Y ‘Fargo’ de los Coen sigue sin pasar el test de Bechdel

Por David Rodríguez, @davidjguru

Que la cultura occidental moderna y postmoderna es una larga retahíla de relatos protagonizados por hombres no creo que pueda ser discutido. No es que haya necesidad de remontarse a las leyendas sobre los romanos humillando a la reina Boudica, es suficiente con darse un paseo por cualquier película actual para darse cuenta de que la mayoría de productos culturales que consumimos prácticamente en cualquier formato son planteamientos eminentemente masculinos. Supongo que tiene que ver con eso del heteropatriarcado, que ha hecho que entre otras cosas, solo nos contemos entre nosotros grandes cuentos protagonizados por hombres. Ante cualquier duda date una vuelta por la sección principal (“home”) de este ilustre sitio web llamado Can It Be All So Simple Blog: verás que la proporción hombre/mujer es de 90/10 y apenas nos damos cuenta.

Resulta algo asombroso identificar esa ausencia absoluta de la mujer como protagonista principal de los constructos culturales que comemos a diario. Mucho más duro de asumir cuando vemos que andan por ahí mujeres jóvenes solicitando el final de la discriminación positiva hacia su propio género. Uno no sale de su asombro, y es que al fin y al cabo algo hay que hacer. Algo tenemos que hacer. O al menos decir.

Dentro de la frustración que genera la comprensión de esta situación, y repasando todo lo que concierne a este blog (series, cómics, películas, etc) es normal toparse con papeles femeninos débiles, dependientes, secundarios, histéricos y claramente desfavorecidos en el reparto de los roles y los pesos en las tramas. No es necesario que recurramos a series ponzoñosas como ‘Modern Family’ y esos envoltorios nuevos para los viejos tratamientos de mujer florero. Todo está plagado de un claro desequilibrio y no es justo. Porque las mujeres fuertes existen, están ahí, lideran y se implican igual que cualquier hombre. Esta cultura nuestra parece no hacerles justicia. Así que hoy rompamos una lanza a favor de algún contraejemplo útil aquí en CIBASS y compartamos el caso de la investigadora Marge Gundenson. ¿No sabéis de quien hablo? Es fácil. Es la protagonista de la película “Fargo” de los hermanos Coen.

CIBASS Frances McDormand en Fargo de los Coen

Frances McDormand como la detective Marge Gunderson (Olmstead de soltera)

Sería una osadía no reconocer la calidad global de una película tan eficaz y particular como “Fargo”. No es sólo una cuestión de bonitos planos y de paisajes atractivos, en serio. Debe ser algo más allá. A fin de cuentas más uso del plano como fin y no como medio tenía “Bailando con lobos” y sin embargo ahí está campando a sus anchas por el inexacto Olimpo de las “grandes” películas de la historia del cine.

Pero al menos Fargo envejece genial y no tenemos que lamentar ninguna caída en desgracia de sus actores principales: todos permanecen activos en esa división en la que siempre han jugado, la de los secundarios extraños, particulares y algo freaks. ¿Qué le podríamos reprochar a William H. Macy? ¿Que no le disparara alguna veces más a su esposa en “Boogie Nights“? ¿O a Steve Buscemi?. Nada. Ellos siguen su camino de la misma manera que lo hacían en aquel lejano ya mil novecientos noventa y seis (madre de dios, vamos a morir todos).
Y es que Fargo sigue molando a saco.

Tal vez una de las películas más interesantes de los hermanos Coen, más jugosas, más inquietantes por ser prácticamente la más pura esencialmente y a la vez más atractiva de esa rama “clásica” de esta pareja de hermanos que desde hace décadas se dedican a investigar las posibilidades de contar una buena historia dentro de sus propios cánones y su marca de la casa. Lejos de experimentos, de intentos de resultar comerciales (intención que para los Coen siempre termina generando resultados extraños), se mueven como pez en el agua en ese segmento que tan bien manejan: la articulación de un guión a la manera del “Extraños en un tren” de Hitchcock que viene a ser un planteamiento básico reutilizado en muchas de sus obras y que sin embargo ellos saben dotar de excelentes complementarios. Señor pardillo en apuros (bien económicos, bien existenciales) toma una decisión chiflada. Señor pardillo se mete en un lío considerable. Gente peligrosa persigue a señor pardillo para matarlo o al menos conseguir una sustancial restitución del daño causado. Final desastroso. Algo así podría ser la receta elemental de un trabajo de los Coen en esa llamada “rama clásica” en la que suelen mostrar sus mejores capacidades y donde además la simpleza de la arquitectura no procura un resultado final mediocre. Los Coen usan paredes sencillas en las que decoran con exquisitez de artista, en una casa pequeña consiguen un rendimiento estético e interpretativo alucinantemente depurado para terminar normalmente en obras que si no todas podrían considerarse “cine de culto” al menos bien quedarían cerca. Como “Arizona Baby”, “Quemar después de leer”, “El Gran Lebowsky”, “No es país para viejos” y la excelente y poco conocida “El hombre que nunca estuvo allí”. Obras alucinantes de ese enfoque neo-noir de esta dupla de creadores cinematográficos.

CIBASS Fargo de los hermanos Coen

Steve Buscemi como Carl Showalter tras recibir un disparo en la cara y un poco de mala suerte

Y entre ellas la alucinante “Fargo”: un desempeño magistral que volvió a ponerlos en el mapa, que los sacó de la terrible zona roja (por números rojos, claro) de los fracasos económicos, que les generó un buen rendimiento en taquilla, que por fin terminó de rendir a la crítica a los pies y que de alguna manera validó las principales verdades de los Coen:

-Que no son necesarios grandes presupuestos para crear magia en pantalla.

-Que para resultar originales no requerían grandes efectos especiales ni ritmos acelerados.

-Que tenían un lenguaje propio construido desde la niñez a costa de ver y comentar juntos muchísimas películas. Y que su lenguaje resultaba atractivo y accesible para el público.

-Que probablemente nunca serían unos capos de la taquilla pero que ya solo importaba crear películas que trascendieran.

Siempre he pensado que hay un antes y un después de Fargo dado que su carrera posterior, al contrario que la primera fase “pre-Fargo” (1987 – 1996) está exenta de grandes saltos y de presentar algo que no termine de funcionar. Su “post-Fargo” se encuentra ausente de grandes outliers y saltos en picado para dejar paso a una sola línea centrada en una suave curva ascendente. Supongo que desde entonces los Coen saben mejor quienes son y lo que deben y no deben hacer.
Así que entre esas dos partes quedaría como zona de frontera la curiosa Fargo. Curiosa por ser una película que ausente de un gran guión, se encarga de hacer que el resto del trabajo se incremente por encima, como si de alguna manera validase las tesis que suelen apuntar a que el cine de los Coen es un cine de personajes y paisajes más que de grandes tramas, arcos y acciones. Y la diferencia entre ambos en esta película es notoria.

CIBASS Cartel de la película Fargo

Cartel promocional de la película Fargo

Partiendo de esa base “clásica” del noir de los Coen arranca una película que en cuanto termina nos deja con la libreta llena de preguntas a reflexionar. Un asunto probablemente debido a sus personajes magníficamente esculpidos y a sus situaciones complejas que avanzan y se resuelven a ritmo rápido. William H. Macy como creador de la premisa de la película y personaje metido en apuros que toma una decisión chiflada: ordenar el secuestro de su propia mujer para sacarle unos milloncejos a su rico y avaro (suele ir unido) suegro contratando a un Peter Stormare que por aquel entonces no se había encasillado en papeles de tipo peligroso y a Steve Buscemi, nuestro ‘Nucky’ Thompson, nuestro Tony Blundetto. La premisa tiene casi todo para poder salir mal. Pero falta sin duda la protagonista fundamental de la película: una terriblemente sencilla y eficaz Frances McDormand que hace saltar por los aires todos los desastrosos planes de este ponzoñoso equipo y que nos llevará a través de sus pesquisas a diferentes rincones del estado de Minnesota bajo la nieve.

Adoro a McDormand en este film. No necesita buscar dinero para operarse las tetas como en “Quemar después de leer“, es más seria, más solemne, más decidida, más autónoma que en la mayoría de sus papeles y que la mayoría de roles femenino del cine mainstream. De hecho el único florero que existe en la película es su propio marido. Que se mueve poco, que depende demasiado, que no pinta nada en su vida. Ella investiga, decide, lidera e incluso se enfrenta a Peter Stormare sin un atisbo de duda. Brava ella. Y encima estando embarazada, de lo que no hace ningún lamento ni ninguna excusa. Es un papel fuerte que camina al mismo ritmo taimado que el resto de la película y que por supuesto al mismo paso del resto de la población de ese entorno donde nunca pasa nada.

Pero lástima que no pase el test de Bechdel, lo merece sin duda. Apenas faltaría un poco más de conversación con otra mujer sobre otro tema que no fuera la enfermedad mental de su antiguo compañero de instituto, ya que el resto de filtros se cumple: en la película salen al menos dos personajes femeninos (primer filtro), que dos personajes femeninos hablen entre sí (segundo filtro) y que por último la conversación trate de algo más que un hombre (tercer filtro). Aquí definitivamente se atasca, pero por muy, muy poco. Y es una lástima, seguro que con algo más de diálogo se hubiese pasado. ¿Sencillo? Prueba a pasarle el test al noventa por ciento de películas ‘mainstream’ que consumimos. Los resultados serán alucinantes.
Este podría ser el broche perfecto al homenaje a la mujer que insertan los Coen dentro de esta película de grandes paisajes y mejores diálogos.

Una Frances McDormand impresionante, que no nos necesita a ninguno de nosotros. Un regalo que nos hicieron los hermanos Coen.

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2 Responses to “Y ‘Fargo’ de los Coen sigue sin pasar el test de Bechdel”

  1. F. says:

    Curiosamente me ha pasado con el artículo lo mismo que a vosotros con la película. Por un poquito se ha atascado. Y ese poquito no es sino la idea de la ‘mujer fuerte’, ‘brava’, que ‘está embaraza sin hacer lamento ni excusa’, que… ¿lo bueno es que parece que ni está embarazada?
    Qué pena que en el feminismo en ocasiones se asuma sin reflexionar el cliché de mujer todoterreno que tiene que tener los huevos (intended) más grandes que nadie; que reposar o no exponerse a situaciones de riesgo porque se está embarazada se considere de ‘mujer débil’.

    Supongo que lo suyo es que en los productos culturales puedan existir roles de hombre cobarde que no es ni el alivio cómico ni el lugarteniente maricona del villano, de mujer prudente que no es la castradora del prota, de mujer arrojada que no es la salvación del feminismo ni nuestro indiscutible modelo a seguir o de hombre valeroso al que no se le tiran todas las tías encima. Es un camino complicado.

  2. ClintBarton-Hawkeye says:

    La mayoría de personajes masculinos de la película son ridículos, unos por serlo explicitamente y otros implicitamente (por pecar de macho) como el suegro del protagonista. Buen artículo.

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