Venom, el simbionte sin cabeza

Por Leo Galleguillos, @Simplectomorfo

Seamos honestos, cada vez que Hollywood intenta sacar adelante la historia de un antihéroe tenemos a una legión de aficionados que aguanta la respiración, con lo que el riesgo asumido suele ser considerable. Como la productora acabe metiendo la pata puedes contar con una horda de fans iracundos que, visto lo visto, pueden llegar a boicotear futuros estrenos o futuras promociones. Vivimos en una época en la que el odio o la indignación se hace eco fácilmente a través de las redes sociales y su eco se nota en los resultados de taquilla, merchandising y venta de DVD’s y Blu- Rays.

Venom ha sido una película conflictiva como poco desde su concepción. Sony se atrevió a aprovechar sus cartuchos adquiridos con la vieja compra del universo arácnido para intentar sacar adelante una especie de universo de villanos y antihéroes y sacar tajada de ello de manera mucho más productiva que sólo son Spidey. La idea de poner sobre la palestra este abanico de personajes sin el nodo que lo conecta todo y da sentido a su existencia podía sonar ridícula, sin embargo se les ha visto muy seguros de lo que hacían. Logan y Deadpool dejaron constancia de que las películas de superhéroes para adultos eran posibles y rentables, o como vemos en las series de Punisher o Daredevil (Netflix), que un nivel de violencia más alto de lo acostumbrado puede tener una buena aceptación. Esto sumado al momento álgido que viven los superhéroes en el cine habrá hecho pensar a más de un directivo que el riesgo para la cinta que nos ocupa era asumible y que el público estaría receptivo. Sin embargo, parece que los de Sony se han olvidado de que el momento de gloria que vive este tipo de cine, con el nacimiento de universos que implican proyectos a muy largo plazo, ha sido recibido con los brazos abiertos por parte del gran público y la crítica debido al notable aumento de la calidad de estos productos, con mayor o menor acierto, y es que Venom -ahora yendo al grano- supone un retroceso a tiempos en los que este cine lo disfrutábamos unos pocos y asumiendo la baja calidad de los productos así como cierto desdén por el mundo del cómic del que bebe directamente.

Estaba claro que construir la historia de Venom en una realidad donde Spider-Man brilla por su ausencia era complicado. Venom es posiblemente el villano más potente y carismático que tuvo el trepamuros: un ser alienígena que se vio despechado por nuestro amigo y vecino que se une a Eddie Brock, un reportero al que Peter Parker destrozó la vida al sacar a la luz una negligencia en el caso de un asesinato que le condenó al ostracismo periodístico. Venom conocía todos los secretos de Peter Parker, no disparaba su sentido arácnido y conservaba sus habilidades, además de potenciar la fuerza ya inherente al musculoso Eddie Brock. Fue un auténtico tormento para Spider-Man y un éxito rotundo para uno de sus autores: Todd McFarlane (la verdadera autoría del personaje daría para otro artículo). Sin embargo su etapa de villano acabó por desvanecerse. Al mermar su odio hacia Parker (relativamente) mermaban sus motivaciones, ya que es un personaje que nunca buscó poder ni caos, ni hizo el mal por el mal, así que acabaron por mudarlo a San Francisco donde se erigió como el protector letal que dio lugar a la imagen de Venom que se intenta explotar en este film, a pesar de obviar deliberadamente su pasado en Nueva York. Estas circunstancias hacen que esta película sea difícil o imposible de valorar en términos de una buena adaptación del personaje, ya que carece de casi todo lo que le da entidad en los cómics. Fleischer y Hardy han insistido en que la película está basada en los arcos de “Protector letal” y “Planeta de Simbiontes”, sin embargo poco vemos de aquellas grapas aquí salvo ciertas ideas e intenciones a futuro. Lo que se ve que han tomado prestado es el la idea de que el simbionte muestre más personalidad y hable a menudo con su portador, cosa que no sucedía en aquella etapa pero si vemos actualmente en su renovada serie. A pesar de su picoteo de las viñetas, la película suspende automáticamente como adaptación del cómic por lo tanto solo merece la pena limitarse a hablar de la película en términos puramente cinematográficos. Desgraciadamente esto resulta difícil, ya que las ganas de ver al Venom que conocemos y que se nos negó en aquella desdeñada película de Sam Raimi, es casi lo único que mantiene a flote el interés en esta nueva adaptación del personaje.

El disfrute de la película pasa por una ristra de concesiones constante hacia un abanico de malas decisiones que ves expuestas en pantalla desde el primer minuto. Resulta curioso que la primera de ellas sea el reparto, ya que vemos la peor versión de sus tres protagonistas. Vamos desde un personaje plano y difícil de creer como el multimillonario Carlton Drake de Riz Ahmed, en cuyo perfil no acaba de encajar en un personaje tan estereotipado, hasta la desdibujada Anne Weying de Michelle Williams, que duele ver en un papel tan insignificante para sus capacidades. Caso aparte es el Eddie Brock de Tom Hardy del que uno esperaría algo a la altura de su caché, pero que sin embargo ofrece un personaje que roza el patetismo y con el que no se le termina de ver cómodo en ningún momento. Se nota que Hardy hace lo que puede pero se le ve encorsetado por el tono de la película y por un personaje con demasiada poca sangre, sobre todo si lo comparamos el intenso Eddie Brock de las viñetas u otros personajes interpretados por el actor. Hardy no se ve cómodo en las escenas más cómicas y por si fuese poco, hay demasiadas de ese corte.

La estética de la película podría ser de los pocos aspectos a salvar de la quema salvo por el abuso de las escenas nocturnas que siempre te hacen sospechar que se oculta una deficiencia en los efectos especiales. El aspecto de Venom no defrauda a pesar de echar de menos la característica araña del pecho que, por motivos evidentes, no han podido usar. A pesar de no contar con el mejor CGI, muestran valentía al no esconder a la criatura con planos rápidos o envolviéndola el clásico mar de sombras. Tienen claro que Venom es protagonista y que es por lo que la gente ha pagado la entrada. La decisión de que lo escuchemos hablar constantemente me parece acertada y es posible que esa interacción con Eddie sea otro de los tablones a los que se agarra la película para no hundirse, además de conseguir dotar al simbionte de una personalidad totalmente definida que puede indignar a más de un fan pero que, por otro lado, y en lo personal, acaba cayendo simpática. Es posible que esto sea lo más difícil de aceptar, ya que la decisión de llevar a los dos personajes hacia el patetismo en lugar de engrandecerlos va a ser como poco conflictiva, y muchos se verán desanimados o decepcionados por esto, sin embargo llega un punto en la cinta en el que acabas por aceptar lo que estás viendo y te puedes dejar llevar y disfrutarla a pesar de lo desastroso de su guion y su caótico montaje. Podemos decir que hay una mala película y otra aceptable: la primera Hardy sin Venom, la segunda donde vemos al simbionte actuar, que resulta creíble y cercano a la imagineria del cómic.

Tom Hardy declaró unos días antes del estreno que faltaban unos 45 minutos de lo mejor que habían grabado, y una vez visto el resultado cabe pensar que esto puede ser cierto, y no precisamente por la falta de escenas de acción, si no porque la película parece precipitarse en cuanto aparecen los primeros fuegos artificiales. El ritmo hasta la aparición del simbionte parecía adecuado y, sin llegar brillar, podía despertar cierto interés, pero en cuanto Venom se hace con los mandos del guion la película avanza a trompicones como si cayera por un barranco hacia su inevitable conflicto final. Las decisiones y los giros son incomprensibles e ilógicos, y todo parece formar parte de una historia más compleja pero acelerada y contada solamente con los trozos fundamentales. La escena de la persecución que ya vimos en los trailers se hace larga e innecesaria, da la impresión de que el hecho de estar en San Francisco obliga a aprovechar esas calles, pero aquí se nota forzado y poco imaginativo. De todas formas no creo que la acción de la película sea su mayor tara, más o menos acaba saliendo del paso, sobre todo en la primera donde vemos al simbionte abrirse paso como mejor sabe. Sin embargo, creo que se desaprovecha esto en el climax final de la película, momento en el que lo vemos enfrentarse a su enemigo dando rienda suelta a las habilidades de ambas criaturas, pero mediante un montaje acelerado que no te permite ver claramente lo que sucede pese a la potencia de las imágenes. El filme parece tomarse su tiempo para luego recibir tantos cortes en la edición final que nos sentimos ciertamente descolocados en la butaca del cine.

Con este largometraje pueden ocurrir dos cosas: o has caído en la indignación negándote a ver con buenos ojos lo que te muestran, o te has dejado llevar y han conseguido sacarte una sonrisa. Es evidente que para disfrutar esta cinta hay que pasar por alto demasiadas cosas, sin embargo, y como decía previamente, el tono cómico puede haber hecho de salvavidas y conseguir que te importen menos los desbarajustes del guion. Mi sensación ha sido esa, una película que objetivamente es un despropósito, pero que subjetivamente puedes disfrutar si quieres y aceptas ese tono nada pretencioso. Voy a localizar mi optimismo en su primera escena post-créditos (la segunda es gloriosa, pero ajena a la cinta), ya que si esta película ha servido de transición a un statu quo en el que ya tenemos asumida la realidad que te presentan, puede que en el futuro Sony acabe por tomarse estas películas con más seriedad y no busque el ingreso fácil a rebufo de lo que hacen otros mucho mejor. Digamos que estamos ante una película objetivamente fallida con momentos positivos y rescatables, como aquella vieja generación de películas de superhéroes, pero tan disfrutable como las mismas, y sin alcanzar por supuesto las cotas de obras como Catwoman o Daredevil, comparaciones para mi gusto demasiado exageradas.


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