Sidetrack City y las ciudades honestas de Kaz

Por David Rodríguez, @davidjguru

Decía Syd Mead sobre su trabajo para Blade Runner que él se imaginaba un futuro donde las cosas ya no se repararan realizando una sustitución, si no directamente superponiendo los nuevos elementos sobre los viejos, de tal manera que a nivel visual, los edificios fuesen a nivel externo como una extraña superposición de capas, de nuevos módulos, de cables sobre cables, creando composiciones menos estéticas sobre las ciudades, pero más orgánicas, más reales, más lóbregas y sobre todo, más desasosegantes.
Mostrar que las ciudades eran realmente organismos pero organismos enfermos en pleno proceso de descomposición. Sí, así lo veía y así lo propuso.

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No sabemos a ciencia cierta si nuestro lituano favorito y crecido en Nueva Jersey había leído estas visiones de este “futurista visual” (como se describió Mead a si mismo), pero está claro que existe algo de vínculo. No sería descabellado que lo tuviese en consideración, ya que el nivel de Kaz – al margen que se tome poco en serio a si mismo – llega a impresionar: alumno de Harvey Kurtzman y Art Spiegelman en la School of Visual Arts de Manhattan, amigo por correspondencia del mítico Robert Crumb, que vivía en la otra costa – era difícil quedar para tomar algo- y hasta con el que se permitía alguna bronca por un quítame esos colores de allá…guionista de Bob Esponja, Phineas y Ferb y Camp Lazlo…publicado en cientos de revistas y fanzines…Sí Kaz en realidad no es cualquier cosa. Es un tipo afortunado que ha tenido la enorme suerte de vivir bien de su arte y su trabajo y además, es un tipo honesto. Como las ciudades que plantea a lo largo de la sucesión de historias recopiladas en “Sidetrack City”, una edición en castellano que reúne en torno a la historia central del mismo nombre creada por Kaz en el 91 otras historias publicadas por el maestro de Hoboken en otros medios como la Weirdo, el L.A Weekly, el New York Press o la revista heavy Metal. 75 páginas en total con algunos denominadores comunes que hacen de esta edición algo muy, muy especial: rompen el formato en el que estamos acostumbrados a disfrutar de la obra de Kaz (no son tiras de cuatro viñetas en formato prensa), los personajes son mayormente nuevos (salvo excepciones como el Chico Tímido o algún cameo de Nuzzle el Yonqui), casi todas las historias tienen un fuerte vínculo con las experiencias lisérgicas del autor y sobre todo, en todas las historias hay un personaje constante que causa consternación, desasosiego y fascinación – la ciudad – que como en los mejores relatos de terror estratégico, esto es, ambiental, el entorno ocupa aquí un papel preponderante y se convierte en un elemento interpretativo más del guión. La ciudad, las ciudades de Kaz. Donde no duerme nadie.

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El trabajo de Kaz levanta la alfombra que tapa la porquería acumulada por la masificación urbana, mostrando una realidad que apenas llegamos a intuir cuando percibimos que en realidad nos manejamos dentro de entornos que suponen un enorme vertedero emocional de soledad, aislamiento y dolor. El hecho que solo a veces lleguemos a reconocer que estemos rodeados de monstruos tampoco ayuda a interpretar la ciudad o la gran ciudad en términos positivos. Las ciudades de Kaz son nuestras ciudades realmente, superestructuras nocivas para el usuario pobladas por verdaderos monstruos, diseñadas por adoradores del bajísimo (Satán es mi señor), que nunca tuvieron intención alguna de satisfacer las necesidades de la ciudadanía. Unas arquitecturas imposibles que en realidad no dejan de venir a decirnos que para nada la forma sigue a la función cuando esta es positiva o incluso que tal vez sí lo esté siendo cuando la verdadera intencionalidad de la urbe es la de hacernos enloquecer, lo que vendría a ser una alienación absoluta del hecho vital.

En la obra de Kaz en general, pero en esta recopilación en particular mucho más – por su formato – puede valorarse mucho mejor el aspecto de que las ciudades son el verdadero antagonista de los personajes y de incluso el lector, son las manifestaciones más hostiles de la interpretación de Kaz acerca de las relaciones entre ciudadanía y entorno, espacios saturados, extraños, construidos y reformados, con edificios de añadidos inquietantes como profetizaba Syd Mead, con la amalgama entre lo duro y lo blando (hasta muletas Dalinianas pueden verse sosteniendo artefactos)…unas urbes que consiguen incomodar hasta al mismísimo demonio, que en una de las historias recopiladas en este volumen (“La tragedia de Satán”, página 7 ), se abre paso hasta la superficie con la idea de encontrar el amor, para poder llegar a tener corazón, y aspirando a llegar a ser bueno, se involucra en historias muy chungas de proxenetas y prostitutas y en su drama, termina llorando y dolido de vuelta a su inframundo. Lástima. Pero solo es una más de las historias recopiladas por Autsaider cómics para envolver al asunto central de la edición, la historia llamada”Sidetrack City”, un relato largo protagonizado por Bizmark y sus pequeñas alucinaciones y brotes psicóticos que incluyen hasta las apariciones de una extraña deidad representada por una cabeza de cerdo volante, un elemento surrealista de este universo mental poblado por seres imaginarios pero antropomórficos (más o menos) que recorren una enferma ciudad en busca de algo que no encuentran, porque en los mundos de Kaz, como en el mundo real, al final tampoco nunca se resuelve nada de manera definitiva.

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Yo propongo desde Canitbeallsosimple (su blog amigo) la lectura del volumen editado por Autsaider como un antídoto perfecto para películas y series que muestran que las grandes urbes son entornos de ensueño donde ser felices y vivir una vida divertida entre adultos con trastornos madurativos y problemas de adolescentes. Si es usted alguien que ha quedado sobreexpuesto a series como Friends o películas de Woody Allen, la obra de Kaz está recomendada y queda indicada desde este momento como medicina para superar su enfermedad. Dese un paseo por esos entornos y esa gráfica que es como el jardín de las delicias del Bosco pero pasada por el tamiz mental de un lituano inadaptado puesto de LSD. Todo empezará a quedar meridianamente claro. Empiece a pensar que tal vez los Hikikomoris tengan razón y solo nos movemos en pozos de psicogeografía chunga dominada por el caos y los monstruos.
Entornos caóticos y monstruos. Pero al menos los monstruos de Kaz son de una inocencia sobrecogedora, es decir, no le hacen daño a nadie.

Sidetrack City y otras historias extraordinarias

Autor: Kaz

Editado por Autsaider Cómics: http://www.autsaidercomics.com/sidetrack_city.html

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos


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