Richard Pryor, Omit the logic: La triste vida del tipo más gracioso de la historia

Por JD Romero,@JD_Romero23

La utilización del humor como máscara y escudo a la tristeza no es algo nuevo, sino casi una regla fija en la vida de algunos de los comediantes más importantes de la historia. Y Richard Pryor la cumple a la perfección. Omit the logic narra en formato documental y con numerosas imágenes de archivo y entrevistas para la ocasión la vida del cómico de la mano de sus ex mujeres, representantes, compañeros de trabajo y amigos personales como Quincy Jones o Mel Brooks y fans como Robin Williams o Dave Chappelle. Dirigido por una experimentada Marina Zenovich (que cuenta con varios documentales a sus espaldas, dos de ellos sobre Roman Polanski) y que en poco más de una hora es capaz de dibujar la vida de uno de los mejores humoristas de la historia bajo la producción de Showtime.

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Pero vayamos al grano. Criado en un prostíbulo, con madres y tías prostitutas y con su abuela como propietaria del burdel. Rodeado de chulos y putas, la vida de Pryor es como esa que cuentan los raperos en sus letras pero con la diferencia de que su historia si era real. El bueno de Pryor aprendió desde muy pequeño que la vida podía ofrecerte tanta mierda que uno se podía reír de todo y precisamente esa fue la mayor baza de su carrera: un lenguaje explícito (lo que luego sería una constante en los humoristas afroamericanos) y hacer humor de cualquier cosa sin tabúes de ningún tipo. El joven Richard admiraba a Bill Cosby y no pararía hasta superarlo.

Nacido en Illinios en 1940, Richard Franklin Lennox Thomas Pryor comenzó su carrera muy joven y pronto destacó por analizar en clave de humor algunas de las costumbres de los de su propia raza y por ser una especie de observador agudo y en clave de humor de la sociedad norteamericana. Palabras políticamente incorrectas como nigga o motherfucker se convirtieron rápidamente en su punch line, y aunque en sus comienzos fue despedido de algunos hoteles y locales por referirse a su público de este modo, pronto alcanzó el estrellato y empezó a hacer giras por todo el país y apariciones en los mejores programas de televisión, incluyendo su propio show de televisión. Pryor parecía ser el carácter enérgico, deslenguado e imprevisible que conectaba con una América aletargada que veía en él no sólo el tipo más gracioso que habían visto nunca sino también el alma y la autenticidad de la calle encima de un escenario.

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Los contratos multimillonarios para discos con sus particulares historias no tardaron en llegar, ni tampoco para películas. El de Illinois editó ocho discos oficialmente y apareció en más de quince películas y se convirtió no sólo en una de las caras más populares de América, sino en un tipo multimillonario. Y con el dinero salieron a flote sus vacíos personales. Narran sus ex parejas en el documental como para él las mujeres eran un simple trofeo (tampoco era de extrañar teniendo en cuenta donde se había criado) y que se casaba continuamente a modo de premio con la chica que más le gustara en ese momento pero que poco después se cansaba. Y no parecen exageradas las declaraciones de algunas de las mujeres que compartieron su vida, puesto que el humorista estuvo casado siete veces con cinco mujeres diferentes y la mayoría de estos enlaces le duraron menos de un año.

Pero el problema no eran sólo las mujeres. Con la fama y la fortuna nacieron, o más bien salieron a flote, las heridas de la persona. Partidas de cartas en su mansión hasta altas horas de la madrugada acompañadas de cocaína, alcohol, puros, tabaco y todo tipo de drogas empezaron a dañar tanto el aspecto físico como la personalidad de Pryor. Cuarenta millones de dólares adelantados por Sony para proyectos cinematográficos le daban la tranquilidad suficiente para poder relajar la disciplina para un tipo que poco antes se levantaba a las siete de la mañana todos los días para jugar al tenis. La cosa es que no fue tan sencillo como un picoteo temporal, de la cocaína se pasó a drogas más duras y saltó la alarma entre sus mejores amigos, sus parejas y todo el elenco de representantes y personal de las productoras que pagaban millones por él. El asunto del abuso de drogas, alcohol y juego acabó con Pryor metiéndose fuego (literalmente) en el salón de su casa e ingresado con quemaduras en casi todo su cuerpo.

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Y con el culmen de la autodestrucción llegó el renacimiento. No sólo reconoció en televisión que había nacido un nuevo Richard Pryor matando al anterior, sino que con su visita a la tierra madre (ya saben, Africa) el comediante se negó a su vuelta a volver a pronunciar la palabra nigga. Y así fue. Pryor tuvo su séptimo matrimonio con la que anteriormente fuera su quinta mujer y pasó los últimos días de su vida en silla de ruedas pero contínuamente subido en un escenario entre monólogos y homenajes hasta que un infarto le paró el corazón a los sesenta y cinco. Omit the logic es un documental crudo y honesto que funciona en contraposición a las hilarantes imágenes de archivo de las actuaciones del humorista, la eterna ironía del hombre que hacía desconectar de su rutina a millones de personas para convertirlas por minutos en seres felices pero que era incapaz de lograrlo para sí mismo. El chiste de Pagliacci.

 

CIBASS Puntuación CIBASS Tres puntos y medio


4 Responses to “Richard Pryor, Omit the logic: La triste vida del tipo más gracioso de la historia”

  1. Sun says:

    En una sorprendente coincidencia hoy he visto Watchmen y ha sido la primera vez que oía el chiste de Pagliacci, contado por Rorschach que es un cachondo durante toda la peli. Vengo aquí unas horas después y veo una mención al chiste. El universo quiere decirme algo. O no.

    Interesate artículo, me veré el documental, gracias!

  2. […] Richard Pryor – La triste vida del tipo más gracioso de la historia: “Criado en un prostíbulo, con madres y tías prostitutas y con su abuela como propietaria del burdel. Rodeado de chulos y putas, la vida de Pryor es como esa que cuentan los raperos en sus letras pero con la diferencia de que su historia si era real. El bueno de Pryor aprendió desde muy pequeño que la vida podía ofrecerte tanta mierda que uno se podía reír de todo y precisamente esa fue la mayor baza de su carrera: un lenguaje explícito (lo que luego sería una constante en los humoristas afroamericanos) y hacer humor de cualquier cosa sin tabúes de ningún tipo. El joven Richard admiraba a Bill Cosby y no pararía hasta superarlo.” […]

  3. White Chocolate says:

    Un genio y el tipo con talento cómico más grande de todos los tiempos

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