Regresión de Amenábar: La culpa fue del crossfit

Por Toni García Ramón, @tgarciaramon

El mérito es nuestro. Todo. No tenemos excusa.
Cuando salió Tesis todos corrimos a gritar a los cuatro vientos que habíamos descubierto al heredero de Hitchcock. Lo escribimos en los periódicos, lo dijimos en la tele, en la radio: lo hablamos con los amigos y hasta con los desconocidos. Afirmamos, sin dudas y sin que nos temblara la voz: “Alejandro Amenábar es un genio”.

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Con Abre los ojos nos asaltaron algunas dudas, pero con Los otros se disiparon… aunque volvieran a surgir con Mar adentro, una película que ha llevado mal (muy mal) el paso del tiempo. Por aquel entonces, ya no gritábamos tanto, nos limitábamos a pensar que iba a ser lo siguiente. El gran bofetón llegó con Ágora, la obra de un megalómano que se ha quitado por fin la careta. Un filme tan sumamente fallido que a su autor le ha llevado seis años poder levantar otro proyecto.

La noticia de que Amenábar volvía al thriller fue muy bien recibida. Al fin y al cabo es ahí donde el director sobresalió por primera vez y es bastante obvio que conocía los mecanismos del género. Si además contaba con Ethan Hawke y Emma Watson, ¿qué podía fallar? Pues todo. Podía fallar todo, y de hecho todo falló.

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Regresión es la historia de un policía que sospecha que una víctima de abusos esconde mucho más de lo que aparentemente sabe. Por eso pide ayuda a alguien (a una suerte de psicólogo) que debe tratar a la mencionada víctima y sacarle lo que sepa. Lo sé, parece atractivo, pero no.

A Alejandro Amenábar le ha podido la vagancia, porque Regresión es la película de un tipo cansado, al que le da bastante igual lo que está haciendo. Por eso su obra es flácida, fofa, voluble: los personajes están mal construidos, la dirección de actores es inexistente (no se me ocurre ninguna otra película en la que Emma Watson estuviera tan mal) y el guión es tan extremadamente rústico que hasta se equivoca a la hora de revelar el gran giro y se le queda el final como una lata de espárragos que lleva demasiado tiempo abierta.

Lo peor de Regresión es esa sensación de previsibilidad, de que uno puede saber, transcurridos cinco minutos de película, que pasará en la hora y media restante. Si algo se le puede pedir a un thriller es que sea capaz de mantener la tensión a lo largo de todo el metraje, apartado en el que el filme de Amenábar fracasa estrepitosamente. Pudimos leer el otro día que el director, antes de complexión normal, se ha puesto fuerte como un toro. “Estoy haciendo crossfit” declaró el cineasta.

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Siempre han dicho que el deporte es bueno pero a ver si en este caso va a ser justo lo contrario: tanto estiramiento, tanta zancada y tanta abdominal debieron hacer mella en Amenábar, que llegaba al plató ya agotado y sin ganas de nada. Esperemos que sea eso, que deje de ir al gimnasio y vuelva a centrarse en el cine. También es posible que al final no sea el heredero de Hitchcok. Hay que joderse.

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