Cult of Chucky: los iconos no son eternos

Por Scott Burton

Contaba Don Mancini (guionista de todas las películas de la saga y director de las tres últimas) que desde pequeño sentía pavor por las muñecas de su hermana. Del mismo modo que los payasos, también explotados en la gran pantalla, el aspecto de muchos de nuestros propios juguetes (especialmente los de los años setenta) diseñados para niños parecen tener un halo de terror a pesar de estar diseñados consciente y voluntariamente para lo contrario. Es por esa razón que antes o después parecía previsible que alguien creara una saga de terror basada en uno o varios muñecos, aunque ya existían películas de la misma temática antes de la ya legendaria franquicia de A child’s play, muchas otras se hicieron después. Magic (1978), Dolls (1987) o la franquicia de Puppet master (1989 en su primera incursión) son algunos de los largometrajes más conocidos de temática similar, aunque no cabe duda de que la historia, la dirección, la fotografía, la banda sonora y el diseño del muñeco principal hicieron de la saga de Chucky la más conocida sobre este subgénero tan concreto dentro del terror. Quizás la mejor película sobre seres supuestamente inanimados que causan terror es esa obra maestra llamada Pin (Andrew Neiderman & Sandor Stern, 1988) aunque trata más sobre la esquizofrenia que sobre la base en la que se mueve el resto.

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Si hacemos un ejercicio de memoria o revisionismo, y a pesar de las diferencias de enfoque de todas y cada una de las películas de la saga Chucky, sólo las dos primeras son realmente buenas. La entrega inicial lo tiene absolutamente todo y la segunda sigue siendo magnífica, alejándose de la primera y creando una historia original con una ambientación parecida. En la tercera parte ya notamos un agotamiento notable con la idea de la academia militar. Pero es en la cuarta (La novia de Chucky) donde se da una vuelta de tuerca, con la autoparodia y una exacerbación del humor negro como método para salvar la saga, aunque fue incomprendida y vilipendiada en su época hoy en día sobrevive como placer culpable que mejora con creces a su antecesora. En la quinta parte (La semilla de Chucky, 2004) volvemos a un término medio entre la naturaleza intrínseca de las dos primeras partes y el humor negro de la cuarta, con un poco más de lo segundo y en ella volvemos a disfrutar, aunque ya siendo conscientes de que estamos ante un producto de serie b donde cabe todo, hasta el rapero Redman en un papel principal. Es en La maldición de Chucky (2013) donde todo parece levantar levemente el vuelo y donde tenemos la esperanza de alguien ponga dinero -y talento- de veras y resucite esta saga de cara al mundo. Pero no es así.

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En Cult of Chucky (Don Mancini, 2017) el creador de la icónica figura vuelve a la acción como escritor y director en un largometraje que huele a serie b -no en vano es un direct to dvd- y que intenta suplir sus carencias con una dosis mucho más elevada de sangre y violencia explícita. Mancini nos sitúa en un manicomio alejado de la ciudad para darnos sensación de imposibilidad de escapar pero el lugar es tan limpio, ordenado e impoluto que aunque el contraste de la sangre en el lugar hace su efecto, nos transmite frialdad y lejanía, casi creando el efecto contrario. los giros en el guión y las vueltas de tuerca a una historia en la que parece haberse contado todo no son suficientes y desde muy pronto vemos al muñeco de cuerpo entero haciendo sus fechorías. Siempre es mejor cuando se sugiere, pero Mancini se tira al charco desde pronto y, si bien vemos todo tipo de mutilaciones, charcos de sangre y palabrotas, el terror real que sentíamos en la primera -y también en la segunda- parte aquí brilla por su ausencia, a pesar del hardcore explícito de lo que vemos desde casi el inicio.

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El guión también hace aguas a pesar de contar con varias ideas interesantes y es que si Mancini fue capaz de crear lo mejor de la saga también es capaz de lo peor. Y no es que la película como bloque no entretenga ni cumpla su cometido, es que sencillamente se trata de una saga legendaria, que sigue vendiendo merchandising y que aun guardamos en la retina con una mezcla de terror y amor en esa sensación que nos retrotrae a una época mejor. Un símbolo como Chucky -y a pesar de que el film es divertido- debería ser algo más que sangre y violencia y debería construirse sobre unos cimientos a la altura de lo que representa su ya icónico muñeco protagonista. Chucky sigue vivo y haciendo de las suyas, pero quizás debió morir para siempre en 1990.

 

CIBASS Puntuación CIBASS Dos puntos y medio


One Response to “Cult of Chucky: los iconos no son eternos”

  1. Buckshot LaFonque says:

    Entretenida pero se espera más sabiendo que pertenece a una saga legendaria. Le habéis puesto un 5 y habéis sido generosos

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