El día de los muertos: la película de la que nunca debimos dejar de hablar.

Por Scott Burton

 

Recuerdo perfectamente mis dos grandes traumas infantiles: El exorcista y El día de los muertos. El primero un clásico dirigido por William Friedkin en 1973 y reconocidísimo hoy como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, si no la mejor. La segunda dirigida por George A. Romero en 1985 y todo un must del videoclub con la que tuvimos pesadillas millones de niños y y que hoy parecemos haber olvidado. No deja de ser curioso como ese horror que se queda en la rutina de la infancia de medio mundo puede ser reivindicado y subido al altar de la historia o relegado al rincón de las películas de las que sólo se acuerdan los que ven el cine como algo mucho más importante y crucial que un mero pasatiempo en dvdscreener. Y, ojo, no estoy diciendo que El exorcista y El día de los muertos tengan la misma calidad cinematográfica, pero sí que el lugar que la historia ha dejado a la segunda es bastante indebido.

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La película de Friedkin fue capaz de lograr la ambientación y la situación de indefensión ante algo terrorífico, incontrolable e imprevisible como ningún director antes o después en la historia del cine, pero eso no quiere decir que sea justo el olvido que hemos sometido a la obra de Romero. Si tenemos en cuenta que otras que también nos dejaron en shock (como El final de la escalera, Poltergeist, Pesadilla en Elm Street o Viernes 13) han sido más que reivindicadas con el tiempo. Incluso las dos obras de género zombie que el director realizó con anterioridad (hablamos de La noche de los muertos vivientes y de Zombi) han sido tratadas más justamente por el tiempo; la primera por tratarse de la película que sentó las bases y reglas del género y la segunda -además de por su innegable calidad filmica- porque el remake libre que hizo Zack Snyder en 2004 (El amanecer de los muertos) la colocaba en su sitio y volvía a generar interés por la obra en la que se basaba.

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En El día de los muertos se nos sitúa en un planeta tierra en el que hay un humano por cada medio millón de zombies. En un antiguo bunker del gobierno se refugian un reducido grupo de científicos y militares intentando dar con una cura al fenómeno o al menos con un modo de controlar la actividad de los no muertos, que se reduce básicamente a intentar alimentarse de humanos no infectados. Como suele ocurrir, la presión de vivir bajo tierra (aunque de vez en cuando realizan escapadas en helicóptero para aprovisionar el campamento subterráneo e intentar encontrar a más personas) acabará explotando en una lucha interna entre militares contra civiles y científicos que Romero aprovecha para contarnos como el peor enemigo del hombre es el propio hombre.

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A pesar de que hay zombies con un trabajo de maquillaje espectacular (Tom Savini y Gregory Nicotero al cargo) también hay otros que chirrían un poco en su visionado actual. Aun así y obviando las cuestiones fruto del inevitable paso del tiempo, la película sigue siendo notable. Romero es capaz de cerrar su particular primera trilogía sobre el mundo zombie de un modo negativo y poco esperanzador en el que albergamos poca esperanza en el ser humano, incapaz de vivir sin su egoísmo y su maldad intrínseca. Con un comienzo espectacular -y difícil de olvidar para aquellos que la vieron durante la niñez- El día de los muertos pasa a construir los diferentes personajes (y su adaptación a un modo de vida privado de los placeres y libertades de un mundo anterior) de manera ejemplar, hasta el punto de que los zombies son una excusa para una película que ya es fantástica por la construcción de unos personajes en un entorno muy concreto.

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George A. Romero fue capaz de ir un poco más allá y acabar con unos prejuicios que serían subrayados en los ochenta y tomados como una regla general a día de hoy y es el tópico de que no puede haber películas con gore y casquería sin un mensaje mucho más complejo y profundo. El director de apellido español dibuja unos personajes y sus conflictos de modo maravilloso y sin embargo cuando se trata de dar vida a los zombies y sus ataques lo hace de un modo cruel y explícito que nos transmite esa sensación de situación de pavor, de estar ante un mundo en el que nos encontramos en una situación de frustración y desilusión contínua. El día de los muertos es una de las mejores películas de terror de los ochenta y -en mi opinión- la obra más redonda de un director que sentó las bases de una mitología hoy tan sumamente explotada como interesante, además de ser una de las obras más perfectas jamás realizadas sobre el género zombie. Lo más curioso de todo es que parece que Romero utiliza a los muertos vivientes como excusa para hablarnos de algo mucho más profundo y complejo. Maravillosa.

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos


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