Expediente Warren: el caso de Enfield ¿quien dijo que no volveríamos a pasar miedo en el cine?

Por Scott Burton

 

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A finales de los setenta, una mujer llamada Peggy Hodgson denunció a la policía que sus hijos habían visto moverse objetos y habían oído sonidos raros durante varias noches. La cosa pasó a mayores cuando los mismos policías encargados de hacer la visita aseguraron en el informe que habían visto una silla moverse de un lado a otro de la cocina. Muy pronto, la prensa se hizo eco y el caso acabó convirtiéndose en uno de los más conocidos y documentados de la historia de los poltergeist y casas encantadas, con numerosos testigos entre los que se encuentran vecinos, amigos e incluso los cuerpos de seguridad del estado. Los Warren (el matrimonio real en el que se basan las películas) pasaron por allí para investigar y dar su opinión, aunque fue un periodista llamado Guy Lyon Playfair el que se encargó de fotografiar los extraños sucesos que tenían lugar en el domicilio.

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He de reconocer que cuando vi la primera entrega de Saw (o mejor dicho, la versión norteamericana) no tomé demasiado en serio a James Wan (Malasia, 1977). A pesar de que la película funcionaba a las mil maravillas, su universo era interesante y la dirección era magistral yo simplemente pensé que se trataba de un golpe de suerte o de alguien con un momento de lucidez como otros tantísimos realizadores jóvenes que acaban dirigiendo subproductos mercenarios. La cosa es que con “Silencio desde el mal” (2007) nos volvía a sorprender con una película que si bien tenía algunos de sus tics (los recurrentes juguetes terroríficos. ambientación y dirección) también poseía todos los alicientes del género clásico con los que construir una buena historia. Fue con “Insidious” 1 y 2 (2010 y 2013 respectivamente) con los que comenzamos a tomar en serio a Wan y con Expediente Warren (2013) nos convenció del todo.

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Criticado precisamente por no traer nada nuevo al mundo del terror, es ahí precisamente donde reside su fuerza. James Wan es capaz de reciclar los tópicos del género y con una dirección como pocas en la actualidad da vida a historias de miedo con sabor clásico y personajes arquetípicos que en numerosas ocasiones superan a las obras en las que se inspira. En “Expediente Warren: el caso de Enfield” nos encontramos ante la confirmación absoluta de estar ante uno de los directores más inspirados e interesantes del mundo en la actualidad y el hombre que ha venido a poner el terror en el sitio donde le corresponde. Si el género de horror hoy se basta de subidas de volumen y giros de cámara sencillos para causar el sobresalto de modo fácil, Wan sabe como hilar mucho más fino y dejarnos claro que estamos ante algo mucho más serio y complejo, basándose en historias reales, construyendo lentamente sus personajes, creando atmósferas terroríficamente maravillosas y teniendo la paciencia suficiente en cada escena para acercarnos al infarto.

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Wan tiene serenidad para mostrarnos tanto la actualidad de la familia Warren (los investigadores protagonistas) como a los sufridores de un espíritu maligno en la ciudad de Enfield (Inglaterra) e ir poniendo los cimientos de una historia que si bien va in crescendo nunca deja de mostrar pequeños retazos de terror y sustos. La historia se basa libremente en el caso que tuvo lugar en la casa de Londres -en 1977- hasta la que tendrán que viajar Ed y Lorraine Warren para intentar acabar con el calvario que sufre una familia acosada por fenómenos poltergeist cada vez más fuertes. Allí se verán envueltos en situaciones extrañas en una ciudad desconocida para ellos pero también con la duda de si están ante un caso inventado por una de las niñas para llamar la atención en una edad tan problemática.

La familia londinense recibe a los Warren como la única esperanza ante una amenaza incontrolable e imprevisible que les acecha y Wan aprovecha su control de la luz, el sonido y los movimientos de cámara para adentrarnos en una casa que transmite esa sensación de incapacidad para controlar lo que sea que ocurre sólo comparable a “El exorcista”. La historia sabe a terror clásico desde el enfoque más humanista de los personajes (en gran parte por las siempre geniales actuaciones de Patrick Wilson y Vera Farmiga) a los demonios y apariciones realizados con maquillaje y huyendo del CGI. Wan ha sabido recuperar la magia del cine de terror de los setenta y los ochenta sin productos vacíos y ruidosos y está construyendo una carrera que nos dará tantas alegrías como sustos frente a la gran pantalla en unas películas en las que conocemos de veras a los personajes y en las que nos importan sus alegrías y también sus pesadillas. El miedo no estaba muerto.

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos


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