Los intangibles de Andrés Nocioni

Por Chema de Ángel, @ChemaAR

tangible.
(Del lat. tangibĭlis).
1. adj. Que se puede tocar.
2. adj. Que se puede percibir de manera precisa.
intangible.
(De in-2 y tangible).
1. adj. Que no debe o no puede tocarse.

Aunque el término intangible pueda responder más a un concepto filosófico, cercano a la metáfisica y que relacione lo que es realidad y lo que no, con aquello que pueda tocarse, contarse y sentirse, la intangibilidad (que es una palabra que acabo de inventarme para denotar lo vagamente inteligente que puedo ser si me lo propongo) es un concepto del cual han vivido multitud de deportistas, pero para ser más concretos, aquellos dedicados al mundo del baloncesto.

Un deporte que en gran medida se basa en números, con estadísticas absurdas sobre el porcentaje de tiros libres que falla el jugador Menganito cuando lleva 15 faltas en contra y está muy cansado; pero los números no pueden con todo, aunque la naturaleza y ‘Guía del autoestopista galáctico’ nos enseñaran que la respuesta a todo es 42.

CIBASS Andrés Nocioni siendo premiado

Ese escondrijo reservado a jugadores, que los años, o la falta de talento quizás, han hecho que desarrollen otro tipo de habilidades que poco o nada pueden contabilizarse, y que un día aparecen en su vía profesional como si la virgen se le apareciera a dos pobrecitos de la ‘deep Spain’. ‘Los intangibles’, palabra que muchas veces va a unida a ‘cojones’ de manera inconsciente, son el concepto al que todo baloncestista de barrio nos hemos agarrado para alargar un partido más, cada vez, nuestra cita de todos los domingos, aunque ya no podamos saltar, ni fintar como antes, aunque realmente nunca lo hayamos hecho.

Pero nosotros nunca llegamos ni a federarnos, y ‘los intangibles’ han servido para definir carreras, como la de Carlos Jiménez, que si buscáramos su nombre en la RAE vendría, como si de un libro de ‘construye tu propia aventura’ se tratase, una indicación que nos trasladase a la definición de ‘intangible’.

Pero no quiero hablar hoy del último gran alero español que ha jugado en la selección española de baloncesto, ya que por mucho que se empeñen Rudy Fernández no es alero ni Claver puede jugar bien de nada.

Andrés Marcelo Nocioni, que como buen argentino y deportista, posee un mote que responde a ‘ Chapu’, es el último bastión de ‘lo intangible’ en el mundo del baloncesto. Un cúmulo de sentimientos, organizados por una cabeza fría, que pese a estar más cerca de la retirada que de un comienzo titubeante en el deporte, demostró en la última Final Four de la Euroleague que aún puede jugar a esto del baloncesto a un nivel que pocos lo han hecho nunca, que aún puede llegar a ser MVP de una final, que su entrada al parqué puede dar un plus de ferocidad a su propio equipo, haciendo desear a los rivales volver al hotel rápido para ir corriendo a casa.

El verano pasado, cuando la sección de baloncesto del Real Madrid buscaba ese plus de ‘intangibilidad’ que le diera un campeonato europeo a nivel de clubes, pensó en Nocioni para el puesto de alero, pocos supieron como tomarse esa noticia. ‘Tiene mucha edad ya’ o ‘viene de vuelta’, son algunas de las declaraciones imaginarias que algún aficionado haría, sino estuviera lo suficientemente interesado y ocupado en opinar acerca de la nueva cana que le ha salido a Cristiano Ronaldo. Pero para Nocioni, que siempre había encontrado en la adversidad una motivación extra con la que salir adelante, no eran más que conjeturas que respondían al razonamiento de alguien que se cree seguro de sí mismo ‘si piensan así, es porque me tienen miedo’.

CIBASS Andrés Nocioni

El factor psicológico va unido a ‘lo intangible’. Conformando, tal vez, una especie de ying-yang, dónde solo pueden llegar a coexistir y funcionar si se encuentran en perfecta armonía. Pocas veces, y cuando pasa nos reímos de esos sucesos, se tiene en cuenta el factor psicológico en los deportes de élite. Si un día sale un futbolista, sin la ESO pero con muchos tatuajes, a quejarse de lo triste que puede estar, solo nos quedamos en la superficie, no sabiendo ver más allá y comprendiendo a la presión psicológica y mediática que son sometidos aquellos que deciden sacar partido de sus fortalezas físicas y habilidades psicomotrices, poniéndolas al servicio del deporte de masas y del espectáculo colectivo.

Ese factor psicólogico que solo los años, el tiempo, los palos, los agitamientos de toalla en temporada regular, el fracaso, el éxito en verano con tu selección, la vuelta al ‘carácter baskonia’ pero esta vez sin tanto carácter, pueden darte. El fracaso y la desesperación, es el camino a la grandeza, pero un camino largo y estrepitoso, que algún día llega.

Y ese día llegó.

Lo fichamos para estos momentos’ se dice algún directivo desde un asiento privilegiado en el Barclayd Center, mientras ve como ‘el Chapu’ que llevaba bastante tiempo nervioso y decidido a entrar para saber lo que mejor hacer, ganar y usar sus ‘intangibles’.

El Chapu Nocioni lleva nervioso desde comenzó el encuentro y apenas han pasado seis minutos desde que comenzó el juego’ comenta el narrador del partido por la televisión, si a quién van dirigidas esas palabras pudiera escucharlas, seguramente respondería con un ‘no llevo seis minutos esperando para esto, llevo toda una vida’.

La vida da muchas vueltas pero el karma, eso que los más conectados a las cosas espirituales suelen recurrir cuando todas las respuestas se les acaban, le debía una a Nocioni, una que le quitó, para gloria de muchos otros, esa vez en la que Argentina pudo ser campeona del mundo de baloncesto en 2006, si aquel triple, escorado, desde el límite de la zona, no hubiera tocado aro, aquel mismo triple fallado que marcó el destino de una generación de oro dentro del baloncesto español.

Pero eso, es otra historia.

Andrés Nocioni, ‘El Chapu’ se ha transformado en un clásico del baloncesto europeo, un miembro necesario en el ejército de ‘los intangibles’, un viejo rockero que vuelve una vez más, y las que hagan falta, a la carretera, para demostrar que aún tiene algo que decir, que aún es demasiado pronto para que lo jubilemos, ya habrá tiempo de añorar su gritos en el pabellón y dejarnos invadir por un sentimiento de melancolía por la ausencia del ‘13’ cada verano.

EFE/Juan Carlos Hidalgo

EFE/Juan Carlos Hidalgo

Aún estamos a tiempo de disfrutarlo. Lleven a sus hijos, reconocidos o no, a verlo jugar si vuelve con su equipo a su ciudad, solo así, las futuras generaciones, podrán decir aquello de ‘yo ví jugar al Chapu Nocioni’ a boca llena.


One Response to “Los intangibles de Andrés Nocioni”

  1. Berni says:

    Buen post. Esperamos otra entrada con los intangibles de Prigioni :)

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