Criterio Personal, una causa de enriquecimento social e individual

El hombre y la mujer, en origen animales grupales, sociales, reunidos en manada, siempre han mantenido en ciertas partes de su conducta esas zonas de adaptación ambiental a las pautas y directrices recibidas  desde su tribu. Parte de esto es clave aún en el diseño de modas y tendencias, y por supuesto en el establecimiento de campañas de marketing: basta conocer cualquier campaña mínima por dentro para identificar a esos roles que servirán como ‘prescriptores’ e ‘influencers’. Serán ellos una especie de espejo activo en el que el resto tenderemos a mirarnos para intentar recrear su ejemplo, sus gustos y sus criterios. Como en el caso de la tribu, obedecemos las instrucciones del chamán, del jefe de la tribu o del gran guerrero de referencia, que son nuestros modelos sociales. De manera consciente e inconsciente, nos adaptamos al espíritu común, a los límites de una cultura que permea toda nuestra infraestructura social para influirnos y hacernos sentir lo que está bien o lo que está mal, lo que debe quedar dentro o fuera, lo tolerado y lo inasumible.

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 En términos generales, tendemos a actuar conforme a lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Supone esto la mayor limitación a la libertad y al desarrollo. La causa es el subconsciente que, informado por estímulos sociales, determina nuestra forma de ser, de pensar y de actuar, y nos genera un sentimiento de pertenencia a la “manada”.
Llegamos incluso a fingir para evitar un rechazo social, calificando de “normal” lo intolerable. Tratamos de justificar cada decisión con un razonamiento lógico pero, sin embargo, mientras más se profundiza en la mente humana, más se confirma que nuestras decisiones, actitudes y comportamientos están determinados por numerosos factores externos. No obstante, tenemos un “Criterio Personal”.

Cada uno de nosotros tiene un valor interior que nos posiciona frente a los demás, que nos permite actuar con seguridad y confianza. Somos conscientes de ello y estamos en la obligación y reponsabilidad de evidenciarlo. La cuestión es: ¿por qué no lo hacemos?

La respuesta la podría tener Michael Sandel (1953 – filósofo estadounidense y catedrático de la Universidad de Harvard), uno de los máximos analistas del comportamiento social actual y cuyas lecciones se han convertido en las de más alta matrícula de la historia de la Universidad de Harvard, con más de 14.000 cursantes.

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Para Sandel, el subconsciente juega un papel determinante en nuestra forma de razonar y de tomar decisiones. Los estímulos sociales son tremendamente fuertes y la manada arrastra.

Analizamos, pensamos, pero no manifestamos. El miedo social nos limita.
Sin embargo, y por encima de cualquier condicionamiento social, de cualquier estímulo, todos tenemos un opinión, una idea, una crítica, la capacidad de valorar y de generar confianza propia y ajena.

Por eso es tan importante tener claro quien es uno mismo, saber cuidar las prioridades y las necesidades individuales, potenciar la valía personal, ser flexibles frente a los demás y hacerse respetar, bieninterpretar, tratar de buscar lo que enriquece y ceder cuando corresponda, porque estar siempre disponible no es ningún valor.
Siendo tú mismo no engañas a nadie, pero sobre todo, no te engañas a ti mismo. Un criterio personal que difiere al impuesto por la manada no tiene por que ser equívoco, de hecho, puede ser el correcto.

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La esencia de toda sociedad avanzada, de toda persona desarrollada, radica en el talento, en el criterio personal, en la diversidad, cuna del éxito.

El avance social nunca ha dejado de ser un avance individual.

 
Carlos Ríos León


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