La visita: El terror Low Cost de M. Night Shyamalan

Por Redacción CIBASS, @CIBASS_Blog

El terror es el género que más rápido tiende a reinventarse. Cada vez que algún talento descubre una vuelta de tuerca que da un nuevo color a la categoría rápidamente vemos como se producen múltiples productos similares, vistos desde un prisma similar o parecido e historias que nos recuerdan unas a otras. Y así es hasta que la idea se quema y el género queda en stand-by durante un tiempo. De las casas encantadas a finales de los setenta y mediados de los ochenta (aunque siempre serán algo recurrente) a las películas de metraje encontrado o el terror asiático, los filmes realizados para dar miedo se crean en gran medida por tendencias y por grandísimas influencias que ejercen unas sobre otras.

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Por lo tanto, es difícil encontrar a alguien realmente genuíno que sepa dotar de cierta personalidad a sus películas y que encima dirija el terror, la intriga y el suspense como poca gente -de entre las últimas generaciones de cineastas- y esa excepción la encontramos en M. Night Shyamalan. De ascendencia india aunque nacido en Pensilvania, Shyamalan tuvo claro desde muy joven que quería dedicarse al cine, rodando en Super 8 múltiples películas (emulando a su ídolo Steven Spielberg) hasta que dió el salto con El sexto sentido. El cine del director destaca por el tratamiento realista del terror y el suspense, el tono contemplativo, ritmo aplomado por momentos y por tener uno o varios giros inesperados a lo largo de cada filme. El de Pensilvania posee un estilo entre frío y contenido que hace destacar aún más los grandes momentos, de ahí que goce de bastantes seguidores en todo el mundo, al menos cuando realiza el tipo de películas que le han hecho destacar por encima del resto y se olvida de encargos impersonales y demás proyectos mercenarios.

M. Night Shyamalan creó una de las últimas grandes obras maestras del cine de terror con El sexto sentido y eso solapó algunas de sus grandes películas posteriores. Con El protegido, el director reinventó el cine de superhéroes con uno de los filmes más estimulantes de los últimos tiempos (a pesar de que data del 2000), vilipendiada y malinterpretada en su época y justamente reivindicada con el tiempo. Dos años después vió la luz Señales y nos volvió a brindar una historia de extraterrestres en un contexto rural con unas memorables actuaciones de Mel Gibson y Joaquin Phoenix y un par de momentos que se grabarían en nuestra retina. Algo inferior fue El bosque, aunque seguía teniendo la personalidad y el estilo hipnótico y cautivador del cineasta a pesar de que ya empezaba a sufrir cierto cansancio, dejadez o excesiva autoconfianza.

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Fue a partir de entonces cuando empezó el progresivo declive del de Pensilvania. Con La joven del agua entregaba una historia que si bien era original le faltaba bastante para ser perfecta, una especie de fábula en un vecindario en la que no era suficiente la habilidad del director con la cámara. Mismo defecto que vimos en El incidente, en donde volvemos de algún modo a las grandes virtudes (en teoría) de Shyamalan pero con una historia vaga en la que vuelve a faltarnos mucho a pesar de todo lo que el director demuestra poder hacer con su objetivo. De Airbender y After Earth mejor nos olvidamos, películas realizadas por encargo en las cuales nos vemos ni el más mínimo apasionamiento, la segunda sirvió para comenzar el principio del declive de la carrera de Will Smith y para meternos a la fuerza a su hijo. Completamente olvidables.

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Pero como suele pasar cuando la carrera de alguien con talento empieza a desvariar o se vuelve a los orígenes con algo similar mucho más exagerado y ruidoso o volvemos a las bases: el talento puro y duro. Por suerte para los que creemos en la magnífica habilidad de Shyamalan se escogió el segundo camino y de ahí nace La visita. El cineasta da un golpe en la mesa para demostrar a todos por qué a pesar de sus últimos títulos su nombre sigue pareciéndonos una referencia, su gran virtud es la dirección pura y dura y nada mejor para demostrarlo que una película hecha con bajísimo presupuesto (cinco millones de dólares, una miseria para la media de Hollywood) y una historia con la que lucirse en un entorno evocador de su mejor naturaleza. Y es que La visita cuenta la historia de dos hermanos que van a visitar a sus abuelos (a los que no veían desde pequeños) en una remota granja. Todo pintaba bien: aire libre, cambio de aires y la ayuda de la tecnología de la que son amantes, hasta que empiezan a ver rutinas y costumbres sospechosas en sus dos familiares, lo que acabará despertando la peor de las pesadillas de los menores.

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Shyamalan se divierte de nuevo como no le veíamos en años en una sencilla historia que además de demostrar su inmenso talento incluye un humor irónico bastante destacable. Los giros marca de la casa y una historia progresiva sirven para volver a poner al director en el punto de mira de realizadores que siguen teniendo mucho que decir y el olor consciente a serie b de la cinta le da la libertad necesaria para crear un ambiente entre el humor y el terror apoyado completamente en las actuaciones de los niños, especialmente la del jóven Ed Oxenbould (Australia, 2001). Entre el cine de bajo presupuesto, el sarcasmo, las referencias culturales y el terror clásico estamos ante una película tan interesante como no apta para prejuiciosos que pueden entender su enfoque poco ostentoso como un defecto, cuando es todo lo contrario. Destacamos solemnemente la escena del horno y la de debajo de la vieja casa, aunque es una pequeña obra que sabe y huele a talento desde el principio. El que tuvo, retuvo. 

 


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