociales y un clima de inseguridad constante. La guerra contra el terror, como la definió el ínclito presidente Bush hijo, produjo mucho más terror a pie de calle: multiplicó por más de mil la lista de posibles objetivos terroristas (incluidos puestos de perritos calientes y ferias rurales – muy rurales-), creó un monstruo multiforme y omnipotente en forma de agencia nacional de seguridad preparada para grabar todo lo que decidiese.

“No estás loco si piensas que la lucha del Capitán América establece paralelos con los debates acerca de la guerra de Iraq, el acta patriótica, el programa de vigilancia doméstica de Bush y otros programas controvertidos en el mundo post 9/11 Ambos,Superman y el Capitán América representan patriotismo y de alguna manera la moralidad americana, la omnipotencia y la inocencia sin embargo, situado en el contexto de los asesinatos del movimiento de los derechos civiles, y la guerra de Vietnam, los héroes, conjuntamente con la nación, perdieron su inocencia en 1960.” (Robinson, 2007).

Ese es el contexto psicológico en el que se enmarca Civil War: el de una sociedad que tras recibir un shock terrorista grande (en la vida real un ataque terrorista, en el cómic una enorme explosión generada por un supervillano), y entendiendo el contexto como posibilidad abstracta, podemos asumir directamente que ese sistema semiótico en el que se enmarca Civil War como relato no es ni más ni menos que esa sociedad postindustrial de los EEUU del siglo XXI y justamente en el desarrollo de ese shock terrorista y sus posteriores efectos.
En EEUU el gobierno apostó por el registro y seguimiento de la población musulmana y en el cómic el gobierno apostó por el registro y seguimiento de la comunidad superhumana. Pero esta no es la única analogía modificada en la translación al guión de Millar.

CIBASS Sustituciones básicas en Civil War
La comunidad receptora de toda esa tensión política, militar y social en este caso es la comunidad de posthumanos, que se enfrenta a una situación muy compleja que la inserta dentro de la poco exacta dicotomía de Libertad individual vs. Seguridad en un marco bastante hostil marcado por el rechazo social y la presión de los medios de comunicación. Prácticamente deben elegir entre ser encarcelados y cazados como conejos o abandonar su estilo de vida para pasar a formar parte de las tropas del gobierno, convertirse en agentes federales y quedar bajo el mando y las órdenes de Shield. ¿Dónde está el problema? tal y como lo enuncia Steve Rogers en cierto pasaje de la obra “Los súperheroes tienen que estar por encima de eso, o Washington empezará a decirnos quienes son los supervillanos” profetizando sin quererlo que al final, él y su bando serán considerados así.

¿Qué pretendía Mark Millar? podríamos interpretar que mediante esa relación de contexto y cotexto establecida a lo largo de la obra querría alertarnos sobre el uso malintencionado y el consiguiente secuestro del lenguaje. Primero roban las palabras y luego roban sus significados: libertad, seguridad, héroe, villano, defensa, nacional, riesgo, víctimas…
Luego tal vez quisiese apelar a nuestra conexión conceptual al mundo en el que vivimos para lograr que establezcamos ciertas interconexiones: los mapas se ven más fáciles puestos sobre la mesa que explorándolos sobre el terreno y en última instancia, invitarnos a reflexionar en base al impacto emocional que supone ver enfrentados a héroes a los que tenemos en gran estima, una lucha encarnada por dos modelos contrapuestos: Iron Man y el Capitán América.

CIBASS Oposiciones elementales en Civil War

Capitán América vs. Iron Man

No creo que puedan encontrarse en el Universo Marvel personajes más opuestos ni símbolos más confrotados que los que representan estos dos modelos de héroes. Si pudiésemos disponer una sola línea temporal y ganas de hacer algo de historia contrafactual, tal vez pudiésemos imaginar que Tony Stark podría ser realmente el biznieto de Steve Rogers. El capitán América representa un estado primario de la cultura política estadounidense llena de buenas intenciones y valores casi puros dentro del marco de la agresión exterior (el capi es una invención de la segunda guerra mundial, no lo olvidemos), es decir, casi una llamada infantil a nuestro espíritu más depurado, una conexión con nuestro sentido de la justicia y de lo heróico. Por contra, Tony Stark es el fruto de unos EEUU ya avanzados y tecnológicamente infinitamente más capacitado. No hay en Tony Stark atisbo alguno de ideología, y como buen “desideologizado” (ningún burgués es neutro en realidad), defiende los intereses más clasistas desde una visión hegemónica y alta. Rogers mide en lo concreto, Stark calcula en lo abstracto. Para Stark la población es solo una masa social abstracta con la que no establece relación ni vínculo alguno desde su nacimiento y a lo largo de toda su adscripción social: Iron Man es un rico que vive en una alta torre de marfil alejado de los problemas de las clases trabajadoras que entiende el mundo como un solo ente. Como los grandes fundadores de religiones, habla en plural pero considera a la población como un único ser. Al contrario que Steve Rogers. Partíamos siempre con la sensación de que el capitán América era un icono patriotero estadounidense mientras no hemos sido capaces de ver que Iron Man es su versión más degenerada en cuanto a las conclusiones que han generado los avances técnicos y militares.

Supongo que su condicionamiento social ha desarrollado en ellos puntos de vista sobre lo social bastante diferentes e incluso opuestos: Rogers es un hijo de inmigrantes irlandeses que nació en el Bronx, vivió dos guerras mundiales, estaba presente también durante el crack del 29 y ha visto, oído y sufrido todas las calamidades comunes del pueblo estadounidense desde principios de siglo. Y se inscribe dentro de la filosofía del New Deal de Roosevelt a favor del apoyo a las clases más desfavorecidas. Steve de alguna manera, es keynesiano.

CIBASS Tony Stark vs Iron Man Civil War

Iron Man en cambio, representa todas las ventajas operaticas de los Estados Unidos industrializados desde sus inicios, donde al margen de que otros personajes se encargaran de los asuntos relacionados con la guerra fría internacional o bien con la lucha contra el enemigo interno, la amenaza comunista y otras vicisitudes, este siempre representó las relaciones del poder con la industria. No olvidemos que es el hijo de un Howard Hughes, un industrial millonario dedicado a crear nuevas formas de matar y defenderse matando. Tony son los EEUU postbélicos, con abundancia, riqueza y mucho, mucho Darwinismo social. La cara real del liberalismo económico y el capitalismo desenfrenado. Es un playboy, un rico que disfruta de su ocio desde su moral básica y sus pocos principios. Tony es el libre albedrío que le permite su fortuna ajeno a los problemas del ciudadano, y sin embargo tomará partido por la regularización de la comunidad posthumana. Cuando Stark tomó conciencia de los problemas del mundo, desde su nivel, eligió el control.

Mark Millar, cuando hablaba del enfrentamiento entre Stark y Rogers afirmaba que el choque es, entre otras cosas, un conflicto ideológico, de tendencias políticas opuestas que han generado en ellos diferentes visiones del mismo mundo que habitan. ¿Creeis que nos hemos pasado de frenada? veamos la opinión del propio Mark Millar:

“Se trata de un niño rico contra un niño de una familia obrera del Bronx, el sistema de clases americano (y el nuestro por los últimos veinte años, hasta cierto punto) está basado en las riquezas así que es ciertamente un enfrentamiento de clases”

(Entrevista conjunta a Millar y McNiven).

Así que el asunto adquiere una cierta profundidad consciente, lo que entre otras cosas sirve para atraer a la historia a los lectores más exigentes del cómic en general y de Marvel en particular, para disfrutar de un relato bastante representativo de algunos procesos existentes en el mundo que habitamos.

Y tú, si te ofrecieran esa terrible simplificación de “Derechos civiles vs. Seguridad y control¿qué elegirías? ¿en qué bando estás?

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos y medio
Lecturas y experiencias que recomiendo:


2 Responses to “Preparando la siguiente gran entrega de Marvel con la Civil War de Mark Millar”

  1. KillerDaddy says:

    Joer, pues el trailer parece otra movida diferente ¿eh?

  2. […] dos grandes bandos? La Guerra Civil superheroica (que ya analizamos en su momento aquí en CIBASS, ver artículo de @davidjguru)  llamaba la atención de propios y extraños por el planteamiento tan radical que ofrecía y, […]

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