Gotham Central: héroes de baja ralea

Por Jesús López, @jelopesp

“Vais a salir al mundo y a cambiar las cosas. A veces no será mucho, incluso no será visible. Pero tendrá importancia igualmente. No lo hagáis por elogios o por dinero. Hacedlo porque hace falta hacerlo. Hacedlo para hacer mejor vuestro mundo. Sólo un poco cada vez.” Comisario James Gordon

Gotham City necesita de frases motivadoras como la que abren este artículo. Y es que, mientras ciudades como Los Ángeles o Nueva York representan la luz y el éxito, Gotham City representa el lado oscuro de la sociedad, la escoria, la ponzoña… Y la existencia de supervillanos en la ciudad, no hace más que reforzar esa consideración.

Por suerte, Gotham también cuenta con la figura de Batman, y, por ende, Robin, que proporcionan un rayo de esperanza, ese pequeño resquicio a través del cual se vislumbra la superficie y que quizás permitirá a los habitantes de Gotham salir de la oscuridad.

Pero Batman y Robin no siempre estuvieron allí. Los superhéroes embutidos en spandex son un producto contemporáneo. Antes que ellos, eran otros los responsables de velar por la seguridad de la ciudad de Gotham: el Departamento de Policía de Gotham City (GCPD). Para proteger y servir.

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Pero las circunstancias cambian. Las amenazas a las que la ciudad ha de hacer frente son cada vez más atenazantes, de modo que incluso el GCPD debe adaptarse a los cambios, surgiendo de esta manera la Unidad de Crímenes Mayores.

Y es aquí donde se va a centrar la serie de la que hoy vamos a hablar. Ed Brubaker y Greg Rucka en los guiones, acompañados a los lápices por Michael Lark, nos van a mostrar una idea que estaba ahí y a la que nadie le había prestado atención antes.

Después de 64 años de historia de universo batmaniaco (desde el Detective Comics #27 en que tiene lugar la primera aparición de Batman, en mayo de 1939), alguien iba a narrar los quehaceres diarios del GCPD más allá del Comisario Gordon. Nada más y nada menos. Así, en febrero de 2003 DC Comics lanza al mercado el primer número de Gotham Central.

En principio se trata de un cómic escrito mano a mano por ambos guionistas, donde Rucka se encarga del turno de día y Brubaker del turno de noche de la Unidad. Así, en una especie de Canción triste de Hill Street versión papel, vemos pasar a aquellos personajes secundarios que se vislumbraban al fondo de las viñetas de los cómics de Batman erigirse en los auténticos protagonistas de la historia, con especial interés en los detectives Crispus Allen y Renee Montoya (posteriormente de gran importancia en el Universo DC por circunstancias que ahora no nos competen). Si bien éstos no son los únicos protagonistas. Gotham Central es una serie coral, como se le ha de presuponer a una colección de este tipo. En ella vemos la labor de investigación policial ante las acciones de los supervillanos de Gotham más allá de los superartilugios del Detective con mayúsculas de la ciudad. Vemos cómo se mueven los bajos fondos, cómo se utiliza la ayuda del soplón, cómo una línea de investigación puede llevar a la resolución de otro caso, la colaboración (y el odio) existente entre las distintas unidades (¿por qué en todos los medios siempre odian a los federales?)… Brubaker y Rucka también nos muestran las relaciones interpersonales dentro de la comisaría, más allá del trabajo policíaco habitual.

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Pero en Gotham Central también podemos ver la lacra que asola a todo cuerpo policial. La corrupción y la brutalidad también están presentes en las páginas del cómic. Un cáncer difícil de erradicar en el GCPD, ya que sus tentáculos son intrínsecos a la ciudad de Gotham y están muy extendidos entre los policías. Aún así, todavía quedan agentes íntegros, que, además de tener que lidiar con la difícil tarea de la lucha contra el crimen, han de hacer frente a las cortapisas dispuestas por los corruptos.

Sin embargo, no todo es trabajo. Brubaker y Rucka también nos adentran en la vida privada de los agentes de la Unidad de Crímenes Mayores. Es aquí dónde radica el encanto de esta serie. Lejos de estereotipos, los personajes se muestran como cualquier hijo de vecino, con sus problemas e inseguridades, enriqueciendo su trasfondo y acercándonos a ellos.

Junto a Brubaker y Rucka, tenemos en el dibujo a Michael Lark, el autor más apropiado para esta serie de género negro. Efectivo en las escenas de diálogo, efectista en las escenas de acción y, sobre todo, capaz de reflejar el ambiente oscuro, tétrico, opresivo de una ciudad como Gotham.

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Hacia la mitad de la serie, Lark abandona el barco, siendo sustituído primero por Greg Scott y, posteriormente, por el barcelonés Kano, ambos con un estilo muy similar al del co-creador de la serie. Pero Lark es mucho Lark.

La serie empezó con un nivel de calidad muy alto (tanto, que incluso su segundo arco argumental, Media Vida, correspondiente a los números 6 a 10, consiguió un Eisner y un Harvey), sin embargo, hacia la mitad su ritmo empieza a decaer, impulsado, sobre todo, por la necesidad de amoldarse a la continuidad del universo batmaníaco impuesto por las series mayores de la editorial. Gotham Central finaliza su andadura en el número 40, cerrando de manera un poco abrupta, impulsado sobre todo por la marcha de Brubaker con un contrato en exclusiva a Marvel. A Rucka se le ofreció continuar con la serie, a pesar de que las ventas de las grapas mensuales eran bastante bajas. En un acto de fidelidad con el resto de co-creadores, rechazó esta posibilidad, dándose por finiquitada la colección hasta el día de la fecha.
Con todo, Gotham Central es una serie recomendable, que ha servido para proporcionar un punto de vista del género superheroico de Gotham más humano que divino, y que, sobre todo, aumenta, aún más, la riqueza de secundarios del universo Batman.

Gotham Central


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