Tres películas de terror de los ochenta que quedaron injustamente en el olvido

Por Scott Burton

Como cualquier cuestión (o en este caso, época) mitificada tengo sentimientos encontrados hacia la misma, y con los ochenta no podía ser de otra manera. Por un lado, crecí en esa década y disfruté de alquilar una VHS cada fin de semana en el video-club, de las series, las consolas de ocho bits y los clips de Michael Jackson, pero tampoco nos engañemos. Por cada vez que alquilabas una joyita atemporal como Los Goonies o Dentro del laberinto te traías cuatro imitaciones italianas de portadas engañosas y presupuesto -y talento- nulos, y seamos honestos; si vemos un capítulo hoy día de He-Man y los Masters del universo, Transformers o El coche fantástico la sensación que nos deja es bastante distinta a la que teníamos frente al televisor junto a nuestro bocadillo de Nocilla (la nutella ni existía ni nos importaba).

De ese modo, valoramos una época en el que el cine estaba enfocado en grandísima parte a los que en aquella época teníamos entre 5 y 13 años, principalmente por el auge de superdotados como Steven Spielberg, Jim Henson, Robert Zemeckis, George Lucas, Ivan Reitman, John Carpenter, Ridley Scott, Sam Raimi, Paul Verhoeven, Wes Craven, Tom Holland, James Cameron o George A. Romero. Si atendemos exclusivamente a esa lista nos conquista una sensación de placer tal que casi apostaríamos que es la mejor décadas en cuanto al cine de diversión en mucho, mucho tiempo. Sin embargo, cuando vemos a nuestro vecino, que además era el tonto de la clase, con una camiseta con el logo de Los Cazafantasmas comprada en Fnac nos corroe esa sensación de injusticia que va desde la sobrevaloración y sobreexposición a esa equivocada percepción de que los ochenta sólo nos pertenecieron a nosotros.

Tremendamente reivindicadas para bien y para mal, muchas de sus películas se han convertidos en iconos tan grandes (símbolos que vemos día sí y día también en tazas, camisetas, libretas, reediciones de dvd’s y blu-rays) que ocultaron otros filmes que rebosaban talento y que el tiempo ha dejado en el olvido, seguramente por haber sido llevadas a cabo por directores cuyas carreras no fueron más destacables y porque en cuyos repartos no había grandes caras visibles. Dicho eso, hoy desde Can it be all so simple nos gustaría ejercer una labor social nerd y poner en valor tres películas de terror de los ochenta que no sólo fueron -casi- ignoradas en su tiempo sino que han envejecido bien y soportan el paso de los años, convirtiéndolas en plenamente disfrutables a día de hoy.

Wolfen / Lobos humanos (Michael Wadleigh, 1981)

Los años setenta fueron devastadores en la ciudad de Nueva York y en esta película se nota -y se aprovecha- a cada segundo. Michael Wadleigh (cuya carrera fue sorprendentemente corta en lo que a largometrajes se refiere) dirigía magistralmente -y apoyado en una maravillosa fotografía urbana- una historia en la que vemos las grandes diferencias entre el cine actual y el de hace unas décadas. Y es que la historia se toma su tiempo para ir construyendo, mostrando sus cartas y encajando cada pieza de un puzzle que te deja hipnotizado durante sus casi dos horas de metraje. Una de las mejores películas sobre hombres lobo que se han hecho y, curiosamente, una de las más olvidadas. Licántropos, indios americanos y las geniales interpretaciones de Albert Finney y el polifacético Edward James Olmos en una película maravillosa. Estás tardando.

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Intruso en la noche (Scott Spiegel, 1989)

La carrera de Scott Spiegel está unida a la serie b menos relevante (y de poca calidad, todo sea dicho) como la segunda parte de Abierto hasta al amanecer o la tercera de Hostel, sin embargo en la década que hoy tratamos realizó el que probablemente sea el último gran slasher de su tiempo. Suponemos que su amistad con Sam Raimi (que aquí aparece como actor) y lo que iba a ser una carrera con mucha más proyección le llevó a dirigir esta inmensa película tan amada por unos pocos como olvidada por la gran mayoría. Una historia que se sitúa de nuevo en un contexto cerrado que todos conocemos (un supermercado en el que sus trabajadores tienen que pasar la noche cambiando los precios) y en el que de momento empiezan a morir uno a uno. La película aparecía -al igual que le ocurrió a Sergio Leone con el Spaghetti Western- cuando se suponía que el género estaba aun moribundo y supuso la guinda del pastel de la última etapa de los slashers de los ochenta.

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Escóndete y tiembla (John Hough, 1988)

Película de culto, cuya caratula algunos recordamos del video-club y que raramente ha sido emitida de nuevo en televisión. Perturbadora y enigmática cinta de terror rural sobre una familia disfuncional que recibe la visita involuntaria de un grupo de jóvenes cuya avioneta se estropea en una isla que no era la correcta. John Hough, con una carrera llena de altibajos en la que destacan Los ojos del bosque, El íncubo y El triunfo de un hombre llamado caballo, dirigía una película más que interesante cuyo género sería el slasher suave (y es que no hay escenas excesivamente fuertes) cuyo vigor reside en una historia sugestiva bien apoyada en las buenas interpretaciones del elenco formado por los ancianos y sus hijos. Más que respetable.

econdete y tiembla. drupal


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