Dr. Strange, misticismo y diversión en la tercera fase de Marvel

Por JD Romero, @JD_Romero23

En diferentes ocasiones hemos hablado en Can it be all so simple acerca de la maravillosa metamorfosis de Marvel; de una empresa con perdidas multimillonarias a convertirse en el referente cultural (hablando de cultura pop, claro está) de la última década y de como siguen haciendo las cosas tan escrupulosamente bien. Ya en plena tercera fase cinematográfica, las franquicias de la casa de las ideas podían empezar a dar síntomas de agotamiento, pero han sabido llevar el planning de películas con la precisión de un reloj suizo. Si bien tras varios filmes que significaban el origen del personaje, sus desarrollos y las culminaciones en las dos partes de los Vengadores y, sobre todo, en Civil War, con la película que hoy tratamos se da la bofetada en la cara aquellos que empezaban a oler a éxito fácil; actores conocidos y carismáticos, acción y humor dosificado a la perfección con un ritmo narrativo que haría engancharse hasta al más escéptico. Y no es que falten los ingredientes secretos de Marvel en la última película del estudio, sino que ahora están acompañados de unos más novedosos y (por qué no decirlo) más complejos y con diferentes lecturas más allá del simple y llano entretenimiento. Si Guardianes de la galaxia y Ant-Man significaban los patrones exitosos de la compañía al servicio del dinamismo y el humor, en Dr. Strange están al servicio de cierta profundidad, mejores diálogos y un poco de misticismo light.

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Dr. Strange forma parte indiscutible de la fase tres de Marvel por diferentes razones; es un personaje secundario, su naturaleza espiritual y un tono un poco más oscuro (al menos estéticamente). De hecho, el personaje fue creado por Stan Lee y Steve Dikto en 1963 y aunque cuenta con una respetable legión de fans, su popularidad dista bastante de Spider-Man, Hulk o Thor, de hecho podemos decir que todo el público ajeno a los cómics ha tenido conocimiento de la existencia del Doctor Extraño tras el inicio de la campaña mediática de Marvel, cosa que no ha influído para que la taquilla respondiera con entusiasmo y buenas opiniones. Queda cuerda para rato.

La película (a grandes rasgos y con gran parte de la guía de estilo cinematográfica de Marvel Studios) cuenta como el doctor Stephen Strange pasa de ser un reputado y prepotente neurocirujano a tener una vida de pesadumbre, debido a un accidente automovilístico que lo deja con las manos impedidas y prácticamente arruinado. Desesperado, se desplaza hasta Nepal con la esperanza de una cura que la medicina tradicional no puede darle. De ese modo y sin quererlo, se ve inmerso en un mundo mucho más complejo que una cura más espiritual e incorpórea; la ancestral lucha entre el bien y el mal.

La narración del origen tiene similitudes con la estructura de fábula sistemática de la compañía pero con muchas más referencias subjetivas y emocionales (algo que ya podíamos imaginar) y también culturales, especialmente sobre música. Marvel se aleja dos pasos de la zona de confort que la ha convertido en la productora más económicamente exitosa en años para adentrarse levemente en nuevos y más interesantes lenguajes, todo dentro de su espacio de maniobra (que tampoco es el mayor y más felixble del mundo, todo sea dicho). La cuestión es que la película funciona perfectamente para fans del cine de súper héroes y también para otros muchos públicos que bien están hastiados de una formula tan efectiva como ya rutinaria o bien que -directamente- nunca han mostrado interés por los seres con súper capacidades.

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El contexto y la historia propia de Doctor Strange hacen que Marvel juegue con licencias visuales que se acercan a Origen (de Christopher Nolan) pero sin la pomposidad ampulosa de la misma, lo que la convierte en un regalo a nivel óptico de calidad objetiva pero sin pretenciosidades; un punto intermedio perfecto. Las actuaciones son geniales (tanto por parte de Benedict Cumberbatch como de Chiwetel Ejiofor y Rachel McAdams) y los diálogos superan a la media del estudio, aunque (y casi como único pero) decir que Strange descubre excesivamente pronto los misterios del templo de Nepal (ese templo con Wi-Fi). Aun así, las virtudes son mucho mayores que los defectos y el film sirve también como halo de esperanza, y es que el género superheróico al igual que el western y muchos otros puede acabar muriendo de éxito si no empieza ya a ofrecer productos como este; películas que vayan un poco más allá pero sin estar infladas, que tengan el compendio perfecto entre caras conocidas en el reparto, buenos directores, buen ritmo y que se alejen tanto de la pedantería como de la vergüenza ajena y encefalograma plano que suponen muchos blockbusters. Marvel ha vuelto a hacerlo, todos somos niños de nuevo.

CIBASS Puntuación CIBASS Tres puntos y medio


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