Y, el último hombre: Distopía femenina

Por Jesús López, @jelopesp

En el año 2002, Brian K. Vaughan (Cleveland, 1976) era prácticamente un desconocido en el mundo del cómic. Sin embargo, el status del antiguo estudiante de cine de la New York University iba a cambiar para siempre en ese año y los posteriores. 2002 supone su iniciación para ganar el derecho a entrar en el Olimpo de los guionistas, con el consecuente ascenso meteórico en cifras de ventas, atención por parte de los medios, la llegada de premios como el Eisner (del que ya atesora unos cuantos), la producción ejecutiva en series de éxito… Y todo ello se lo debe a una letra: la Y.

El día 17 de julio de 2002 parecía ser un día más en la vida de Yorick Brown. Este licenciado en Filología Inglesa, aficionado al escapismo y en paro ve pasar los días sin otra aspiración que consumir cultura popular, sacar unos dólares en Washington Square haciendo trucos de cartas y esperar la vuelta de su novia Beth Deville, estudiante de Antropología de intercambio en Australia. Su rutina únicamente se ve rota por Ampersand (nombre del símbolo ‘&’, ‘and’ en inglés e ‘y’ en español), un mono capuchino que le han asignado para adiestrarlo en la ayuda de tareas domésticas a discapacitados, cuya principal afición es lanzar a Yorick sus propios excrementos.

CIBASS Y, el último hombre

Pero ese día iba a suponer un punto de inflexión, no sólo en la vida de Yorick, sino en el de la Humanidad tal cual la conocemos. De forma repentina y simultánea, todos los mamíferos de género masculino y, por tanto, portadores del cromosoma Y en su genoma, desaparecen de la faz de la Tierra pasto de las hemorragias. Nada se sabe del origen de esta masacre. Sólo sabemos que ha muerto más de la mitad de la población del planeta. Aquélla sobre la que, además, desde tiempos inmemoriales y salvo excepciones, asume la responsabilidad, desde el punto de vista geopolítico, en la toma de decisiones.

Afortunadamente, el “generocidio” no ha sido completo. Por alguna razón desconocida, Yorick y Ampersand continúan con vida. De forma repentina, un don nadie, un fracasado, se convierte en la persona más importante del planeta y en la clave para conocer el secreto que encierra la plaga que arrasó con el sexo masculino. Sin embargo, eso no es lo que interesa a Yorick. Él está determinado a encontrarse con su amada, localizada en el otro extremo del globo.

De nuevo, me veo embarcado en un viaje a lo largo y ancho del mundo, esta vez en compañía de Yorick y Ampersand. Pero no están solos. Les acompañan, o mejor dicho escoltan, la Agente 355, miembro del Culper Ring (grupo de espionaje creado en 1778 durante la ocupación británica de Nueva York, bajo las órdenes de George Washington) y la Doctora Allison Mann, biogenetista de ascendencia chino-japonesa encargada de averiguar cuál ha sido el origen de la plaga, el por qué de la supervivencia de nuestros dos protagonistas y de la búsqueda de una solución que garantice la continuidad de la especie.

CIBASS Yorick Brown, el último hombre

Éste es el escenario que sirve a Brian K. Vaughan para mostrarnos un futuro, o mejor dicho, un presente distópico. Una sociedad eminentemente patriarcal en la que las mujeres han de dar un paso al frente para seguir adelante. Pero no por su falta de valía o inferioridad con respecto a los hombres. Es importante tener en cuenta que mayoritariamente los altos cargos, cuerpos de seguridad, transportistas, obreros cualificados… son puestos copados por hombres. Su ausencia, por tanto, supone un desastre, además del que se supone desde el punto de vista biológico, de intendencia y fomento.

Por tanto, lo que podría parecer un entorno idílico, el país de la piruleta, una especie de Casa de la Pradera permanente, dista bastante de serlo. Nos encontramos en un escenario post-apocalíptico digno de Mad Max ó 1997, Rescate en Nueva York. Un mundo inmerso en el caos, donde pronto corre la noticia de que existe un último hombre vivo.

Surgen así dos facciones de mujeres, de ideología completamente opuesta, que quieren hallar a Yorick. Una de ellas, la digamos más “gubernamental”, quiere encontrar al último hombre y hacerse con él para mantener la perpetuación de la especie y encontrarse en situación de superioridad con respecto al resto de naciones. Por otro lado, encontramos la figura encarnada en las “Hijas de la Amazona“, la variante más extremista que pretende encontrar al último hombre para acabar con él y finalizar de este modo, y de forma definitiva, con el yugo opresor masculino.
Sea como fuere, ambas opciones utilizan métodos expeditivos, su fin justifica sus medios, sobre todo cuando se trata de un interés tan preciado para el devenir de la Humanidad. Adaptando el discurso de Hobbes, la mujer sigue siendo una loba para la mujer. Y lejos de apartarse de las características negativas de la sociedad patriarcal que tanto desprecian, éstas permanecen y se ven incluso reforzadas.
Por otro lado, el viaje de nuestros protagonistas no es un viaje meramente geográfico. De nuevo, se trata de un viaje de madurez. Yorick, el último hombre, al inicio del mismo no es tal. Es un veinteañero con un complejo de Peter Pan, infantiloide, caprichoso e impulsivo, que con el paso del tiempo y de las circunstancias que les ocurren, poco a poco va adquiriendo el título que se le supone.

CIBASS Y, el último hombre editado por Vertigo

Y, el último hombre comenzó su publicación en Estados Unidos en septiembre de 2002 en, como no, el subsello de DC Comics, Vertigo. Este viaje a lo largo de 60 números y casi 6 años supone el avance hacia la madurez tanto del personaje protagonista como de Brian K. Vaughan como autor. Y menuda madurez. Sobre todo la del segundo.
La palabra en sí es hermosa. Viene de Cunina, la diosa romana que protege a los niños que duermen. Significa omnisciente, todopoderosa. Los hombres, claro, quisieron robarnos la magia antigua del coño, convirtiendo la palabra en tabú.

 

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