Netflix, coge el Yeyo (Cinco aspectos de Narcos que me ponen mucho)

Por David Rodríguez, @davidjguru

 

Lo peor que podríamos achacarles a las series que se basan en historias reales es que ya sabemos como terminan. Bueno o tal vez lo mejor, quien sabe. Eso nos libera un poco para interpretar otras cuestiones más allá del arco argumental de los personajes principales. Acerca de la predecibilidad de los contenidos podríamos hablar largo y tendido; a fin de cuentas Stranger Things no es una serie histórica, resulta absolutamente predecible y ahí anda la gente loca perdida…

En fin, retomando esa idea: sabemos que Julio César termina acuchillado en el senado, que un tal Jesús va a ser crucificado y que el Vaquilla terminará dando con sus huesos y su salud en la cárcel…todos los héroes ya nos han mostrado su camino trazado una y mil veces y sin embargo seguimos acudiendo a su llamada, intentando encontrar nuevos detalles y puliendo dimensiones distintas a las que siempre habíamos considerado principales. Seguimos trabajando aunque ya sabemos en realidad como va a terminar todo. Con los héroes y los antihéroes, con las figuras intermedias que no sabemos muy bien dónde o cómo ubicar e incluso para aquellos (y aquellas) que han pasado sobradamente las líneas rojas de cualquier veleidad positiva. Como en el caso de Pablo Escobar y su representación dentro de la serie “Narcos” de Netflix, una producción propia creada por la triada formada por Chris Brancato, Eric Newman, y Carlo Bernard, y con José Padilha (Tropa de élite, el reboot de Robocop) haciendo las veces de productor y productor ejecutivo.  De todo el grueso de contenidos relacionados con Escobar (películas, series, documentales) que empezaron a aparecer hace unos quince años a partir de Blow (2001) y que ha continuado con “Pablo, Ángel o Demonio” (2007) o las dos últimas producciones de referencia Escobar, el patrón del mal (2012) – presente también en el catálogo de Netflix – o Escobar Paraíso Perdido (2014) – con el mismísimo Benicio del Toro intentanto asimilarse al patrón del cartel de Medellin- tal vez sea la que nos ocupa la producción más afortunada, teniendo en cuenta que en ese aprovechamiento de la figura del narcotraficante para el morbo e incluso la admiración, es la que muestra de manera más cruda no solo su realidad, si no el contexto exacto de una época, un marco internacional y  unas condiciones socio-económicas que aunque centradas en Colombia, podrían ser extensibles a todo el Cono Sur latinoamericano.

En un ejercicio de historia contrafactual podríamos ubicarnos creativamente en un mundo donde nunca se declaró la maldita guerra a las drogas y estas campañas infructuosas nunca beneficiaron directamente a los traficantes, que no tendrían que andar sumando el factor “riesgo” a el eje esencial de oferta-demanda para establecer precios. Y por el camino tal vez (solo tal vez) nos hubiésemos ahorrado la dimensión mafiosa del asunto. Tendríamos empresarios ejemplares que no necesitarían matar para defender sus intereses, se innovaría, se realizarían controles sanitarios sobre la mercancía y Pablo Escobar estaría a la misma altura de otros sociópatas de prestigio como Steve Jobs o Steve Ballmer. Pero nada de eso pasó y aquí tenemos una serie que narra “The Rise and Fall of Pablo Escobar”, aunque en realidad el producto no es en sí mismo una historia sobre Pablo Escobar, o al menos podría no ser ese su único nivel de lectura. Narcos es algo que va del mundo de la droga, de las relaciones de poder, de los gobiernos y sobre todo, de la influencia de los EEUU en la historia viva de América Latina. Narcos es una pieza del relato global de la historia actual del subcontinente y Pablo Escobar solo un significante temporal que apunta y denota lo único materialmente importante en la serie: el dinero. De hecho se confirma por parte de Netflix que habrá temporadas más allá de Escobar, porque parecen decir que en realidad ellos quieren hablar de la droga, y esta sigue viva más allá del jefe del Cartel de Medellín. Nos queda recorrido todavía y aunque sabemos lo que va a ocurrir, eso no importa realmente. Disfrutamos del trayecto con esta serie, empezando desde la cabecera, un trabajo artístico muy técnico creado por la agencia Digital Kitchen  que ha creado una de esas entradas verdaderamente creativas y que representan bien lo que va a venir a continuación, haciendo una buena síntesis visual de todo lo que ocurre: drogas, dinero, espionaje, atentados…solo esa cabecera a ritmo de “Tuyo” de Rodrigo Amarante ya merecería un buen análisis, así que lo anoto para un despiece más exhaustivo.

CIBASS Narcos cabecera digital kitchen

Fotogramas de la cabecera de Narcos

Un buen día de hace no mucho Netflix me envía un correo electrónico diciendo que ya tiene subida (por fin) la segunda temporada de la serie Narcos y ya está disponible para mi perfil. Tras la caída del hype pro-netflix en mi interior y mis hirientes paseos nocturnos por su catálogo de contenidos (si creen que su oferta para el estado español es pésima, prueben a asomarse a su versión italiana, esa es todavía más deleznable), entro directamente a disfrutar de la segunda temporada y al terminar me dispongo a darle a la tecla. Hoy quiero comentar amistosamente cinco aspectos de la serie que me han gustado mucho a lo largo de estas dos temporadas (20 capítulos, 10 + 10). Vamos a la mandanga:

1- El relativo rigor histórico

Seamos serios: no se puede mantener algo al cien por cien exacto en fechas y acciones porque las cosas suelen requerir un cierto tratamiento cinematográfico y a veces esto pasa por adulterar un poco la mercancía; se tocan unas fechas, se manipulan personajes y se adaptan situaciones para darle ritmo a la cosa y que funcione. Lo siento por el hijo de Escobar que no para de dar entrevistas y enviar notas de prensa quejándose de esto y de aquelllo, pero Narcos es fiel en lo macro y muy decente en lo micro. En realidad no importa cómo y en que momento murió el cuñado de Escobar (por poner un ejemplo), lo que importa es la declaración de intenciones del agente de la CIA Bill Stechner cuando explica a Peña que su trabajo es asegurar los intereses de EEUU a medio plazo, incluidas sus relaciones “profesionales” con los escuadrones de la muerte colombianos. Eso es historia.

2- El equilibrio

Narcos no es la historia de un jefe mafioso sobrepasado por la circunstancias, depresivo y con ciertos principios. Pablo Escobar no es un Toni Soprano al que echar de menos ni por el que sentir lástima. No es un ejercicio de empatía alguna por un psicópata ni hay tratamiento de anti-héroe. Narcos es un relato de guerra con dos bandos en litigio donde abundan los asesinos crueles y despiadados en mitad de una guerra sucia. Está plagado de malos y malos. No hay mucho término medio: el coronel Carrillo es un asesino despiadado de gatillo fácil al mismo nivel que cualquiera de los sicarios de Pablo Escobar. Esto más que un escenario de buenos y malos es un tratamiento sobre los medios y los fines para alcanzarlo. Y que el punto de mira no esté excesivamente centrado en la de un agente DEA de tipo WASP Steve Murphy, sin ir más allá de voz en off y vehículo conductor de toda la espiral de locura desatada en esta historia.

3- La dirección de casting

Me parece una pasada. Simplemente. Ya el hecho de que la serie esté rodada en la misma Colombia lo hace todo mucho más real. Que los actores y actrices sean en su inmensa mayoría originarios del cono sur me resulta un acierto, pero es que aspectos como las caras, los gestos, la caracterización o el vestuario sean tan exactos me hace alucinar. Todo el mundo por encima de los treinta años reconoce ese jersey tróspido de raquetas cruzadas en el pecho que luce Pablo Escobar, o esos pantalones vaqueros de tiro recto con el que nos vistieron. Eso sí que es hard-normcore, ahí sí que estaban los años noventa para la mayoría de nosotros.

Bola extra para la peluquería, que hace de un personaje como “Limón” un tipo claramente reconocible para cualquiera que haya vivido en los suburbios de una gran ciudad.

Por todo ello soy capaz de abstraerme de que los actores hablen en el español de sus respectivos paises (en el elenco hay actores y actrices de Argentina, Chile, Puerto Rico, etc) e incluso de los problemas de dicción de Wagner Moura (Pablo Escobar) durante la primera temporada. La inmersión lingüistica mejoró en la segunda temporada, pero no todos llegan a controlar el “español-paisa” hablado en esas regiones de Colombia. No me importa, sigo enamorado.

casting narcos

El actor Leynar Gómez en el centro de la imagen, un secundario fundamental

4- La luz, la fotografía, el plano…

CIBASS Narcos Netflix encuadre de plano

Ejemplo de encuadre en Narcos de Netflix

Yo al tratamiento fotográfico solo puedo elogiarlo ¿Sí o no? planos claros con luz natural de los espacios abiertos y la naturaleza para los momentos tranquilos y estables, saturaciones de color en las escenas nocturnas que van subiendo de intensidad a medida que la tensión va escalando y se avecinan situaciones muy duras…en Narcos el color funciona como un sistema de pistas, pero no solo eso…hay algo más. Los encuadres son elegantes por clásicos, centrados, simétricos, bien compuestos…salvo cuando la situación se desestabiliza y el frame pasa a ser algo holandés y las vistas empiezan a mover los ángulos…algo se está torciendo ahí…

CIBASS Narcos Netflix composicion plano

Ejemplo de proporiciones en plano de Narcos de Netflix

En cuanto a montaje, el uso de la voz en off de uno de los protagonistas a modo de narrador me resulta útil y ayuda bastante. Cierto es que no han inventado la sopa de ajo y Scorsese lo tiene más que pulido, por lo que no deja de ser un recurso asociativo actual al cine de gánsters. Me quito el sombrero en la secuencia en la que el Patrón lanza su particular orden-66 en el segundo capítulo de la segunda temporada mientras baila un tango tranquilamente agarrado a su esposa…suena “Cambalache” y la muerte estalla por todas partes mientras él baila placidamente… “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”…la vidriera irrespetuosa de los cambalaches…

 

5- La banda sonora

Si Narcos pudiera ser un anexo a “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, se expresaría contundentemente a través de su banda sonora. Ya una serie producida desde EEUU no tiene porque mantener esa hegemonía cultural de música en inglés y se puede permitir – además de contar los desmanes de su país en la región – enriquecer la producción con la música del entorno…cumbia, tango, bachata, el calipso, el merengue, el porro…la serie grita desde su música y plantea auditivamente la reclamación de los desheredados y las desheredadas de la tierra, por fin concede estatus a las músicas de los pueblos hechas por los oprimidos y eso es de agradecer. Narcos lleva la música del subcontinente mucho más allá de sus límites geográficos y la ayuda a situarse en el mapa global del mundo: canciones que valen, que funcionan y que realmente significan una dimensión más de riqueza dentro de la producción. Disfruten, disfruten.

 

Valoración global:

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos y medio


One Response to “Netflix, coge el Yeyo (Cinco aspectos de Narcos que me ponen mucho)”

  1. West Coast Avengers says:

    articulazo de mi nueva serie favorita.

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