La peor película del año ya tiene apellidos (ocho)

Por Toni García Ramón, @tgarciaramon

 

Seguro que no fui el único sorprendido por la fulgurante carrera comercial de Ocho apellidos vascos. Una comedia regular, con un protagonista con el carisma de un ficus y un guión de andar por casa. Por no hablar del director, Emilio Martínez Lázaro, que nunca ha destacado por su destreza como realizador.

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Pero 60 millones de euros después cualquiera dice nada. Si yo hubiera sido el productor de la película (la más taquillera de la historia del cine español, que ya es decir), hubiera puesto inmediatamente en marcha la secuela. Por supuesto, si la primera se llamaba Ocho apellidos vascos, es normal esperar que la segunda se llamara Ocho apellidos catalanes. Claro que sí, ¿hay algo más gracioso que un catalán? (soy catalán y voy a responder la pregunta: sí).

El problema con mi pueblo es que no somos de reírnos. No es que no podamos ser graciosos, o que no lo seamos (Eugenio, Joan Capri, el Perich, por citar solo a tres), sino que tenemos eso tipo de humor introvertido, frío y con tendencia a torcer a boca en lugar de sonreír. No somos de carcajadas, y más allá del topicazo de que somos agarrados y grises, pocos que no sean amiguetes de un espécimen de nuestro territorio saben muy bien a qué atenerse cuando se habla de un catalán.
Algunos se creen que por vivir aquí un par de años ya nos tienen calados y a esos les enviaba a mi abuelo (en paz descanse), para que entiendan que significa ser imprevisible.

Así que los guionistas pensaron que para salir del apuro mejor tirar de algo sencillo: cuatro banderas, un hipster, unos cuantos chistes sobre la independencia y venga, a cobrar. Igual si los astros se hubieran alineado la cosa hubiera salido medio bien, pero es que no. Los astros no se alinearon. Entre Dani Rovira creyéndose que es Brad Pitt, Rosa María Sardá balbuceando gags de medio pelo en catalán y Berto Romero (pobre Berto) tratando de sacar algo de un personaje construido con una O y un canuto, esto es peor que el naufragio del Titanic.

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Solo un par de bromitas de Karra Elejalde y la belleza de Clara Lago evitan que uno vaya al baño cuando la película ni ha llegado a la media hora, para clavarse un sacacorchos en la rótula.
Hay pocas películas tan torpes, zafias y baratas como Ocho apellidos catalanes. Es una película cansina, que denota una total falta de ambición en su concepción y desarrollo y cuya prioridad parece ser estrenarse cuanto antes, más que dedicar tiempo a trabajar en la estructura, los diálogos o los personajes.

Ocho apellidos catalanes tendrá un pésimo boca-oreja y veremos si consigue hacer la mitad de taquilla que su antecesora y es el que al lado de esta, aquella parece Ciudadano Kane o 2001. Es bastante incomprensible entender quién ha dado luz verde a este proyecto de serie B, aunque seguramente hablemos de alguien a quién le aprieta mucho la corbata y le falla el riego sanguíneo.

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Dedicarse a escribir de cine puede ser peligroso y hasta nocivo. La prueba es tener que tragarte un bodrio de este calibre, insustancial y absurdo, y tener que perder después una hora y 600 palabras tratando de hablar de ello. Les diría que lo mejor que pueden hacer es ir ustedes mismos a comprobar si les engaño, pero es mejor que se lo gasten en drogas y alcohol: lo disfrutarán más y se ahorrarán el trauma.

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One Response to “La peor película del año ya tiene apellidos (ocho)”

  1. KillerDaddy says:

    Tiene que ser mala de cojones

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