10 cosas que hay qué hacer para no cagarla (otra vez) con Star Wars

Por Toni García Ramón, @tgarciaramon

Este es el nuevo año cero para Star Wars. El último año cero un servidor se encontraba en la cola del un teatro en Times Square, Nueva York, esperando a entrar a la proyección que el club de fans de La guerra de las galaxias había organizado para ver La amenaza fantasma.

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Recuerdo los rostros de todos aquellos tipos, disfrazados de Yoda, Chewbacca o Luke Skywalker. Recuerdo a un hombre en sus cincuenta que había venido -disfrazado de Darth Vader- desde la otra punta de Estados Unidos. Recuerdo el ambientazo en un cine lleno hasta la bandera para ver renacer la saga que les había hecho felices durante varias décadas. Por supuesto, también recuerdo las caras al salir del cine, los gestos de desaprobación, los comentarios en voz alta: “¿Pero qué cojones es esto?”.

Las dos siguientes entregas fueron aún peores y las hostias que se llevó George Lucas las recuerdan hasta en Mozambique. Aquel gandul barbudo que había sido un maldito genio en los años 70 había hurgado en la felicidad de millones de seguidores de la saga con una trilogía que no se sostenía por ningún lado.

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Hoy, con toda la modestia necesaria, proponemos un decálogo de errores que no deberían volver a repetirse y que haremos llegar –vía burofax- a JJ Abrams.

1 – El merchandising. A todos nos gusta comprar juguetes nuevos y algunos llevamos años coleccionándolos pero si el centro del proyecto Star Wars es vender más juguetes más vale que lo detengan todo ahora. Lucas, que se hizo famoso por quedarse con los derechos de la venta de merchandising cuando firmó su contrato con Fox, creyó que inventándose cuatro personajes nuevos con un look visual interesante ya lo tenía todo hecho. Los juguetes se vendieron, sí; de los personajes no se acuerda ni el Tato.

2- La perversión de los iconos. En La amenaza fantasma (y luego en las otras dos, cuyo nombre no recuerdo) se empezó a tomar por el pito del sereno al público, tratando de reescribir la historia de los personajes de La guerra de las galaxias. ¿A quién cojones le importan los traumas del niño que después se convertiría en Darth Vader si después la narrativa tiene la complejidad de un guión del Sálvame? Dejad en paz a los clásicos, no nos interesa el antes, nos interesa el después.

3- Los actores. El reparto de la nueva trilogía era un auténtico despiporre, empezando por ese papanatas llamado Hayden Christensen, que tenía el carisma de un ficus (sólo hace falta fijarse en su deslumbrante carrera posterior, en la que destacan películas como… como… bueno, su deslumbrante carrera posterior). También Natalie Portman pasaba por allí. Queremos actores. De los de verdad.

4- El guión. George Lucas no es un gran guionista. No hay duda de que sabe escribir pero de eso a ser guionista hay un buen trecho. Lo demuestra el hecho de que El imperio contraataca, la mejor entrega de Star Wars (y sobre esto no hay discusión), fue escrita por dos genios como Leigh Brackett (un habitual de Billy Wilder) y Lawrence Kasdan sin intervención alguna de Lucas. Un buen guión es la mitad del trabajo. Apúntatelo JJ.

5- Los efectos especiales. Si algo tenía la trilogía original es que a pesar de los maravillosos efectos especiales, la historia siempre estaba un peldaño por encima y existía un esplendido equilibrio entre forma y fondo. En las últimas entregas todo era un festival de luces sin ninguna traslación narrativa: grandes batallas espaciales que no tenían más peso en la trama que el hecho de que el espectador pudiera advertir lo mucho que habían evolucionado los efectos especiales. No repitamos ese esquema, ¿eh? Por favor.

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6- La identidad. Una de las grandes virtudes de Star Wars era la facilidad con la que el público se identificaba con los protagonistas. Todo el mundo quería ser Han Solo, Obi-Wan Kenobi o Luke Skywalker. En la última trilogía nada de eso sucedía: a mí me importaban un pito todos los personajes, incluyendo a esos jedis nuevos o al joven Obi-Wan. Si JJ Abrams ha sido listo recordará lo importante que es generar esa empatía con el público.

7- La mística. La fuerza o el lado oscuro son conceptos que todos conocemos, forman parte de nuestro ADN, como el Thriller de Michael Jackson o los Bulls de Michael Jordan. Lucas se olvidó de esa parte mística, de esa filosofía vital, y nos entregó tres películas sin alma, en la que todos los conflictos dramáticos resultaban tan forzados que era imposible darles crédito. Nadie debe olvidar, jamás, el poder del lado oscuro.

8- La música. Nada, en eso no hay nada qué decir. John Williams es el mejor y todos lo sabemos.

9- La nostalgia. En La amenaza fantasma (y en las otras dos películas cuyo nombre sigo sin recordar) Lucas no nos hizo ni un solo guiño: lo de Chewbacca era una broma. De mal gusto. JJ Abrams empieza bien dándole galones a Han Solo, metiendo a la princesa Leia y a Luke. Es imposible no tener ganas de ver a esos tres volver a cruzar la galaxia. Sí señores: la nostalgia es un –importantísimo- valor añadido.

10- Los putos ewoks. Si veo a un puto ewok no respondo de mí.


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