El método Gemini: apocalipsis en Nueva York

Por David Rodríguez, @davidjguru

 

Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón quise ser un gangster…” así comienza esa retrospectiva sobre la vida asociada al crimen que fue el“Goodfellas” de Scorsese, arrancando con un soliloquio en boca de Henry Hill, que echa la vista atrás para reconocer que su sueño de la infancia era solo ser uno de ellos:

Para mí, ser gangster era muchísimo mejor que ser presidente de los Estados Unidos. Antes de acudir por primera vez a la parada de taxis buscando un trabajo para después del colegio sabía que quería ser uno de ellos, sabía que allí estaba mi futuro. Para mí, ser uno de ellos significaba ser alguien en un barrio lleno de don nadies. Ellos eran distintos a todos, me refiero a que hacían lo que les daba la gana: aparcaban en doble fila y nadie les multaba. En verano, cuando jugaban a las cartas toda la noche, nadie avisaba a la bofia”.

Ahora imaginaos que un tipo ha cogido todo esto, le ha dado mil vueltas y ha montado una historieta de más de doscientas páginas. Cruzando la realidad con la ficción, los hechos demostrados con los imaginados y fusionando las carreras criminales de varios mafiosos conocidos: Paul Castellano, Roy DeMeo, Carlo Gambino, Carmine Galante…Pues resulta que tenéis esta historia en vuestras manos como la tengo yo ahora. ¿Qué os digo? ¿qué os cuento? pues esto va de un trabajo que por diseño podrías verlo por error en el estante de una librería infantil entre libros de ilustraciones y que a la vez recibirías un puñetazo en el estómago al abrirlo y ver como intentan deshacerse de un tipo echándolo a una freidora industrial de cocina llena de aceite hirviendo . Tras el puñetazo seguramente venga una patada y tras esa patada viene una buena paliza de las sucesivas bandas de matones que pueblan sus páginas siempre en torno a la figura de Mick Dioguardi, un joven comprometido con la venganza que se aprovecha de un falso parentesco con un jefe de la mafia debido a su apellido para operar en los negocios peligrosos.

Y como la historia de El método Gemini arranca con Mick Dioguardi de pequeño, comenzar por esta intro de Henry Hill en Goodfellas no es nada trivial: Esta es la visión inicial de un niño del mundo del hampa y el punto de partida de toda la película: la entrada de un infante en esa maldita dinámica de ilegalidad, violencia y poder. ¿Se imaginan eso en cómic? pues es una de la motivaciones que Magius (alias de Diego Corbalán, Murcia, 1981) pone sobre la mesa de trabajo para articular su último lanzamiento tocho: El Método Gemini (Autsaider Cómics, 2018): una síntesis letal de cine, historias y  leyendas propias del mundo del hampa con la que el autor juega a condensar una trayectoria, como el relato unificado que conecta un origen secreto de hace muchos siglos ya con la opulencia decadente de la penúltima de las metrópolis, sueño decrépito de civilización derrumbada donde solo habitan mitomanías alimentadas por cineastas nostálgicos.

Versión de la portada de Black Mask, revista de relatos pulp para El Método Gémini

Así termina trazando un arco de inmundicia, secretos y compromisos de poder que van desde la capital del occidente del siglo dieciséis (una Sevilla como la mostrada en la serie La Peste de Alberto Rodríguez) hasta la Nueva York del siglo XX, plagada de Banca financiera, agencias de publicidad, concesionarios de coches lujosos y ejecutivos puestos de cocaína.  Las ciudades son personajes fundamentales para conseguir entender qué está pasando aquí y en ellas la vertebración del poder real parece corresponderle a organizaciones que no están nunca suficientemente fiscalizadas por el poder aparente, mapa de todas las corruptelas, cartografía de las influencias y los vínculos. Esa podría ser parte de la misión de esta obra que tengo ahora mismo entre manos. Quién sabe.

A lo largo de todas sus páginas es un trabajo titánico localizar todas las referencias a la mafia. Imagínense a un autor que ha decidido: a) Empaparse de todo el cine y series relacionados con la mafia b) Tomar notas de todo y documentarse como un ratón de biblioteca c) Echarlo todo a la coctelera y formar una tríptico formal con todos los elementos del género recombinando personajes, situaciones, lugares y fechas. Por último, el punto c) No abandonar nunca el punto de vista inicial del niño que presenta la historia.

Es demasiado y si no, jugad a marcar las referencias, homenajes y guiños cuando tengáis esta movida entre las manos. Es imposible tenerlas todas claras, pero yo en la última iteración he localizado cosas de: Scarface (la clásica, 1932), El Padrino, Los Soprano, Harry el Sucio, Goodfellas, Malas Calles, Fiebre del Sábado Noche, Taxi Driver, el Érase una vez en América de Sergio Leone o la minusvalorada “El Profesor” de Tornatore…y debe haber mil guiños más. Seguro que este tipo trabaja teniendo todo en cuenta, desde el argumento, los detalles, los arcos y hasta el color…

Ilustración de la ejecución de Carmine Galante para El Método Gémini

¿Cómo lo sé? no le encuentro al uso del color por parte del autor otro sentido que el de mantener el tono de la visión infantil, puro naif, del personaje principal. Que todo siga pareciendo inocente a pesar de las vísceras, de los robos, de las muertes, de las malas decisiones. Que cierto halo de inocencia destruida sobrevuele sobre la obra mientras esa cuatricomía malévola nos envuelve…inocencia destruida, organizaciones secretas, ritualística, poder…no sé si será el poso que el Levante español deja en sus habitantes o que el inconsciente de Magius no deja de pedir “Socorro” a base de gritos gráficos, pero lo cierto es que son elementos que ya estaban presentes en la anterior obra del autor, “Murcia” (2015, Entrecomics) así como en su trabajo sobre las bandas de Black Metal y toda la locura que las rodea (Black Metal Comix) –y que salvo estas cuestiones específicas guardan poca relación directa y clara con este trabajo de Magius– para terminar de ubicar el tempo, digamos que el tipo parece realmente encantado de operar sobre estos elementos, como si estuviese elaborando su propio libro de códigos. Lo mismo no ha escogido como nombre artístico el apodo de un monje del siglo X que se dedicaba a ilustrar apocalipsis por casualidad. Menudo pájaro.

El caso es que si les interesa el universo de la mafia, la Nueva York desvencijada de los solares derruidos y las salas X, o las cosas donde el Scorsese solía ser bueno, entonces tal vez no deban dejar pasar El Método Gemini. Si no encuentran la satisfacción completa con los antihéroes de la coca colombiana o piensan que una serie y una novela sobre lancheros gallegos es rascar demasiado el fondo ya quemado de una olla vacía, vuelvan a los orígenes. Disfruten de nuevo con los pantalones de campana. Con los neones. Con las relaciones contractuales entre Roy DeMeo y Richard Kuklinski. Con los capitanes de la mafia italiana cayendo tiroteados durante un desayuno. Toquen algo como esto. Miren a New York. Nos vemos en Canarsie.

Tenemos una cita con los muchachos de Mike Dioguardi en el Gemini. Y os tocará discernir que parte es verdad y que parte es ficción. Yo de momento ya no puedo contaros nada más. Mi vida correría peligro.


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