Mad Max Fury Road o el orgasmo en pantalla grande

Por JD Romero, @JD_Romero23 y Juan Manuel Chacón, @juanmchacon

 

“Los líderes hablaron… y hablaron… y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los hombres se comieron a los hombres”
-Mad Max 2, el guerrero de la carretera

El estreno de la película australiana Mad Max en 1979 supuso un importante punto de inflexión en lo que al cine de ciencia ficción se refiere. La película dirigida por el entonces novato George Miller, si bien es cierto que no inventó el género distópico, sí que ofreció un original y particular punto de vista y una estética propia inconfundible donde se planteaba un futuro similar al salvaje oeste (o con detalles más cercanos al spaghetti western) pero plagado de metal, estética punk, sudor y vehículos a motor. Podríamos asegurar que lo que hace tan única y recordada a esta saga, más que sus tramas, es su particular universo propio. La atmósfera seca y sofocante de los desiertos australianos le vino como anillo al dedo a un contexto en el que dominaba el caos y el desorden provocados por la escasez de combustible, con bandas motorizadas sembrando el terror allá por donde pasaban. Una especie de contexto cyberpunk desértico, sin los avances tecnológicos ni las ciudades impolutas de neón que caracterizan al género.

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Mad Max Fury Road. Kennedy Miller / Village Roadshow Pictures

Como suele ser habitual en las películas que luego se convierten en obras de culto, el lanzamiento de la primera entrega de la saga fue humilde y sin muchas aspiraciones, con un presupuesto de tan sólo 350.000 dólares. A pesar de ello, el estreno en Australia fue un auténtico éxito, convirtiéndose en la película más taquillera del año y propiciando su distribución internacional. Sin embargo, en muchos países europeos la película causó un importante revuelo por la violencia y el salvajismo que mostraba, algo a lo que el público no estaba muy acostumbrado en aquellos tiempos. En Francia obtuvo la calificación de X y en España la S, calificación que se le daba a películas de alto contenido erótico o violencia explícita. Peor fue el estreno en USA, donde apenas tuvo repercusión, llegando incluso a ser doblada para evitar el acento y las expresiones australianas. A pesar de todo, la recaudación internacional rondó los cien millones y sólo dos años después se estrenó la segunda parte de la saga y, en 1985, la tercera y última entrega (hasta este año).

Mad Max no sólo es importante en el mundo cinematográfico por ser considerada una saga de culto, sino que también hay que agradecerle el lanzamiento al estrellato de un joven de tan sólo 23 años llamado Mel Gibson. Según cuenta la historia no oficial, Gibson ni siquiera tenía intención de aparecer en la película, sino que acudió al casting acompañando a un amigo. Pero Miller se fijó en él, principalmente, gracias al aspecto demacrado que reflejaba su rostro por una pelea en la que se había visto involucrado la noche anterior, dándole el papel protagonista sin pensarlo. La elección fue, sin duda, acertada, pues es difícil imaginar la saga sin Mel Gibson en la piel del loco Max Rockatansky. La cosa es que más allá de leyendas para ensalzar las casualidades que construyen los mitos de una saga legendaria el actor supo encarnar maravillosamente y con un carisma sobresaliente el rol que se le dió.

Aunque es cierto y tópico y manido que una de las cosas que más se le critican a Hollywood actualmente es la falta de creatividad de su industria, plagando las carteleras de remakes, secuelas, precuelas y reboots; no es menos cierto que la importancia de la saga de Mad Max ha hecho que el estreno de una cuarta parte haya generado una gran expectación. El encargado de interpretar al nuevo Max es Tom Hardy, con un aspecto totalmente distinto al del Bane que vimos en El Caballero Oscuro, la leyenda renace. Pero si hay que destacar a alguien en esta nueva entrega es a Charlize Theron, que incluso ha sido criticada por los sectores más conservadores de Estados Unidos, que no han dudado en tachar la película de propaganda feminista incluso antes de su estreno por el protagonismo que Miller ha querido darle a la actriz de origen sudafricano.

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Mad Max Fury Road. Kennedy Miller / Village Roadshow Pictures

Ni más ni menos que treinta años después del estreno de la última película de la saga (la tercera), un casi octogenario George Miller vuelve a la saga que lo hizo mundialmente famoso, y vaya como vuelve. Desde el minuto uno vemos/disfrutamos en modo orgasmo los cientos veinte minutos exactos de serie b sin complejos pero ejecutada de un modo sobresaliente; cada plano es maravilloso, el diseño de cada coche es genial, la música es perfecta y Tom Hardy y -sobretodo- Charlize Theron están fantásticos. A pesar de las innumerables virtudes de la película como producto redondo de acción y blockbuster tenemos que reconocer que el verdadero protagonista (por ejecutor de momentos maravillosos minuto sí y minuto también) es George Miller. El director se muestra cómodo, seguro y suelto con la cámara en la saga que él mismo creó y eleva las persecuciones, el futuro apocalíptico y las polvorientas carreras marcas de la casa a un jodido siguiente nivel.

El guión (que es una mera excusa para sacarnos la baba a modo de maravillosas y contínuas escenas de acción) nos cuenta como Mad Max ha decidido vivir una existencia en soledad como modo de supervivencia. Cosas de la vida acaba ocurriendo todo lo contrario a su plan: Max se ve huyendo junto a una sucia pero bellísima Charlize Theron del señor de la guerra en una persecución que no parece tener fin. La gasolina y el agua como bienes más preciados en un guión minimalista cuyas escenas atrapan al espectador con plena furia y no lo sueltan hasta los títulos de crédito, más y mejor en un frenetismo constante. Mad Max Fury Road no tiene nada que ver con la saga de La carrera de la muerte que han disfrutado las nuevas generaciones, en esta película la cámara está al servicio del espectador para que veamos claramente lo que pasa en cada momento (a pesar de las altas velocidades en que transcurre la acción), nada de espasmos y nos hacemos una idea de las distancias que se recorren en cada escena, algo bastante certero para saber el alcance de la acción y la tensión en películas cuyo eje principal son las persecuciones entre vehículos.

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Mad Max Fury Road. Kennedy Miller / Village Roadshow Pictures

Mad Max 4 es la guinda del pastel de George Miller, la vuelta al universo que lo hizo mundialmente famoso y una especie de tour de force en la dirección donde el australiano demuestra que quizás se le debieron dar muchas más -y mejores- oportunidades como director. Un anciano dirigiendo una película macarra de acción pura y dura donde todo es más auténtico, más grande, más sucio y mejor y donde la diversión llega a niveles absolutos. Fury Road deja en nuestras retinas escenas para la historia, nos devuelve a nuestra infancia y crea esa sensación que teníamos durante la juventud de cine como lugar mágico, evocador y creador de universos hipnóticos. Nosotros volveremos al cine a verla, luego compraremos el Blu Ray y dentro de muchos años se la pondremos a nuestros hijos. Miller ha traido el polvo, el sudor y el rugido de los motores de vuelta, ahora que Dios le bendiga por ello.

CIBASS Puntuación CIBASS Cuatro puntos y medio


4 Responses to “Mad Max Fury Road o el orgasmo en pantalla grande”

  1. Bruno castro says:

    Dios, ganas de verla!. Aunque en realidad apetece ver la trilogía original y acto seguido correr al cine a por Fury Road.

  2. María Rey says:

    To el mundo está loco perdio con esta película ¿que tiene?

  3. The Falcon says:

    Doy de fe de la calidad de la peli como cinta de acción, visceral y sin complejos.

    Gracias por el articulo

  4. Spacejock says:

    Es un peliculón. Para mí la mejor película de acción vista en décadas, pero además profunda y crítica, como lo tenía el cine de los 80s. Esperando el BR y el juego.

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