Las mejores frases de Henry David Thoreau

Por Redacción CIBASS, @CIBASS_Blog

Uno de los días más felices en la vida de un lector es cuando comienza Walden, o más bien cuando está antes de la primera mitad y las reflexiones sobre lo material, las amistades, la soledad o la sabiduría se hacen patentes. En Can it be all so simple más allá de nuestros habituales cómics también nos gusta disfrutar de material más clásico y atemporal, ese que se te puede meter en la cabeza y no soltarte nunca. Y no decimos que en los cómics no se pueda hallar esa lectura, sino que Walden está a otro nivel, mucho más arriba incluso que la mayoria de libros de su género.

Henry David Thoureau (autor del libro) es por méritos propios uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense, por mucho que el modo de vida de su país se haya desarrollado justamente por la vía inversa a lo que el autor entiende por felicidad.

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Thoureau, nacido en 1817 en Massachusetts, no sólo fue escritor, sino también poeta y filósofo y además de escribir el popular Walden también es el autor de La desobediencia civil. Tanta es la influencia de su obra que el propio Martin Luther King expresó en diferentes ocasiones al autor e incluso el presidente Clinton lo nombró como ejemplo de las mejores contraposiciones ciudadanas en contraposición a la naturaleza bélica que constantemente utiliza su país. También tuvo tiempo para influenciar a otros grandes protagonistas de la historia como Gandhi o Tolstoi, e incluso de llamar la atención de intelectuales de la talla de Lenin o Trotsky: su ideario, aunque primario y excesivamente simplificado, consiguió interesar a muchos incansables luchadores por la libertad en cualquiera de sus formas; tal vez sea por eso por lo que Thoreau puede ser reivindicado tanto por anarcoliberales como por socialistas científicos. Tal vez sea también por eso por lo que ha llegado a formar parte del panteón de “padres” intelectuales de una nación como EEUU. Su sombra, convenientemente recortada y ajustada para mostrar solo la proyección de sus ideas más “individualizantes” (por decirlo de alguna manera), se ha utilizado demasiado en un dramático ajuste para intentar acercar la figura histórica de este vendedor de lápices al ideario social imperante, ese darwinismo social contado como lucha, superación y la superposición del “yo” por encima del “nosotros“.  Pero queda el verdadero Thoreau, el de las proclamas contra la guerra con México, el observador de las costumbres indias, el abolicionista de la esclavitud. Ahí comienzan sus verdaderas dimensiones.

Hoy desde Can it be all so simple nos gustaría honrar de algún modo la figura de alguien que nos hizo replantearnos el sentido de una vida dedicada a lo material y a la carga de un modo de vida nacido de alguna manera en los propios Estados Unidos de América y exportado a todo el mundo, ese estilo de vivir entre el éxtasis del consumo y la esclavitud moderna. Sin más dilación os dejamos con las mejores frases de Henry David Thoureau, porque la vida es mucho más compleja y mucho más sencilla.

CIBASS Thoreau dos
-La ley nunca hará más libres a los hombres; son éstos los que deberían liberar a la ley.

-El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.

-De qué sirve una casa sino se cuenta con un planeta tolerable donde situarla.

-Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.

-Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir.

-Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos.

-El amor no sólo debe ser una llama, sino una luz.

CIBASS Thoreau uno

-Es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse.

-Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino.

-Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad.

-La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos.

-Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho.

-Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno.

-Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.


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