Doom Patrol: el viaje lisérgico de Grant Morrison (tercera parte)

Por Jesús López, @jelopesp

Viene de la segunda parte

Como sucedía en la etapa original de la Doom Patrol de Drake y Premiani, si raros son los protagonistas, aún más extraños son los villanos a los que se enfrentan. Morrison crea enemigos y recupera a otros de anteriores etapas, pero llevándolos al extremo de lo bizarro.

Por ejemplo, crea a Red Jack, un autoproclamado Dios, creador del Universo, al que castigaron haciéndole deambular eternamente por una prisión por mancillar la belleza de la nada perfecta. Cada 100 años, el camino orbitante de su deambular lo lleva al lugar de la casa que es nuestro mundo, en el siglo anterior en Whitechapel.
La Hermandad de Dadá es una especie de escisión de la Hermandad del Mal, liderada por el Sr. Marden, que pasó años en Paraguay oculto en casa del Dr. Bruckner, criminal de guerra encargado de experimentos psicológicos en campos de concentración,  la infausta “sala blanca” de Auschwitz. Consiguió transformarlo en un nuevo hombre, el espíritu del siglo XXI, el hombre abstracto, el hombre virtual, el hombre nocional, el Sr. Nadie. Recorrió el mundo reclutando a una nueva generación de marginados superpoderosos: Sonámbula, La Niebla, Frenesí, el Enigma y dando lugar a la Hermandad de Dadá. Dadá es un estado mental, se aplica a todo y no es nada,  es el punto en el que se encuentran el sí y el no y todos los contrarios. Dadá es inútil y no tiene pretensiones, como debería ser la vida. El objetivo de la Hermandad es romper la opresora monotonía de la vida, que cada instante fuese un evento y no un aburrimiento.

CIBASS La Patrulla Condenada de Grant Morrison

Los Hombres de N.A.D.I.E., liderados por Darren Jones, son agentes de normalidad. Deben erradicar excentricidades, anomalías y peculiaridades donde las encuentren. Su objetivo es un mundo libre de rarezas, un mundo normal donde la gente decente sepa qué hay al doblar la esquina y pueda planear su futuro con eficacia.
Ernest Franklin, el Cazador de Barbas, es una especie de Punisher en una solitaria cruzada contra el pelo facial, especialmente el de Niles Caulder tras ser contratado por el Club de Caballeros Barbudos de Metrópolis que estiman que el Jefe no es digno de lucir la noble barba.
El Sr. Evans es el primer Adversario, la escurridiza Serpiente del Génesis, la verdadera Serpiente del Edén y el Tentador del Hombre. Otros añaden que es la serpiente entendida como dadora de conocimiento. Habita en su onírica Biblioteca del Polvo. Una y otra vez ha intentado levantar las cadenas de la represión de los hombros de la Humanidad y una y otra vez le han rechazado. La vida “normal” determina que hombres, mujeres y niños inocentes estén aplastados por la represión, incapaces de expresar sus verdaderos deseos. Esa energía frustrada halla con el tiempo su salida en la forma perversa de la neurosis, la afección cardiaca o el cáncer. Para él, la vergüenza y la culpa no son más que síntomas de la enfermedad de la Humanidad.
Número Nada, también conocido como la Identidad Secreta, porque es el supervillano más escurridizo de todos. Todo el mundo y todas las cosas, en un momento u otro, son Número Nada. Es el enemigo, la persona con la que tropiezas cuando vas a perder el tren, la silla que se rompe al sentarse cuando intentabas causar buena impresión a los padres de tu novia, ese hombre que parece delgado pero a quién no puedes adelantar porque está ocupando toda la acera.

CIBASS Doom Patrol The Brotherhood of Dada
Con todos estos ingredientes, Morrison nos embarca en un viaje rumbo a lo desconocido, pocas veces visto en el cómic superheroico. Rompe las premisas de éste y lo enfoca desde un punto de vista más adulto. De este modo, Morrison nos lleva a Barcelona, haciéndonos un recorrido turístico por los edificios modernistas de la ciudad, obra de Gaudí, y dotando de gran protagonismo a la Sagrada Familia como arma contra la llegada del Apocalipsis. Morrison también nos lleva a Japón, Venecia, Alamogordo (lugar donde tuvieron lugar las primeras pruebas de la bomba atómica), los interiores del Pentágono, e incluso nos lleva de ruta por los Estados Unidos inmersos en una lisérgica campaña por lograr la Presidencia de la nación.

La Patrulla incluso viaja el espacio exterior al verse en medio de una guerra entre razas: la Ortodoxia de la Red Insecto, autodenominada la iglesia verdadera de la Jaula, y los Geománticos Ultraquistas, heterodoxos fundados por el apóstata Huss, que niegan la santidad de la comunión de feromonas.
Pero el viaje no sólo será físico. Es incluso psíquico. Morrison se atreve a introducirnos en la mente de Crazy Jane, donde sus 64 personalidades están agrupadas en forma de estación de metro, vigiladas por Conductor 8, que maneja el tren del pensamiento de la superheroina.
El viaje puede ser incluso histórico, de modo que Morrison nos lleva al 2 de julio de 1875 cuando Alexander Graham Bell, tras construir el teléfono, dijo sus primeras palabras: “¡Watson, ven aquí!¡Te necesito!“; o al lunes 19 de abril de 1943 cuando Albert Hofmann decide experimentar con la nueva droga en la que ha estado trabajando para el control de la migraña y bebe 250 microgramos de LSD-25 disuelto en agua.

El viaje es incluso pictórico. El cuadro que se comió París es un cuadro que posee el poder de devorar físicamente a aquellos que lo contemplan, obra de Piranesi, cuyo original fue destruido en 1814, poco después de la derrota de Napoleón. Años después, Max Bonderghast creó un duplicado usando técnicas chamanísticas. A través de este cuadro, Morrison nos traslada por diferentes movimientos artísticos de finales del siglo XIX y del siglo XX, como son el Fotorrealismo, Impresionismo, Futurismo, Surrealismo, Fauvismo o el Cubismo.

CIBASS Doom Patrol contra la hermandad Dadá

 

Morrison también nos lleva de viaje por la historia del cómic, de modo que Doom Patrol #53, “Los hombres le llaman héroe”, es un homenaje al cómic clásico de Stan Lee y Jack Kirby, con un estilo tanto en guión como en dibujo similar al de los padres de la Casa de las Ideas.

Pero sobre todo, el viaje por el que nos lleva Morrison es por la psique de los personajes. La figura del antihéroe. Porque sí, estamos acostumbrados a ver a los superhéroes como figuras a seguir, con cuerpos esculturales, gran inteligencia y astucia. Personajes de éxito en definitiva. Aquí cambia la historia. Es la ponzoña de la sociedad la que es su salvadora. Personajes a los que no nos gustaría tener cerca. Y Morrison nos transmite la angustia existencial asociada a saberse un marginado. Pero aún así, tener la capacidad de sobreponerse a las adversidades, permanecer unidos como grupo y salir a luchar contra el Apocalipsis. La Parada de los Monstruos de Tod Browning hecho cómic.

Debido a la madurez de sus historias y su cada vez mayor alejamiento del Universo DC más superheroico, Doom Patrol, a partir del número #60, a tres del final de etapa de Morrison, es enviada a Vertigo (que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar), siendo ésta una de las cabeceras fundadoras del subsello más alternativo de la compañía.

“Hay zonas en las que sólo la  Patrulla Condenada está cualificada para operar. Cuando caiga el mundo racional, sabrán lo que hacer. Porque han estado allí. Conocen la locura, el delirio, y no tienen miedo. El mundo les ha dado la espalda, pero deben dejar de ser víctimas, demostrar quién son y que les necesitan”.

Fin.


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