De Quentin Tarantino (Knoxville, 1963) se ha dicho y escrito casi todo. De su objetivo talento como narrador con especial habilidad para colocar y mover una cámara, para dirigir actores y para utilizar la música (reciclando, reutilizando y rescatando) en pro de sus escenas, lo que más nos ha llamado siempre la atención es su capacidad para reconquistar subgéneros despreciados y olvidados tanto por público como -y sobretodo- por la crítica para no sólo hacer algo interesante con ello sino para volver a hacer que parezcan lo más cool y novedoso del universo. Hablamos del spaghetti western, el giallo, el cine blaixploitation o las artes marciales. Si bien en Reservoir Dogs estas influencias estaban en los diálogos y en detalles de los filmes, Tarantino pronto se lanzó a realizar películas cuyas influencias eran absolutamente explícitas, caso de las dos partes de Kill Bill, de Jackie Brown, de Death Proof (especie de versión moderna de Punto limite cero) o de Django Unchained.
Precisamente por el carácter rudo, vengativo, sucio y sangriento del spaghetti western casi desde el comienzo de la carrera del director se ha esperado (hemos esperado) una película de ese genero nacido del oeste americano y rodado en Tabernas o en los Albaricoques. Y tampoco se hizo esperar tanto, Django unchained era el séptimo film del de Knoxville y aunque reciclara canciones de la maravillosa El día de la ira (Tonino Valerii, 1967), tomara el nombre de la sobrevalorada película de Sergio Corbucci e incluso tuviera un cameo de Franco Nero nos seguía pareciendo un batiburrillo de influencias demasiado amplio como para considerarla el renacimiento del género con nombre de pasta italiana. La película protagonizada por el anteriormente oscarizado Jamie Foxx era divertida, tenía casi todo lo que buscamos en Tarantino pero no era La muerte tenía un precio ni en base ni forma.
Con The hateful eight (que se estrena en España este quince de enero) pasa algo parecido aunque salvando las distancias. La película no juega con mil influencias explícitas, género musicales y escenas que nos recuerdan a clásicos de la serie b, sino que se acerca más a Reservoir Dogs o Pulp Fiction en estructura narrativa y ofrece un filme más minimalista e íntimo pero con toda la carga de los diálogos de Tarantino (y siempre bajo el contexto del western) pero en el frío Wyoming en invierno. La nieve ofrece el soporte onírico a una historia que tiene la firma y características cinematográficas del director grabadas a fuego en cada palabra y que sin embargo nos parece alejada del resto de su filmografía, cosa que no sólo no entorpece el placer de su visionado sino que la convierte en imprevisible y hermosa a diferentes escalas.
The Hateful eight (o Los odiosos ocho en España) sitúa su historia pocos años después de la guerra de secesión en una diligencia que avanza bajo el invierno de Wyoming con el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su presa Daisy Domerge (una asesina interpretada por Jennifer Jason Leigh). Ambos intentan llegar a una parada de diligencias para montaña donde hospedarse hasta que cese el temporal y es en el camino donde encuentran a un ex soldado de la unión llamado Marquis Warren (el habitual Samuel L. Jackson) y a un paleto sureño llamado Chris Mannix (interpretado por Walton Goggins) que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo al que se dirigen. La cosa se complicará al llegar a la posada y descubrir que tienen compañía, unas gratas personas de sospechoso perfil que complicarán la vida más de los esperado tanto a John Ruth y su misión como a sus dos nuevos acompañantes.
En esta su octava película, Tarantino construye a lo largo de tres horas un puzzle basándose de nuevo en las grandes bazas del diálogo, las actuaciones, el carisma de los actores y un entorno cerrado y limitado (una cabaña en medio de una tormenta de nieve) que sería una pesadilla para cualquier director y en la que el realizador sabe moverse como pez en el agua, cosa que ya comprobamos en Reservoir Dogs. Un placer hipnótico y violento que se cuece lentamente y que no saldrá fácilmente de tu cabeza. Quentin Tarantino ha vuelto tan sangriento como siempre con un menos es más tan sencillo en su contexto como complejo en su ejecución. Maravillosa.
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