El hijo del herrero (Gracias Michael y feliz cumpleaños)

Por JD Romero, @JD_Romero23

 

Decía el reverendo Al Sharpton en un Staples Center lleno hasta la bandera el 7 de julio de 2009 que había gente que se preguntaba como la muerte de una persona podía tener un impacto emocional tan gigantesco en todos los rincones del globo. El fallecimiento de Michael Jackson fue (parafraseando literalmente a mi amigo Carlos Palencia) “el 11-S de la cultura“, es decir: un rutinario día al comienzo del verano y de momento sucede algo de lo que nadie puede dejar de hablar en todas las clases sociales, en todas las religiones, en todos los países y en todas las razas. Cuenta la leyenda que un Michael Jackson con 4 o 5 años le dijo a su profesora que quería ser el mayor cantante del mundo, a lo que todos los niños respondieron con un estruendo de risas. Hoy, unos cincuenta años después de aquello, podemos decir que aquel hijo de un herrero de la ciudad deprimida de Gary (Indiana) y menor de nueve hermanos tenía razón, y vaya si la tenía.

Michael Jackson nos enseñó que un videoclip no sólo era un cantante haciendo playback sobre un fondo blanco, sino que esos fragmentos podían tener más talento que un largometraje de cualquier director reputado. Michael nos hizo darnos cuenta de que aquel James Brown al que tanto admiraba podía quedarse enano ante el alumno que era capaz de mover el cuerpo de forma hipnótica durante tres horas en directo delante de sesenta mil personas sin repetir un sólo movimiento. Jackson no sólo nos enseñó que se podían vender cien millones de copias de un mismo disco, sino también que puedes morirte con cincuenta años y haber sido número uno en los sesenta (The Jackson Five), en los setenta (The Jacksons y como Michael Jackson) en los ochenta (con Thriller y Bad) en los noventa (Con Dangerous y History) y en la década del dos mil (Con Invincible). Eso quiere decir ser número uno durante cinco décadas y tener ese número de años. Si la vida de Jackson hubiera sido una novela de ficción diríamos que nos parece desmesurada.

Le decía Michael al productor Rodney Jerkins a finales de los noventa que al trabajar con él recibiría derechos de autor de países que ni siquiera sabría que existían. Y es que el pequeño de Joseph y Katherine también nos enseñó que un artista podía ser un genio del R&B (Rock With you), del funk (Don’t stop til you get enough) del soul (Billie Jean), del pop (Black or white) del rock duro (Beat It) e incluso acercarse al heavy (Give it to me) todo ello acompañado de baladas clásicas (Heal the world, Speechless) y de experimentos como Tabloid Junkie sin pereder autenticidad ni volverse ridículo, y encima vender esos álbumes por docenas de millones a todos los países del mundo. También le contaba a sus cercanos que si una canción no es capaz de hacerte llorar a tí mismo como intérprete tampoco iba a lograr ese mismo efecto en el resto del mundo.

Jackson es el artista musical más exitoso de todos los tiempos según el libro Guinnes de los récords (de acuerdo a sus discos vendidos), también es el más premiado de todos los tiempos con más de mil reconocimientos incluyendo 500 galardones y 13 premios Grammy, es la persona que más ha donado a causas benéficos de la historia, con más de 500 millones de dólares en donativos a lo largo de su vida, el único artista en conseguir números uno en cinco décadas seguidas, el artista en ganar más dinero de la historia con la música (más de 7.000 millones de dólares) y el más jóven en ganar un premio Billboard. Y sin embargo hay un mensaje mucho más grande y a la vez más sencillo que todas las cifras millonarias: Michael Joseph Jackson, el hijo de un herrero nacido en una de las ciudades más empobrecidas de Estados Unidos se convirtió en -probablemente- el mejor artista de todos los tiempos.

Aquel niño de cinco años del que se reían en la escuela acabó haciendo llorar al mundo entero cuando se le paró el corazón, de modo que Michael Jackson no sólo nos enseñó a cantar o bailar, no sólo nos dijo que diéramos de comer al pobre o que cuidáramos de la naturaleza, también fue la primera persona de varios generaciones que nos invitó a soñar de verdad, a no rendirnos, a superar al maestro y a acompañar a la ambición de buenas acciones. Michael nos dijo que cogiéramos un espacio a nuestro alrededor y lo hiciéramos un lugar mejor y ahora que se ha ido quizá no tenemos quién nos guíe y de quién puede servir de guía no nos fiamos. Ahora los artistas se disfrazan por marketing, aprender a bailar en academias y no retirando la mesa del salón y ayudan al tercer mundo sólo cuando hay una cámara apuntando. Al final eras mejor de lo que te dijimos en vida y sólo hay unas palabras que podamos darte de vuelta: Gracias Michael.

CIBASS Funeral de Jacko


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