Me encanta el olor a Napalm por la mañana: la vida de John Milius

Por Redacción CIBASS, @CIBASS_Blog

Cuando usted vea de nuevo El Gran Lebowsky, fíjese más detenidamente en el compañero de fatigas del amigo Jeff (El Nota). Sí, ese corpulento compañero de aventuras con gafas amarillas, barba perfilada, vestimenta paramilitar, pañuelo en la cabeza y cierta predisposición a las armas y la gresca; sí, ese que tenía por costumbre relacionarlo todo con la guerra y sus amigos muertos en Vietnam. Vuelva a revisitar a ese personaje llamado Walter Sobchak y ahí tendrá una representación bastante exacta de la particular figura que hoy nos ocupa: John Milius. Demos gracias a los hermanos Coen por ese regalo que nos hicieron: gracias a ellos, además de imaginarlo podemos tener una idea clara y precisa de una de las leyendas fundamentales de la industria cinematográfica de Hollywood y un miembro merecido del Olimpo de los grandes guionistas como Dalton Trumbo o Diamond. Constructores de historias imperecederas junto a los que nos habría gustado coger una buena cogorza y a continuación buscar una buena pelea. Tipos duros de la escritura, solitarios del guión. Mavericks del cine.

Cuenta la leyenda urbana que John Milius sacó una pistola a un productor en medio de una discusión en el despacho del segundo. Es por eso que se suele contar en Hollywood que el bueno de Milius tenía una personalidad tan característica (y que la subrayó tanto en los medios) que nunca supo diferenciar realmente entre persona y personaje.

CIBASS John Milius uno

Pero vayamos al principio. Nacido en San Luis en la primera mitad de los cuarenta y al contrario que tantos jóvenes de aquella época, Milius quería entrar en el ejército por todos los medios e ir a combatir a Vietnam. Un poco por su obsesión por las armas de fuego y otro poco por que no sabía que hacer con su vida. Ese acabó siendo su sueño de juventud, que finalmente fue truncado debido a que sufría de asma crónica. Con su proyecto vital rechazado, John Milius deambuló durante meses inseguro y sin saber muy bien qué hacer, hasta que una sesión especial de Akira Kurosawa en unos cines de su ciudad lo iluminaron. Había descubierto que quería ser cineasta.

La Universidad del sur de California en los años sesenta no era como ahora, especialmente en la facultad de cine. Si hoy en día miles de alumnos de todo el mundo intentan matricularse para formarse en dicha institución, hace cincuenta años no había más de quince alumnos por clase y las posibilidades de trabajar en la industria eran mínimas, más si cabe con las grandes productoras de cine recién compradas por corporaciones que nada tenían que ver con el séptimo arte. Pero quizás el destino supo darle algo mejor que una oportunidad fácil de entrar en Hollywood: ser compañero de clase de dos chicos llamados Steven Spielberg y George Lucas. Milius, tremendamente competitivo y con un puto arrogante, pronto se convirtió en el más destacado de aquellos jóvenes cineastas y en el primero en ser reconocido por medios de primer nivel como Time o The Hollywood Reporter. Pero no nos llevemos una idea equivocada, a pesar de la fuerte personalidad del de San Luis era un tipo bastante justo. Recuerda el propio George Lucas como terminó su popularísimo cortometraje llamado THX 1138 antes que el resto de alumnos y el profesor le dijo que no se podría presentar y proyectar hasta que todos terminaran. Pues bien, la respuesta de Milius fue darle un puñetazo al tutor ya que no le parecía honesto que un alumno (aunque fuese su propia competencia) tuviese que esperar si había hecho algo más rápido y probablemente mejor que el resto.

Y como ya vaticinaban algunos de los medios más fuertes de Estados Unidos, la carrera de Milius no tardó en despegar. Siendo aun bastante jóven firmó el primer guión de Harry el sucio, una historia en la que ya veíamos todas las características y tics del cineasta: hombres muy hombres que eran parcos en palabras. Pero puede que esa fuese su mayor habilidad, John Milius era capaz de definir a los personajes con unas cuantas frases cortas, algo bastante más complicado para el resto de cineastas y su estilo seco rápido conectó con el público hasta convertirse en el guionista jóven más reclamado y valorado de eso que llaman Hollywood.

CIBASS John Milius

Milius empezó a convertirse en un habitual de los medios, pero no ya del mundo del cine, sino generales. Posando la mayoría de las veces con un puro y un arma rápidamente construyó una imagen de tipo duro que parecía disfrutar, justo el tipo de personaje que construía en sus películas. Pero mucho más allá de su talento creador de tipos secos y violentos, el talento del guionista era mayúsculo. Cuenta Steven Spielberg como quería escribir un monólogo que describiera la personalidad del cazatiburones Quint (interpretado por Robert Shaw) y generara un ambiente de terror pero no se le ocurría nada. Steven, amigo de Milius desde la universidad, lo llamó por teléfono y este le dictó a tiempo real un texto de cuarenta páginas que hoy es posiblemente la escena más valorada de la película Tiburón.

Para haber sido el cine su segunda opción no se puede decir que la carrera de John Milius fuese mal. Trabajó como guionista o director de Harry el sucio, Harry el fuerte, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Dillinger, El gran miércoles, El viento y el león, Apocalipse now (“Me encanta el olor a napalm” fue una frase suya) o Conan el bárbaro, fue creador de la serie Roma y durante años estuvo escribiendo diálogos y arreglando guiones para docenas de películas de éxito. Se dice dentro de la industria que llegó un momento que su personalidad era tan marcada que la mejor opción fue darle un sueldo fijo y que viviera de mejorar el trabajo de otros. Algunos años atrás llegó a celebrar con champán el 23-f (recuerden que en ese momento se encontraba en Almeria rodando Conan) cuando le comentaron que había sido algo así como un golpe contra los comunistas.

CIBASS John Milius con George Lucas y Steven Spielberg

Steven Spielberg, John Milius y George Lucas

Como si de la mayor venganza posible se tratara y como máxima ironía de la vida, John Milius sufrió un ictus hace unos años y perdió el habla. Coppola dijo una vez que ni Spielberg, ni Scorsese ni Lucas, que el mayor narrador de su generación era Milius, ese mismo que ahora es feliz cuando consigue balbucear una sola palabra. El hombre tras algunas de las mejores películas de las últimas décadas, cuya frustración por no ser admitido en el ejército le llevó tanto a crear algunos de los personajes más duros de la historia como a no saber diferenciarse de ellos. Hoy nos cuentan que ha mejorado mucho, que lo llevaron puro en boca a hacer tiro al plato y que esbozó una sonrisa como no le habían visto en años. Sea como sea, larga vida a John Fredrick Milius.


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