My name is Bruce. Serie B consciente, diversión y Bruce Campbell como Bruce Campbell

Por Scott Burton

Hace pocos días nuestro redactor José Viruete nos mandó un artículo sobre una de las series más frescas y divertidas en mucho tiempo: Ash vs. Evil Dead. Basada en la clásica trilogía de Evil Dead (obviando el notable remake de 2013 en el que no sale Bruce Campbell) la serie coge -casi- todo lo bueno de las tres películas originales y nos lo amplifica, empezando por la figura de Ash como paleto prepotente y egoísta con un carisma hipnótico. A pesar de los momentos con sangre digital, Ash vs. Evil Dead recupera el maquillaje, las voces demoníacas, el gore, el ocultismo y la motosierra y con un ritmo endiablado nos da pequeñas raciones de las dos primeras películas con las características personales del protagonista en la tercera. Y vaya si funciona.

CIBASS My name is Bruce

La figura de Bruce Campbell es curiosa. Con una carrera como actor en la que el 90% de sus películas son de bajo presupuesto y con la que cualquier otro del gremio se sentiría acomplejado por no haber llegado a la primera división del Hollywood más elitista, Campbell es un héroe porque no sólo lo reconoce, sino que se enorgullece de ello. Haciendo de los defectos de su carrera su mayor virtud (y tirando de un carisma notable) el actor no sólo ha escrito varios libros hablando de lo que significa ser una “estrella” del cine de serie b o bajo presupuesto, sino que nunca tiene problema en aconsejar a los nuevos realizadores por donde tirar en este submundo además de una gran fama por ser considerablemente amable con los múltiples fans.

Se podría decir que la figura del actor está tan ligada a los tópicos de los personajes que suele interpretar (especialmente el Ash de El ejército de las tinieblas) que casi se nos ha olvidado que es un actor representando un rol y que cuya vida personal fuera del foco probablemente sea todo lo contrario. Partiendo de esta base y siendo plenamente consciente, Campbell dirigió My name is Bruce (Aquí titulada con el lamentable nombre de Posesión demencial) bajo la producción de Dark Horse y con la idea de jugar con todos los tópicos que se nos vienen a la cabeza al pensar en el actor: léase pelis hechas con un millón de dólares, acción, chascarrillos machistas y terror mezclado con comedia. Siendo una película de cine dentro del cine, el intérprete (aquí también director) juega con la linea que separa saber quien eres o quien piensa la gente que eres en base a los roles que representas, convirtiéndose ello en uno de los puntos más divertidos del film.

En My name is Bruce se nos cuenta la historia de como un pequeño pueblo de rednecks es aterrorizado por un antiguo demonio de origen asiático que es despertado involuntariamente en el cementerio por unos adolescentes que sólamente buscaban mojar el churro. Uno de los culpables de levantar al ente maligno como buen fan del actor no tendrá reparos en raptar al bueno de Bruce y llevarlo hasta el pueblo para intentar que éste los salve. Por supuesto, Campbell aprovechará para intentar ligar con la madre del adolescente, beberse un par de botellas de Bourbon y hartarse de alitas de pollo gratis todo a costa de los habitantes de la localidad que ven en él su única esperanza. La sorpresa para Bruce vendrá cuando descubra que la historia por la que estos pueblerinos que él ha subestimado están asustados es más real de lo que pensaba y que la amenaza es más peligrosa que un simple cuento folclórico.

El filme funciona poniendo a su favor todas las características que buscamos en la serie b y además estando realizado como tal. Vemos que tanto los actores como los efectos especiales y la narración es la clásica y lo pone en su favor con Bruce Campbell haciendo de sí mismo como bastión del producto y con múltiples referencias a sus películas, tanto a las buenas como a las malas. Y es que el protagonista de la saga con la que Sam Raimi se hizo mundialmente famoso no tiene problema en retratarse como alguien que acepta cualquier proyecto, que vive en una caravana y que es acosado por fans que desconocen la existencia de un producto llamado desodorante. My name is Bruce es una parodia, una autocrítica y un ejercicio divertidísimo al estilo de lo que hizo Van Damme en su JCVD pero con el submundo del terror y la sci fi, una joyita para los fans de Campbell, una tontería sin más para el resto.
Pero es que nosotros somos de los del primer grupo.

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