A veintiocho años del lanzamiento de ‘Reign in blood’

Por Jesús López, @jelopesp

En 1986, cuatro de los mejores hombres de la escena heavy americana que formaban Slayer, fueron encumbrados por el disco que habían perpetrado. No tardaron en atronar oídos por todos los rincones del mundo. Hoy, buscados todavía por los fans, sobreviven como soldados de Satán. Si tiene usted algún problema y si los encuentra, quizá pueda huir de ellos…

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Y es que corría el 7 de octubre de 1986 cuando Slayer (Tom Araya a la voz y bajo, Jeff Hanneman,  Kerry King a las guitarras y Dave Lombardo a la batería) saca a la luz Reign in blood, el DISCO que supone la definición y el cénit de uno de los estilos musicales más agresivos que existen, el thrash metal.

A mediados de los 80, la escena heavy americana gozaba de muy buena salud. Su auge y popularidad subían como la espuma. Grupos como Anthrax y su Among the Living, Exodus y su Bonded by Blood, Megadeth con Peace Sellsbut Who’s Buying? y Metallica con su Master of Puppets habían puesto en el mapa el thrash metal. Slayer ya gozaba de cierta fama dentro del mundillo gracias a los dos discos que había grabado con anterioridad, Show No Mercy y Hell Awaits.

El relativo éxito de este último hizo que alguien pusiese sus ojos sobre la banda: Rick Rubin.

El barbudo productor musical (y dueño de la discográfica Def Jam, así como numerosas veces ganador del Grammy, nombrado en 2007 por MTV como el productor más importante de los últimos 20 años e incluído en la lista de las 100 personas más influyentes de la revista Time) hasta entonces era conocido por su labor en el mundo del hip hop, llevando al éxito a grupos como Run DMC, LL Cool J o Beastie Boys. Este hecho hizo que Slayer tuvieran ciertas reticencias a colaborar con él y firmar con su discográfica. ¿Qué pintaba Slayer en un sello de hip hop? Además, todavía tenían contrato en vigor con Metal Blade Records.

La insistencia de Rubin obtuvo sus frutos y Slayer se convirtieron en el primer grupo heavy de Def Jam y Reign in Blood en la primera producción heavy de Rick.

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 *Jeff Hanneman, Rick Rubin, Dave Lombardo, Tom Araya y Kerry King

Esta frescura se nota en el disco. Rubin se aleja de las grabaciones toscas habituales del género y crea un sonido limpio, rápido, cuasi punk, pero de una precisión milimétrica. La banda se aleja de artificios, va directa al grano, pisa el acelerador, rebosa agresividad, y pare un álbum de 10 canciones en 29:03 minutos (lejos de la hora habitual del resto de discos de la época), a una media de 210 bpm, y que cabe en una cara de una cinta de cassette.

En cuanto a las letras, Slayer abandona en parte la temática satánica de Show No Mercy y Hell Awaits, pasando a temas más mundanos, como los asesinos en serie, la enfermedad, la muerte y la religión organizada. Pasan del Infierno de Satanás al infierno terrenal, de la humanidad, más espeluznante si cabe.

Es el tema de apertura del disco, Angel of Death, el que les pone en el candelero. Canción que una vez escuchas no puedes olvidar. Tras el grito gutural de Araya, empieza la pesadilla. “Auschwitz, the meaning of pain”. Poco más que decir. En ella se describen las atrocidades de Josef Mengele, el Ángel de la Muerte. Médico, antropólogo y oficial alemán de las SS en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial, célebre por seleccionar a las víctimas que iban a ser ejecutadas en las cámaras de gas y por sus experimentos acientíficos, y frecuentemente mortales, con prisioneros.

Siguiendo a esta canción, van cayendo, sin dar respiro alguno al oyente, y de forma fluída y natural, Piece by Piece, Necrophobic, Altar of Sacrifice, Jesus Saves, Criminally Insane, Reborn, Epidemic y Postmortem. Canciones todas de poco más de dos minutos, que te agarran por el cuello y te asfixian poco a poco hasta hacerte perder el sentido, para posteriormente volver a recuperar la consciencia gracias al atronador (literalmente) inicio de Raining Blood. El cielo se desgarra, caen lágrimas carmesí, y las puertas del Averno se abren ante nuestros ojos. Ya no hay vuelta atrás. Estás atrapado. Slayer ha conseguido su objetivo: el Reinado sangriento.

No tardaron en llegar las acusaciones de racismo y pro-nazismo como consecuencia de Angel of Death, lo que unido al resto de letras y la portada del disco, diseñada por Larry Carroll, generó gran controversia. Fue tal, que incluso Columbia Records se negó a distribuir el álbum, cosa que sí hizo Geffen Records, aunque no apareció en su catálogo.

Es probable que toda esta controversia fuese la que hizo que el trabajo se convirtiera en un éxito, a pesar de la nula radiodifusión, convirtiéndose en el primer disco de la banda en entrar en el Billboard 200 (puesto 94) y llegando a conseguir el disco de oro en los Estados Unidos.

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Reign in Blood es el disco de thrash metal definitivo. La piedra angular de un género. La fusión de velocidad, precisión y agresividad perfecta. Y a pesar de tener casi 30 años, sigue sonando fresco, actual. La definición de CLÁSICO.

“We will see you in Hell.”

 

 

 


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