Jim Starlin y casi todo lo que Marvel le debe al LSD

Por David Rodríguez, @davidjguru

Que el negocio del cómic es un tanto inestable podemos intuirlo con facilidad. No es necesario leer a los principales autores patrios en charlas y seminarios quejándose del mal estado del sector en el país. Al fin y al cabo, si algo se lleva demasiado tiempo mal podría pasar a ser considerada una enfermedad crónica, y difícilmente habría una mejoría clara.
Y al parecer, casi siempre es así y en más países de los que pensaríamos en un principio.

Sorprende conocer la gran historia (grande en el sentido de tamaño, de tiempo, de procesos) de la llamada ‘Casa de la Ideas’. Al hilo de lo que se anotaba antes, ni siquiera Marvel ha estado exenta de crisis, despidos, idas y venidas, hundimientos y recuperaciones. Ni por los sucesivos dueños empresariales que ni sabían ni estaban interesados en el mundo del cómic.

CIBASS Warlock Special Edition número cinco de 1983

*Warlock Special Edition número cinco de 1983

Así ocurrió en 1941 cuando Joe Simon y el legendario Jack Kirby habían tenido que verse obligados a abandonar la escudería, o en 1949 cuando Stan Lee dejaba su propio despacho para ocupar una triste mesita en un espacio común mientras se veía forzado a despedir a todos los colaboradores, o en 1957 cuando se echaba a la calle a toda la plantilla de la famosa editorial. Y dejaremos para una serie de al menos diez artículos la etapa de Ron Perelman como amo y señor de la compañía y sus disparatados vaivenes. Al final de tantas idas y venidas nos interesa especialmente subrayar varias ideas de interés. A saber: que en el mundo del cómic tu posición y puesto de trabajo nunca están asegurados (al menos en el mismo sitio y en la misma empresa); que hasta los más grandes resultan expulsados de su propio paraíso y caen en desgracia y que para sobrellevar todo esto tienes dos opciones: o moverte por la compañía con la paciencia y la mezquindad de un Jim Shooter o bien pasar absolutamente de todo y asumir la posibilidad de ‘fracasar’ como una consecuencia lógica de seguir sin rendición tu propia visión artística. Y a tirar los dados.

En el asunto que nos ocupa nos detendremos en la segunda tendencia. Por que son casos que suelen tener muchos más detalles (ya decía Thomas Mann que solo los detalles son interesantes) y además por resultar un camino mucho más atractivo que el de los grises hombres corporativos. Estamos en ese periodo de la historia de EEUU en el que un presidente no terminaba todavía de dimitir por el Watergate y la guerra de Vietnam empezaba su camino al fracaso final. En la Marvel de aquella época existían dos directrices fundamentales a la hora de integrar a nuevos talentos:

1-Las series legendarias (‘Amazing Spider Man’, ‘Fantastic Four’ o ‘The incredible Hulk’) no se tocan.

2-Prueba a los nuevos en series que vayan mal para que aprendan a nadar o que se ahoguen y que pase el siguiente.

Bajo esas dos directrices tan empresarialmente agresivas podría parecer que el ambiente estaba un tanto tenso, pero sin embargo (y esto sirve para reforzar todavía más la imagen de la Marvel de la época como una verdadera casa de locos) algunos antiguos abogados de la empresa evocan aquel periodo de la época de Roy Thomas de la siguiente manera: ‘recuerdo pasar por encima de gente que estaba sentada en el pasillo, fumando hierba e inspirándose’. Así que ese era el truco para afrontar tanta presión y exigencia: doparse. Y cuanto más, mejor.

CIBASS Warlock Special Edition número 3 del año 1982

*Warlock Special Edition número 3 del año 1982

Buena nota tomaría de ello un joven discípulo de la casa llamado Jim Starlin (9 de octubre de 1949; Detroit, Míchigan). Un chico de mucho talento y gran promesa de la redacción cuyas aficciones principales pasaban por las motocicletas, el ajedrez y la dietilamida de ácido lisérgico-25. A quien no le suene eso de ‘dietilamida…’ le aclararemos que es un pequeño amigo inventado por un suizo llamado Albert Hoffman, que se conoce comúnmente como LSD y que prácticamente sirve para ver la vida a todo color y con algunos dragones de por medio. Sí amigos y amigas, estamos hablando de algo que aunque no tiene adicción demostrada se le podría considerar un poco…droga…
Digamos que el muchacho ya mostraba un itinerario muy ‘particular’: de adolescente había sido una especie de pandillero de la calle en su Detroit natal, peleón y con problemas de tendencia a la agresividad. Para terminar de moldear su carácter había ido a luchar al mismo Vietnam y tras pasar por una serie de accidentes a los que sobrevivió milagrosamente (como múltiples explosiones en las ponzoñosas selvas del sudeste asiático o aparatosos accidentes de helicópteros en la isla de Sicilia) volvía a EEUU con el sistema nervioso un tanto dislocado. Y para terminar de dibujar el cuadro completo tenía afición a alterar sus estados de consciencia mediante dosis de LSD. Había descubierto el mundo del dibujo mientras recibía clases de psicología en un centro de educación comunitaria y jugaba creando personajes tensos y cabreados como un método propio para el control de la ira.
Había entrado a trabajar en Marvel en 1972.

Como joven talento, empezó a trabajar en series marginales e inmediatamente comenzó a formar un buen tándem con Steve Englehart, otro ex-veterano de Vietnam con el que jugaba a provocar mediante la radicalización de los textos y los contenidos de los cómics. A decir verdad, Starlin no necesitaba a nadie en la práctica: era capaz de guionizar, dibujar, entintar y colorear todo su trabajo él solo. Podía haber resultado un niño prodigio de la industria, pero en su lugar prefirió ser un ‘enfant terrible’ del negocio: él y sus compinches dentro de la redacción se especializaron en desequilibrar un sistema del que Stan Lee había sido el principal paladín: la no-definición, el nadar entre dos aguas, el esto-y-aquello, y en definitiva, nada de alinearse claramente con nada. Entre las dos pautas que anunciábamos párrafos antes y el hecho de que por aquella época Stan Lee estaba más preocupado por contentar a los ejecutivos de arriba y desarrollar su propia carrera personal relacionándose con cineastas y actores (aunque para su amargo pesar no pasase de representantes de la industria del cine de serie B), casi nadie prestaba atención a los desbarres de ese equipo de chiflados. Además conseguían vender y eso les salvaba el culo dentro de la empresa.

CIBASS Escena alucinógena de un duelo entre Drax y Thanos

*Escena alucinógena de un duelo entre Drax y Thanos

Jim Starlin fue lanzado a Iron Man para un solo número y decidió intentar convencer a su compañero de trabajo y de piso Mike Friedrich para poblar el número de sus propias criaturas. El extraño intento no salió bien y fue retirado de inmediato. A partir de ahí su método de trabajo empezó a basarse en ‘dópate, dópate que algo bueno siempre sale’ y así ocurrió en un número de ‘The Claws of the Cat’, que condujo a otra nueva bronca.

La oportunidad de oro llegó con ‘Capitán Márvel’ en la que junto a su compañero de la infancia Al Milgrom y según sus propias palabraspudo explorar la iluminación a través de la disciplina y el entrenamiento’. Starlin tomó a aquellos personajes que no pudo incluir en aquel número de Iron Man y los uso para poblar la serie del Capitán Márvel y convertirla en una alucinante y alucinada Ópera Espacial. Thanos y Drax, personajes que a día de hoy vemos en las últimas películas de Marvel estrenadas como ‘Guardianes de la Galaxia’ ¿mola la conexión? Sí amigos, ese matón verde y el titán loco que vimos en el cine hace relativamente poco nacieron de la mente de un post-adolescente con problemas de conducta que intenta dibujar para calmar su ira. Así de sencillo.

CIBASS Escena clásica de Drax el destructor combatiendo a Thanos

*Drax el Destructor en un clásico enfrentamiento con su archienemigo Thanos

La pandilla formada por Starlin, Englehart, Milgrom y Alan Weiss se dedicaba a potenciar su creatividad en quedadas comunales mientras consumían LSD y se disponían a compartir sus visiones gráficas. Así se sucedían las noches en las que recorrían Manhattan ciegos perdidos mientras interpretaban salvajes aventuras como si ellos mismos fuesen sus personajes. Ya fuese recorriendo las obras de construcción del World Trade Center o cabalgando las esculturas de Daniel Chester en el sur de Manhattan, estos zumbados de la industria del cómic llegaron a mezclar realidad y ficción en una síntesis nocturna y lisérgica. (las aventuras nocturnas sobre las esculturas de Chester se trasladaron a una historia del Doctor Extraño en la que este las transformaba en soldados vivientes). Si llegaba una nueva bronca de los editores, Starlin hacía que el personaje Adam Warlock fuese secuestrado por un payaso llamado ‘Len Teans’ (Stan Lee) que quería lavarle el cerebro e intentar convertirlo en un mediocre conformista.
Toda la realidad que vivían en pandilla tenía su correlación en el mundo del cómic y viceversa.

Si en un descanso de una convención de cómics en Vermont se permitían apartarse del bullicio para sentarse juntos, proporcionarse un buen viaje y abrir sus mentes hablando de la existencia de Dios, ya sabían que aquello resultaría en una traslación al plano gráfico próximamente. Y así fue. Gracias a estas epifanías alucinógenas el ínclito Starlin fue modelando paso a paso las claves que lo llevarían al culmen del rescate de ese ‘Universo Cósmico Márvel’ que había quedado cerrado y prohibido tras la salida del legendario Jack Kirby de la redacción, incluso reutilizando viejos héroes ya creados por Kirby o readaptándolos directamente.

CIBASS Evolución de los diseños a partir del personaje base de Starlin

*El personaje original Doctor Weird y su evolución desde el original (Doctor Extraño), Drax y Adam Warlock

Además de llevar al Capitán Marvel al paroxismo de la trascendencia espiritual, retomó y reformuló al viejo personaje abandonado Adam Warlock como una especie de moderno mesías que tenía que enfrentarse a sus peores pesadillas. En uno de sus momentos más anti-autoritarios, Starlin tomó personalmente una posición en contra de casi cualquier institución eclesiástica (estaba en su propio reboot libre-cristiano), lo que condujo a Warlock a encontrar por el cosmos una terrible ‘Iglesia de la verdad’ dispuesta a conquistar el Universo conocido y capitaneada por el Magus, una versión futura de si mismo en la que se convertía en un dictador religioso.

Tras un proceso de salida de Marvel (extraños episodios creativos como el de intentar crear un personajede cómic basado en el Kung-Fú de David Carradine, por ejemplo) en el que recaló en DC y dejó su impronta en el mismísimo Batman (‘Una muerte en familia’) y como si de una metáfora de redención personal se tratase, en el propio periplo vital de Starlin faltaba alcanzar la cumbre de su evolución profesional para entregarnos lo mejor de todas sus visiones, la condensación de sus sueños en una suma de sus personajes propios y de todo el universo Marvel al completo. Aquella vuelta a la casa de las ideas nos trajo la sagrada trilogía del infinito, una sucesión de enormes crossovers en el que participaban absolutamente todos los héroes del universo Marvel en unas tramas cósmicas de lucha y superación entre los hitos más importantes de la dimensión espiritual. A partir de los personajes base de Thanos, Warlock y la existencia misma de unas gemas que juntas podían otorgar a su poseedor el poder de transformarse en un dios viviente, controlando todos los aspectos de la existencia, Starlin jugó a dotar a Thanos de una enamorada obsesión por la personificación de la muerte, a la que buscaba seducir ofreciéndole las vidas de todos los seres vivos del universo.

CIBASS Portada del primer número de La Guerra del Infinito dibujada por Ron Lim y Al Milgrom

*Portada del primer número de La Guerra del Infinito dibujada por Ron Lim y Al Milgrom

A partir de ahí se iniciarán las tres series que llevarán al culmen todas las obsesiones que Starlin había acumulado durante décadas: El guantelete del Infinito (la historia de la acumulación por parte de Thanos de las seis gemas para convertirse en un Dios viviente y conseguir el amor de la muerte), la guerra del infinito (con la reaparición del Magus como una consecuencia de la expulsión de la parte negativa de Warlock durante la fase en que tras derrotar a Thanos tuvo que responsabilizarse del guantelete) y la cruzada del infinito (en la que todos los superhéroes vuelven a reunirse esta vez para derrotar a la parte positiva de Warlock -La Diosa- que desea salvar del pecado a todo el mundo a costa de esclavizarlo).

Una trilogía desigual bajo mi punto de vista, en la que al igual que en la trilogía de El Padrino, la primer parte sienta unas buenas bases, la segunda alcanza el clímax y la tercera, ausente de un ritmo y una cinética adecuada (y además expandiendo el argumento de la segunda) apenas sirve para recoger los trastos y dar un cierre a la experiencia.

Yo personalmente destacaría la segunda parte, en la que el trabajo conjunto de Starlin y Al Milgrom consiguen una experiencia visual muy completa, y en la que curiosamente y a pesar de contar con la presencia de todos los superhéroes de la tierra, estos solo llegan a tener una importancia secundaria ya que en el fondo no son más que carne de cañón con la que Galactus intenta llenar el campo de batalla mientras que grandes figuras cósmicas como Eternidad, Infinito o el Tribunal Viviente intentan descifrar las intenciones del Magus y tomar decisiones lo más estratégicas posibles.

CIBASS Adam Warlock contra el Magus en La Guerra del Infinito

*Adam Warlock contra el Magus en La Guerra del Infinito

Y Adam Warlock inmolándose (one more time) para intentar salvar al universo de la maldad del Magus, en un épico encuentro del bien contra el mal de dimensiones cósmicas.

Al final de la batalla, Thanos se pregunta frente a su espantajo si ahora es un héroe o un villano. Y se responde a si mismo que tal vez ni una cosa ni la otra. Solo quizás un poco más sabio. Como si el propio Starlin al final de un ciclo vital estuviese haciendo su propia retrospectiva.

Jim Starlin, ni un héroe ni un villano, simplemente un autor en el sentido más completo de la palabra, un creador que mezcló como nadie sus experiencias vitales y sus disquisiciones con las motivaciones de sus propios personajes. El tipo que nos devolvió la dimensión cósmica del Universo Marvel más empoderada que nunca mientras mantenía como homenaje al maestro Kirby los puntos negros de energía cósmica que solía usar.

*¿Y ahora que eres tú Lord Thanos? ¿héroe? ¿villano? ¿ni lo uno ni lo otro?

*¿Y ahora que eres tú Lord Thanos? ¿héroe? ¿villano? ¿ni lo uno ni lo otro?

Un tipo auténtico. Al que vale la pena leer.

 


One Response to “Jim Starlin y casi todo lo que Marvel le debe al LSD”

  1. Steve_Rogers says:

    Maravilloso!

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