Y soñar que todas ellas fueran Mina Mazzini

Por Doctor Cancamusic, @DRCancamusic

Allá cada cual con su ideal y versión de la feminidad que siga y que persiga. Me da igual que sean ellos o ellas, que sea una búsqueda hetero u homo. En realidad me importa muy poco. Lo único que me importa de verdad es que al menos persigamos a esa persona por la que valga la pena dejarse la piel. Alguna persona de esas que no te recomienden, de las que te adviertan previamente, que vaya oliendo a azufre y sea capaz de asegurarte que cuando termines tirado (o tirada) en una cuneta con el corazón hecho una mierda y sentimentalmente mutilado, al menos sepas dentro de ti que la historia realmente valió la pena.

Sí amigos y amigas, eso podría ser una buena síntesis final de amor. Dejaos de tronistas, esbeltez y tonterías para buscar a esa persona que tenga el carácter suficiente como mandaros a la mierda a la primera pamplina. Esa persona que realmente sepa sobrevivir sin vosotros, que sepa tejer una relación de igual a igual. Incluso que te supere en su ego y su proyección. Y ponte a trabajar duro, que eso si que es un reto.
En mis fantasías, todas ellas son como Mina Mazzini: todas pueden decidir y deciden por si mismas. Todas acceden a una relación de pareja como intención intelectual de crecimiento y no como necesidad orgánica. Todas le hablan cara a cara a la soledad y saben convivir con ella. Todas en definitiva, pueden mandar a la mierda si hiciese falta a todo un país entero. Y enviar lejos a todo un país es un ejercicio bastante complicado. Es como ese pesar diario por vivir en un exilio interior llevado a sus últimas consecuencias: que os jodan, que me voy.

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Y es solo una muestra más del carácter y la personalidad de la nombrada Mina; una mujer suficientemente libre como para ser madre soltera en un país hipócrita dominado culturalmente por la apariencia y enfrascado en una búsqueda constante del “parezco, luego soy”. La Italia de los años 60 (si hubo alguna vez un momento sencillo en la historia de Italia) no tuvo que ser muy buena etapa para las mujeres libres. Así cargó con su censura en la maldita RAI (su embarazo era un escándalo para la sociedad de la época) y siguió trabajando en su música. Si el festival de San Remo era (y es) un escándalo de nepotismo y chanchulleo y se atrevía incluso a ningunearla, ella planificaba cuidadosamente su vendetta…que fue no más ni menos que año tras año seleccionar cuidadosamente uno o dos buenos temas despreciados por el festival en cada edición, versionarlos e incluirlos en sus discos. Genio y figura. Y como decía Maiakovski en aquel poema…a tomar viento lo demás.

Te queremos Mina. Te quiero. No me malinterpretes: no creo que sea un loco peligroso, un enfermo, o que vaya a terminar haciéndome vestidos con la piel de mis victimas. Es solo una declaración honesta: Te persigo en sueños y pienso mientras te observo que en una noche podrías clavarme el picahielos de Sharon Stone tras sacarlo de debajo de la almohada, pero no me importa, seguro que el polvo sería de campeonato. Que me dejarás lamiéndome las heridas pero flipando, así sin medias tintas: un viaje completo en una montaña rusa con el carácter suficiente como para rechazar las invitaciones a firmar la paz con un actor como Alberto Lupo en el montaje de Parole, Parole. Ser rechazado por una mujer así tiene que ser especialmente jodido.


Te imagino en tu casa de Lugano como Superman en su fortaleza de la soledad, escribiendo, grabando y recibiendo a las ilustres visitas que acuden a tu llamada para rendirte pleitesía y cantar juntos los dúos de tus discos.
Te escucho con tu registro de soprano dramática de agilidad interpretando las arias más populares de las cuatro óperas más famosas de Puccini: Turandot, La bohème, Manon Lescaut…Tosca…o en cualquiera de tus más de cien discos publicados, que para algo eres algo así como una estajanovista de la música. Mina eres única. Pienso que a pesar de haber nacido en un muy lejano ya 25 de marzo de 1940 sigues siendo joven y no desaparecerás nunca. Al menos hasta que la ciencia haya alcanzado la capacidad suficiente como para clonarte y volver a tenerte una y otra vez cantando y actuando para nosotros, para el mundo.

¿Sabes? paso olímpicamente de eso de “La Tigresa de Cremona” que me parece más marketing que otra cosa, como si a ti hiciese falta ponerte un apodo para subrayar tu fuerza o de que se te considere la mejor cantante blanca, o tus cuatro octavas y dos tonos (bueno, de esto no paso mucho porque de tus capacidades vocales habría que escribir mil artículos más), o de que fueses la primera mujer en salir en minifalda en la omnipresente RAI de la época (esto es más divertido que otra cosa, porque Italia es demasiada Italia). En realidad todo eso me importa muy poco. Acudo a ti o más bien evoco tu recuerdo como una mujer libre, autónoma, fuerte, independiente, y última instancia, solitaria.


Ojalá me amases o al menos me quisieses un poco. Ojalá tuviese yo la suerte de sublimar mis pequeñas pulsiones emocionalmente masoquistas junto a ti, sufriendo por ser necesitado como cualquier hombre estúpido. Por favor, compréndeme: eres para mi la proyección de diferentes facetas interesantes de la feminidad. Quisiera que lo supieras y que me dieses una oportunidad. Que como en el poema de Benedetti, algún día por fin me necesites.

 

Eres grande Mina. Eres la más grande.


2 Responses to “Y soñar que todas ellas fueran Mina Mazzini”

  1. Pelayo says:

    Que gran cantante

  2. Giampaolo says:

    Mira que habré leído artículos, reflexiones y todo tipo de reseñas sobre Mina. Las hay para todos los gustos, es cierto, pero abundan las mediocres y desinformadas. Y hoy, por fin, me encuentro con una inteligente, diferente y bien planteada. Gracias, tu enfoque me parece una reflexión desde un ángulo completamente diferente. Y, sutilmente, se nota bien documentada, aunque sea por ese adjetivo de “estajanovista” que su propia hija, Benedetta, le dedicó cuando grabaron juntas un dueto… Grande tú!

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