UMMO: ovnis en la barba de Jiménez del Oso

Por David Rodríguez, @davidjguru

Hubo un tiempo no demasiado lejano en que al entrar en cualquier vivienda familiar, solías toparte con algún libro de J.J. Benítez. Era inevitable. No existía un solo hogar sin al menos la primera  y la segunda parte de su longeva serie (creo que ya debe ir por la décima entrega o así). Todas las familias querían creer, editorial Planeta se ponía las botas y en la portada de la segunda parte que teniamos en casa habían montado la imagen de un caza TIE de Star Wars. Eso era el éxito. Show-Business, pero español.

¿Derechos? ¿Qué derechos? el pago de derechos son los otros

Si no me creéis (y esto va de creer) intentad hacer la prueba: revisad los estantes de vuestras familias y anotad una cosa: todo el mundo tiene una pequeña pieza de esta enorme historia en su propia casa.  Y con lo de “enorme historia” no me refiero al Caballo de Troya de J.J. Benítez –solo una cadena de piezas en este engranaje de décadas– sino a la gran trama que suma el origen de estas novelas, sectas varias, grandes casos de abusos a menores extrañamente judicializados, violencia, nazis en Albacete haciendo experimentos al más puro estilo “Hellboy”, cienciología y el comisario Villarejo: “UMMO – lo increíble es la verdad”, el nuevo gran-trabajo de Eduardo Bravo editado por Autsaider (División Sesuda) y una deuda parcialmente resuelta que algunos pensábamos que estaba pendiente tras su anterior lanzamiento “Villa Wanda”. Al fin y al cabo, uno suele verse más elegante y estilizado cuando se refleja en el espejo de los primos de Italia, que lo hacen todo igual pero con más finezza y trajes de chaqueta de mejor corte.

Faltaba una mirada (al menos) hacia dentro, a ver cómo era posible que nuestras mafias, nuestras élites, nuestras redes de extorsión y de saqueo no participasen de actividades de ocio parecidas, como es que una Gürtel nunca deja muertos ni apalizados ni desaparecidos…si nuestros primos de Italia eran capaces de todo eso que se articulaba en torno a “Villa Wanda”, entonces que no habríamos hecho nosotros, sus familiares a este lado del Mediterráneo. Sus primos bizarros, más embrutecidos, más gañanes,  menos elegantes.

Todo este sendero todavía no se ha recorrido por completo pero ahora, con este nuevo trabajo de Eduardo Bravo todos los caminos que llevan al Levante quedan algo más despejados de la hojarasca, malas hierbas y dificultades: se comienza con este nuevo libro a desentrañar una maraña que solo el autor decidirá dónde detener. Queremos creer y la necesidad de creer no es nueva, ni es anormal. Que nuestro guía tenga aspecto de misionero franciscano posmo solo depende de él.

No reirse de los ovnis de Aluche, por favor

Como decía, la necesidad de creer viene de largo pero supongo que debe responder a las exigencias propias del vacío. Será tal vez por eso que tras el progresivo abandono de la práctica de las religiones en los países de nuestra misma área cultural, muchas personas se pasaron al bando de la creencia majareta o en el mejor de los casos, intentaron combinarlo todo en una suerte de sincretismo tronao que justificase la presencia del crucifijo junto a los extraterrestres, los chemtrails o las antenas Wifi que en cuanto te descuidas empiezan a propagar cáncer de sida entre la población. El caso es creer, y en ese ejercicio de sustituciones al pensamiento mágico religioso lo empujaron fuera otras creencias absurdas como la homeopatía o el rechazo a las vacunas.

Todos y todas necesitamos un Deus Ex machina, una entidad superior que en cierto momento rasgue el cielo con sus brazos y les dé un golpe de mano a los malos, al más puro estilo de una animación de Terry Gilliam. Creer en hombres del espacio con superpoderes nos hacer mantener la esperanza y de manera complementaria nos permite relajarnos respecto a tener que tomar decisiones (“ojalá vengan e impartan justicia aquí”, “alguien vendrá y me hará la revolución”),  especialmente en tiempos difíciles. Eh, pero…un momento…si para los pobres y las clases humildes siempre es un tiempo difícil…¿será crónico este mecanismo? Yo no lo sé, pero voy a ponerme una pomada buenísima e infalible con Aloe Vera y ahora vuelvo.

Ya estoy aquí, decía –grosso modo– que había nacido una izquierda-reiki de creencias locas que pendía de las luengas barbas de Jiménez del Oso. ¿Y qué lugar ocupa el caso UMMO en todo esto? bueno, como bien viene a desgranar Eduardo Bravo en su último trabajo, parece ser que una posición bastante importante: tuvo una enorme repercusión durante muchos años, influyó en la creación de nuevos perfiles de charlatanes y cuentistas (desde tertulianos hasta expertos en Ufología, pasando por la nueva hornada de sacerdotes católicos expertos en OVNIS, que los hubo), generó mil problemas graves al darle justificación mágica a mucha gente peligrosa y por último también permitió a muchas personas ganarse el sueldo durante eones (Enrique de Vicente, todavía en activo).

Testimonios del avistamiento en prensa y plano del ovni UMMO en otro avistamiento

Para quienes tengan tendencia a rasgarse las vestiduras o a fingir asombro al descubrir que en un casino se practica el juego, queda todo el tema de Edelweiss…un juicio que tardó siete años en celebrarse, un líder con antecedentes por los mismos delitos para el que el fiscal pedía 450 años de cárcel, el juez le condenó a 168 años…y salió a la calle en seis. Al tercero de a bordo, por cierto, lo indultó el gobierno del PSOE en 1994. Arrastramos un problema de cloacas que no se lo salta un Marlaska.

El trabajo de Eduardo Bravo a ratos es divertido (vista a distancia, resulta cómica la confección de imágenes trucadas y la credibilidad que tuvieron), muy interesante (la entrevista a Lindsay Grace a propósito del análisis cultural del videojuego “Space Invaders”) y muchas veces resulta directamente escalofriante (y aquí poco quiero aportar más, tendréis que leerlo). Lleno de detalle, de marcas, de pistas, de caminos que conectan o están disponibles para ser conectados entre datos e intuiciones. Se recomienda leer con detenimiento y si es posible con una pequeña libreta de notas al lado, para no perderse ni las notas al pie. De todas las anotaciones al pie de página que acumula Bravo -que son igual de valiosas que el propio libro-, especialmente espeluznante aquella que recoje el testimonio de Gabriel Celaya declarando como se reían del grupo de falange que se reunía frente a ellos en el sótano del Café Lion, en la Ballena Alegre. “A nadie se le hubiera ocurrido que aquello fuera a acabar en una guerra civil”, reconoció el poeta. Dulce advertencia. Poca broma con los vídeos de freaks montados a caballo.

Por lo demás, créanme si les invito sinceramente a conseguir “UMMO: Lo increíble es la verdad”, a leerlo una y otra vez, a anotarlo, a exprimirlo y a probar las conexiones entre fechas y referencias. Disfrutarán más que J. J. Benítez secándose el jeto con la sabana santa. Palabra.

Y así este artículo se cierra igual que empezó: nombrando a J.J. Benítez, irritado y sin querer asumir que aquello solo fue el dislate de un trastornado hiperactivo. Intentando deshacer el truco, obligando implícitamente al creador a contradecirse con el objetivo de demostrar, que todo aquello no podía disolverse así. Que la causa de una vida no podía ser solo humo. Que había que creer.

Están entre nosotros, pero no son extraterrestres. Son monstruos y majaras peligrosos.


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