La abuela Rachael y el criadero de Truchas (a propósito de Blade Runner)

Por David Rodríguez, @davidjguru

Ahora que vuelven los replicantes acudo a los recuerdos y me vuelvo a encontrar a mi mismo visitando lo que me pareció en su momento una extraña distopía oscura y opresiva. Una ciudad salvaje, corrompida y deshecha donde la lluvia ácida parecía haber llegado a disolver todas las identidades posibles en un marasmo de cruces genéticos, culturas degradadas y una pérdida sustancial de evaluar el ser.

Era aquella película un relato duro, desolador, vacío de espacio útil y la vez dominador de un horror vacui que lo llenaba todo de elementos superpuestos. En el futuro -parecía decir- las cosas no se repararán realmente; solo se superpondrán sucesivos parches uno sobre el otro, capa sobre capa y así los elementos terminarán perdiendo armonía, elegancia y disposición. Como si la función dominase definitivamente a la forma y consiguiera que esta quedase fuertemente anulada y desterrada como elemento prescindible. Aquella ciudad era una locura como lo es la supervivencia y como lo deben ser los intentos esquizofrénicos por normalizar el horror aunque sepamos en nuestro fuero interno que en realidad y a partir de cierto momento de las cosas, la única posibilidad viable es que todo se siga degenerando más y más.

Era como la reflexión que en otro contexto planteaba el desquiciado Coronel Kurtz cuando se preguntaba como fue posible que entre tanto caos y conflicto, alguien hubiera decidido de manera arbitraria castigarle solo a él, víctima de la injusticia. Solo que aquí el pecado original no era el hecho constatado de haber ejecutado a supuestos espías sin permiso de sus superiores, sino simplemente haberse atrevido a preguntar y preguntarse a uno mismo “Por qué”. En un entorno de egos apesadumbrados y frustrados por no poder escapar a las colonias del espacio exterior, que se anuncian de manera aspiracional desde soportes publicitarios voladores que recorren el cielo de la ciudad oscura, parecía que al igual que a Walter E. Kurtz, se dictaminaba desde otro lugar que no podía permitirse la duda de la identidad en un entorno donde nadie sabría a ciencia cierta, quien es. Cuestiones del azar o enojo de los dioses de la biomecánica.
El horror. El horror.

CIBASS Blade Runner 3
Vinieron luego las interpretaciones, los agujeros de guión, el sexto replicante, las hipótesis y los sucesivos montajes y versiones. Pero a mi, en el fondo, me importaba muy poco si Deckard era un replicante o no. No me pareció entonces (ni me parece ahora) realmente trascendente esa cuestión. Desde “Su moral y la nuestra” ya empecé a albergar serias dudas en cuanto a la estrecha ligazón de fines y medios, con el añadido que quienes crecimos intelectualmente bajo la luz del desamparo sospechábamos de nuestro propio jesuitismo: dispuestos a elegir, no tenía importancia alguna el origen, solo la misión. No era un “Qué” o “Quién”, sino un “Para qué”. Las sombras que se han extendido sobre el mundo desde entonces, ese avance de la Nada – nombre propio – solo nos han servido de hiriente confirmación.

Acudo ahora a un viejo libro que compré hace más de veinte años (Blade Runner, AA.VV. Editorial Tusquets, 1988) una colección de ensayos sobre Blade Runner donde una serie de autores tomaban diferentes facetas de la película y desarrollaban cuestiones interesantes (la arquitectura, la moda, la luz, la filosofía, el cine en sí mismo) en base a su profesión o al punto de interés más cercano que habían conseguido encontrar en la narración. Por esas hojas que amarillean ya pasan Eduardo Úrculo, Rafael Argullol, Antonio Miró y algunos escribidores más. Por aquel entonces me resultaba interesante la disidencia de Guillermo Cabrera Infante y Fernando Savater era solo el autor de un insufrible libro de lectura obligada en el instituto: de como respiraba políticamente no tuve consciencia hasta años más tarde. Todos ellos (ahora si me llama poderosamente la atención la ausencia absoluta de mujeres a lo largo de toda la recopilación) trabajaban sobre la película y leyendo y releyendo, conseguía yo amplificar y afirmar ciertas sensaciones -más intuitivas que razonadas- sobre los fines últimos de Blade Runner y los medios empleados para ensamblar la historia.

De todos los relatos contenidos en el librito, hay uno que siempre excitó mi imaginación, tal vez porque es el único que intenta orientar la película hacia el después: Deckard y Rachael se han marchado, pero ¿Hacia dónde?. Ahí comienza el relato propuesto por Jorge Wagensberg titulado “Rachael y las truchas” que resulta bonito por creativo y generador de cierta esperanza romántica. Allí se articulaba un futuro posible para la falta de porvenir de la pareja maldita: uno vivo por la gracia de un héroe ario condenado a desaparecer y la otra viva por la voluntad de un peligroso agente de habla extraña y predilección por las figuras de origami. Tras la huida la historia vuelve a comenzar donde siempre nos dejan los románticos relatos del “amor todo lo puede” tan propio de Hollywood: en el día después del cierre.

CIBASS Blade Runner 1

Sabíamos que existía la posibilidad de hibridar humanos y replicantes porque ya conocíamos a la descendencia de la abuela Rachael y el abuelo Rick, su retiro de la civilización, a que dedicaron sus vidas e incluso que empresa construyeron para sobrevivir.

Supimos que Deckard había muerto en 2048 -justo un año antes de la fecha de referencia de la nueva película que aparece ahora- y que la artificial abuela se ponía en manos de un nieto superdotado para la ciencia que había conseguido inferir un sistema de clonado para humanos en base a un modelo usado en la empresa familiar para replicar truchas y alimentar el negocio de la piscifactoría familiar. Ambos reflexionan sobre el sentido y las consecuencias, las responsabilidades, la existencia o no de alma y de que en caso de salir bien todo el proceso, en realidad estarían consiguiendo demostrar que Dios, en última instancia, nunca ha existido. La prueba material sería una nueva copia indirecta, una versión físicamente “joven” de la abuela. Y algo más de cien años más tarde de la muerte natural de Rick Deckard se produce la muerte del último ser humano natural que quedaba vivo y que se negó a replicarse a si mismo. Rachael observa la noticia desde una cafetería. Aquí fue ella quien vivió.

Ahora leo por aquí y por allá que Blade Runner 2049 trae respuestas sobre lo que ocurrió y que contiene pistas de que las especies se hibridaron realmente. Veo por todas partes decepción y frustraciones. No sé que pensar, los fotogramas que he visto me parecen alucinantes, parecen ilustraciones propias del Metal Hurlant sacadas de la cabeza de Druillet, un puro delirio visual en cuanto a fotografía, colores y diseño de producción. Del guión ya hablaremos cuando toque.

CIBASS Blade Runner 2

Me enfrentaré a ella sin prejuicios y si no me ofrece algo que realmente satisfaga mi deseo de completar el relato, entonces elegiré quedarme con las piscifactorías, que allí la emancipación sí es viable. Y los androides siguen soñando con truchas eléctricas.

Por suerte tengo opciones.

 


One Response to “La abuela Rachael y el criadero de Truchas (a propósito de Blade Runner)”

  1. GDE says:

    Hace unos días volví a ver la película original, dirección, fotografía, actuaciones y musica para un guión básico. Aun así merece tantísimo la pena..

Leave a Reply to GDE

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies