Rogue One: el Star Wars sucio que hizo Disney

Por JD Romero, @JD_Romero23

A pesar de no querer ser pedante ni sensiblero, se hace extraño comenzar la crítica de una película cuando pocas horas antes se anunciaba el fallecimiento de una de las actrices de la saga principal. A pesar de que hay personajes como Han Solo o Darth Vader cuya definición se ha hecho más legendaria con el paso de los años, no cabe ninguna duda de que Carrie Fisher, su figura, su rostro y su carrera son inseparables de una franquicia de películas que nos hizo soñar frente a la televisión o la pantalla del cine, algo innegable. Su carrera está tan ligada a la de la saga galáctica por excelencia que no podemos sino sentir cierta tristeza, porque una parte de aquello que hemos amado desde que tenemos uso de razón acaba de irse de una u otra manera y ahí es donde cada uno debe establecer su línea o su dolor.

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Pero situémonos un poco. Cuando Disney compró Star Wars (o mejor dicho, Lucasfilm) en octubre de 2012 todos nos hicimos la misma pregunta que cuando se hizo con Marvel. La primera de las cuestiones es si se pasarían los próximos proyectos cinematográficos (y de toda índole; animación, cómics, libros…) por un filtro accesible o infantilizado y por otro si se prostituiría de algún modo la esencia de una saga mágica, aunque de lo segundo ya se había encargado en parte el propio creador de ese universo. Pero llegó el estreno del Episodio VII y tras un hype como no habíamos nunca en la historia del cine -al menos para los que nacimos en los ochenta y hasta ahora- y la película tenía en teoría (y un poco en práctica) todo lo que queríamos; sets reales, desarrollo de personajes, vuelta a la aventura y un sentido del humor que no daba verguenza ajena, aparte de la innegable habilidad del señor Abrams para dirigir películas. El problema es que esa historia nos sonaba; un poco de maquillaje, algunos personajes bien trazados, todo el ruido del marketing y la publicidad y cuando nos dimos cuenta habíamos visto un remake del episodio IV. Y es que quedaba claro que Disney no iba a perder la oportunidad de enganchar a los más jóvenes a su franquicia más prometedora justo ahora que había pagado una ingente cantidad por ella. Se hizo básicamente lo que Sony intentó con la nueva Cazafantasmas un poco más tarde; darle un lavado de cara, cambiarnos lo superficial y ofrecer la misma historia con misma estructura. Aunque al menos a Disney le ha funcionado la jugada a nivel económico.

De ese modo (y aunque el Episodio VII tiene la mayoría de cosas que echábamos de menos en La amenaza fantasma, El ataque de los clones y La venganza de los Sith) nos quedamos con ganas de sentir algo realmente nuevo en el universo de Star Wars, más allá de los nuevos cómics y series de animación. De ese modo y al poco tiempo de estrenarse el último episodio se anunciaba una película del universo protagonizada por todos esos héroes anónimos cuyos nombre se pierden entre los supuestos verdaderos protagonistas del ardor de una batalla. El filme se llamaría Rogue One y si para Disney significaría una nueva razón para embolsarse una buena cantidad de millones de dólares, para nosotros sería una oportunidad de descubrir Star Wars saliendonos de la autopista principal y mirando ciertos recovecos que hace muchísimo descubrieron aquellos seguidores del universo expandido y que un servidor siempre ha ignorado por alguna u otra razón, aunque especialmente por simple pereza.

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Y llegado el momento del estreno nos llama la atención ciertas cosas, primero la ausencia de las clásicas letras de Star Wars viniendo hacia nosotros en la inmensidad de la galaxia. Y es que desde los primeros segundos vemos que la guía de estilo del film está voluntariamente alejado de las películas que siguen el hilo oficial o general de la historia, es decir; los episodios numerados. También notamos varias cuestiones; el director Gareth Edwards ha ensuciado la película más que cualquier otra de la saga, haciendo uso de aquello que llamamos “universo usado” con brillantez, se nota que quería transmitir que lo suyo era una película bélica ambientada en el marco de Star Wars y de camino quitarse presión subrayando que las películas principales de la franquicia son otras. Por otro lado, notamos cierta ausencia de humor (hay ciertos retazos, pero nada destacable) y una definición de personajes más dibujados por su estética indumentaria y sus rasgos étnicos que por unas personalidades bien trazadas, incluyendo a los dos carácteres que podríamos considerar principales; Felicity Jones y Diego Luna. Y es que al igual que en Godzilla, Gareth Edwards es capaz de crear una buena ambientación y sabe dirigir acción pero no es el mejor a la hora de lograr empatía entre el espectador y sus personajes. Jynn y Galen Erso o Chirrut Imwe (nombres poco inspirados, todo sea dicho) recitan sus sentimientos porque el director es incapaz de hacernos sentir con imágenes, y exceptuando la escena inicial y la final de Vader en modo destroyer el resto entretiene y divierte pero no emociona, algo que si se le daba jodidamente bien a JJ Abrams, por mucho que las comparaciones sean odiosas y los tonos sean absolutamente diferentes.

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Aun así, la película cumple sobremanera con su cometido. Una película bélica que bien podía haberse ambientado en la segunda guerra mundial, en el universo de Riddick o en Star Wars y en la que unas personas llevan tanto tiempo luchando en modo automático por una utopía que una nueva misión kamikaze (robar los planos de la estrella de la muerte, nada más y nada menos) es todo lo que necesitan para unirse y darle sentido a sus vidas formando un equipo multiracial y ecléctico de brocha gorda. La película recupera la esencia de lo mejor de la saga cuando hay pocos personajes en pantalla (la ambientación ayuda mucho) y se torna excesivo y frío en las escenas ruidosas. Rogue One no es una película cuyos personajes vayamos a amar dentro de treinta años, pero es una más que aceptable película marcial de seres perdidos que lo darán todo por una causa en la que estaban más por militancia que por ilusión y a la que vuelven con toda la seguridad de aquel que es capaz de sacrificarse por sus ideales. Un film precioso en su estética, con medidos cameos (algunos digitales), básica en el delineado de personajes pero que, sin embargo, ofrece la sensación de haber asistido a gran parte de aquello que nos habíamos perdido en un universo tan grande como portentoso como experiencia.

La pieza ha encajado.

CIBASS Puntuación CIBASS Tres puntos y medio

 


One Response to “Rogue One: el Star Wars sucio que hizo Disney”

  1. Camarasa says:

    Mi valoración es que lo que RogueOne nos da RogueOne nos quita. Todo cambia para que no cambie nada.

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