Bonapartismo y el piolet que fracturó la inocencia

Por David Rodríguez, @davidjguru

Dicen los entendidos en ejércitos y confrontaciones, expertos en eso que llaman ‘la ciencia militar’ con todos sus componentes de estrategias, tácticas, diseño de operaciones y gestión de recursos (incluidos los humanos) que en una fortaleza asediada cualquier disidencia es traición. Lo que vendría a ser en Román paladino un claro aviso a los librepensadores, disconformes y en general a todos aquellos que gusten de expresar su opinión en abierto de que en cuanto las condiciones objetivas externas nos aprieten las tuercas suficientemente bien, se acabó eso de decir lo que se piensa: el estatus del otrora compañero pasa a ser indefectiblemente el de traidor, quintacolumnista, enemigo interno…llámese como se quiera, pero básicamente modifica su categorización y comienza a ser un problema a resolver (o a ejecutar).

La historia es rica en los tratamientos ejemplares sobre la cuestión. Castillos asediados, alcázares de ciudades medievales, e incluso algunos pequeños juegos propuestos por el presidente Mao, verdadero ejemplo de gestión eficiente de la disidencia. Mención especial a su ‘Campaña de las cien flores’ que bajo la consigna “Permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan” invitó a todo el pueblo a enviar sus críticas al gobierno y al partido comunista Chino. Como el pueblo no se animaba mucho (por prudencia y por dedicar las pocas calorías diarias a aspectos más mundanos), el propio Mao se implicó personalmente y los intelectuales empezaron a decir lo que pensaban. Aquello se empezó a desbordar, los mensajes llegaron a incluir peticiones de dimisión al gobierno y todo se salió de madre. Así que la campaña se detuvo y curiosamente aquellas cartas que llegaban por miles de repente sirvieron para la siguiente campaña que se llamó “Movimiento antiderechista”.
Gracias a la participación masiva del pueblo el gobierno adquirió una abultada agenda de personas que no pensaban como cabía esperar y que fueron objeto de la subsiguiente represión. Dejar crecer cien flores para después cortarlas todas del mismo golpe. Genialidad política y estratégica.
All in one.

Tal vez los países de economía planificada (por unirlos en alguna forma común) sean especialmente sensibles a la disidencia. No en vano Trotski había comenzado años atrás a alertar de la imposibilidad de la supervivencia de la URSS mientras permaneciese rodeada y atacada por los países capitalistas de su entorno, en el desarrollo de tu teoría sobre “La revolución permanente”. En su dimensión externa, bastaba con expandir el movimiento comunista internacional y las conquistas de este para reforzar una futura ‘pangea’ de países de economía planificada. Bien pero ¿Y la dimensión interna?
¿Qué hacer con ese enemigo que vive dentro de nuestras fronteras?. Nadie demostraría más eficacia en ese campo que su antagonista político, su némesis en forma de georgiano rudo y astuto: el camarada Stalin.

The Inner Circle, de Andrey Konchalovskiy . Columbia Pictures,1991

The Inner Circle, de Andrei Konchalovsky . Columbia Pictures, 1991

Si has visto la película “El Hundimiento” (“Der Untergang”, 2004) y tienes buena memoria (o al menos la has visto hace relativamente poco tiempo), podrás recordar a Hitler gritando desesperado en varias escenas. En una de ellas, mientras lanza una amarga diatriba contra el generalato alemán acusándolos a todos de traidores y saboteadores de sus propios planes, viene a declamar el Führer (la versión varía según el idioma y su doblaje): “Debería haber colgado a todos los altos oficiales ¡como hizo Stalin!”.

Y a decir verdad es difícil escuchar una idea más completa a lo largo de la película. El padrecito de los pueblos, el ciudadano Iosif Vissarionovich Dzhugashvili se empeñó en la disidencia interna como nadie lo ha vuelto a hacer en la historia del comunismo internacional (salvo tal vez los camaradas camboyanos). Se puede afirmar que con él viene la pérdida de la inocencia en el movimiento comunista internacional. De él vendrá el primer gran cisma (a nivel internacional se entiende) dentro de la comunidad marxista (Trotskistas vs. Stalinistas) y de la gestión de su herencia vendrá la segunda gran ruptura (China vs. URSS) para desgracia de los que esperaban un campo socialista unificado y con una postura común. La historia del socialismo pasa necesariamente por la trayectoria personal de este antiguo seminarista hijo de un zapatero alcohólico de Gori que sin ser necesariamente un intelectual (Trotski llegó a decir de él que era incapaz de escribir una sola frase gramaticalmente correcta) llegó a convertirse en una especie de ‘revolucionario profesional’ – el audaz Koba – e ir maniobrando para alcanzar el poder absoluto en el seno del partido comunista del país (extinto ya) más extenso de la tierra.

De cómo empezó todo, acerca de que tuvieron que hacer mal, de claves y de signos importantes hay miles de páginas escritas en la literatura y en la historia actual (con desigual suerte) y entre todo el material aparecen siempre varias claves que pueden servir a modo de premisas para comprender cómo es posible que aquello se saliese tan de madre. ¿Con cuáles preferimos quedarnos? hay teorías que apuntan a que existía en los círculos soviéticos en París el rumor de que había aparecido algún documento que demostraba que Stalin habría sido un informante de la Ojrana (la policía secreta zarista). Otras teorías anotan que la primera generación de revolucionarios se hallaba corrompida por el poder: se apunta al nivel de corrupción de los principales bolcheviques en sus respectivos centros de poder (caso de la amante de Kámenev -hombre casado con la hermana de Trotski-, la escultora británica y supuesta espía Clare F. Sheridan). También las hay que defienden la tesis de una fase preparatoria para una futura guerra en base a los sucesivos informes sobre el progresivo rearme alemán. O simplemente que todo formaba parte de las aventuras de un psicótico peligroso cuando alcanza el máximo nivel del gobierno de un estado. En cualquier caso y como si de una enorme ensalada preparada con todas esas claves se tratase, tras el asesinato de un prominente miembro del partido por parte de un marido traicionado, se desata el gran terror.
La muerte de Kirov es la señal.

Representación del politburó en 1934 incluyendo a Kirov

Representación del politburó en 1934 incluyendo a Kirov.

Se desencadena una verdadera masacre social y política orquestada en tres fases diferenciadas durante los años 1936, 37 y 38 (aunque las ondas expansivas llevarán la dinámica – más atenuada- casi hasta el final de los días de Stalin en 1953) que literalmente sirven para eliminar a todos los miembros más prominentes del gobierno y del partido. Pero es solo la pequeña punta de un gran iceberg. Según las cifras que propone como conclusión el investigador ruso Oleg Khlevniuk(“Stalin as dictator: the personalisation of power” en “Stalin. a new history”, 2005), en el bienio 1937 – 1938 la NKVD (comisariado del pueblo para asuntos internos) y la milicia detuvieron a no menos de 1.600.000 personas, de las cuales más de 680.000 fueron directamente ejecutadas. Caía la noche en el paraíso socialista.
Así de simple.
Deportaciones en masa, ejecuciones sumarias bajo cargos absurdos de conspiración y traición durante juicios abiertos en los que los principales bolcheviques, hombres duros entre los más curtidos y capaces de soportar las torturas y humillaciones de la policía zarista, se declaran culpables de todos los cargos y asumen sus fantasiosas responsabilidades. Según Arthur Koestler que se preguntó por todo aquel sin sentido en su obra “El cero y el infinito” (“Darkness at noon”, 1940) podría haber sido un último servicio prestado a la causa de la revolución por parte de personas convencidas de la inevitabilidad histórica del socialismo y dialécticamente persuadidas de la conveniencia de entregar sus vidas en un último sacrificio. El mundo enloquecía preguntándose como era posible todo aquello mientras observaban a las principales figuras del comunismo mundial desfilando delante del juez. Pasaron y fueron ejecutados Zinoviev, Kámenev, Bujarín, Rádek…de los seis miembros del Politburó original, cuatro fueron ejecutados y un quinto Trotski fue expulsado de la URSS y asesinado en México. Solo Stalin les sobrevivió.
Las cifras son realmente escalofriantes.

Y si en público se llevaban a cabo los ignominiosos procesos de Moscú, en paralelo y en secreto se realizaban las purgas sobre el ejército rojo. Historiadores como Conquest, Roewer, Rybalkin o Ángel Viñas coinciden (y no todos son sospechosos de tener sesgo ideológico en sus análisis como Conquest) en las relaciones de detenidos: tres de cinco mariscales, quince de dieciséis generales de cuatro estrellas, sesenta de sesenta y siete de tres estrellas, ciento treinta y seis de ciento treinta y nueve de dos estrellas. Setenta y cinco de ochenta miembros del consejo militar superior y los once comisarios políticos adjuntos. Más de cuarenta mil oficiales purgados. Una verdadera sangría a partir de un descabezamiento sin precedentes que resultó un presente griego para un ejercito nazi que ya analizaba las posibilidades de una invasión a la Unión Soviética. Y un efecto devastador: ejecutado el mariscal Tujachevsky, maestro de la estrategia militar y experto en la modernización del ejército cuyos trabajos habían influido a militares como Guderian y estaban en el origen de la ‘Blitzkrieg’ (guerra de ataques en profundidad) la invasión podría ser un paseo. Al fin y al cabo, Stalin había sustituido las mejores mentes del ejército por mediocres militares incapaces de comprender las características de la guerra moderna (Budionni y Kulik seguían defendiendo el absurdo de las tropas a caballo).

CIBASS Los cinco primeros mariscales de la URSS

Los cinco primeros mariscales de la URSS. Tujachevsky sentado y primero por la izquierda.

El mariscal Tujachevsky había comenzado a tener problemas con Stalin en la época de la guerra civil y desde entonces no dudaba en manifestar la mediocridad del georgiano. Tal vez fuese el candidato ideal para una revuelta de corte bonapartista dentro de la URSS. Por si acaso, fue detenido y ejecutado sumariamente bajo los cargos de conspiración con el enemigo y de espiar para los alemanes. Y nos quedamos sin saber si realmente existió esa conspiración y que podría haber ocurrido en Moscú con una gran revuelta militar de por medio. ¿Quién sabe? el caso, es que tras la primera fase de los juicios, en el tiempo que transcurre desde la caída del gran mariscal hasta que tres años más tarde, en 1940, un piolet se desploma con fuerza sobre la cabeza de un Trotsky, señalado como el último gran enemigo a batir de todos los expuestos en la orden 00447. Y así toda la posible disidencia respecto a la URSS y al mando de Stalin quedó (aparantemente) eliminada de la faz de la tierra. Sobrevivía así un movimiento comunista dañado, debilitado, separado en facciones y mostrando a los Trotskistas como una especie de movimiento cátaro (pero ya sin profeta) del marxismo. Y una fe dañada en las posibilidades del socialismo real. Algo que hizo que millones de personas, de repente, perdieran la inocencia bajo la metáfora de un piolet que llevaba el nombre en clave de “orden 00447”, la instrucción operativa impulsada por Stalin y aprobada por el Politburó el 31 de julio de 1937 que como una “orden-66” contra la disidencia, expresaba la necesidad urgente de “emprender medidas de castigo contra elementos subversivos, criminales y elementos anti-soviéticos”.

El castillo asediado intentaba fortalecer sus muros con la sangre de sus siervos.


One Response to “Bonapartismo y el piolet que fracturó la inocencia”

  1. Sr.Blum says:

    Increíble (e imprevisible) artículo. Todos los días se aprende algo, como se suele decir.

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